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entre clicks y encendidos

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Reforma. El Senado aprobó un proyecto que difícilmente tenga el mismo destino en Diputados. | cedoc

Eduardo Duhalde sugirió la posibilidad de una ruptura institucional. Días después, en una entrevista televisiva, atribuyó tal predicción a su “desenganche” pasajero con la realidad. Marx escribió que lo que fue tragedia regresa como farsa. Aunque, en este caso, el golpe no volvería ni siquiera como farsa, sino como rumor sobre una imaginaria repetición del pasado. Hay que cuidarse de esas salidas intempestivas. Bastante tenemos con reformas que pueden esperar un momento más apropiado, y carencias que ya no soportan más tiempo de espera.

Segundas vueltas. El Senado aprobó el proyecto de reforma judicial que difícilmente tenga el mismo destino en la Cámara de Diputados. ¿A quién le importa? Cristina dijo que la “verdadera reforma judicial” no es la que el Senado votó el jueves. La cláusula Parrilli, que habría convertido a los medios en posibles acusados ante un juez, no le gustó ni a Cristina y, en consecuencia, Parrilli la tachó.

Pero volvió el debate sobre los límites que habría que poner a la asociación de medios tecnológicamente distintos, como el papel y la web. Prefiero una constelación de medios independientes a una gran corporación de noticias sobre diferentes plataformas, que opere en un mismo mercado. En los países cuya legislación parece buena en este rubro, como Estados Unidos, los diarios no son propietarios de medios audiovisuales en la misma localidad geográfica.

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Cuando no hay otra cosa que decir, salen a decir lo mismo: es fundamental que nos mantengamos unidos

De todas formas, hay que reconocer cambios difícilmente reversibles. Envejecieron las disposiciones legales, porque lo que hace diez años solo podía lograrse resolviendo dificultades técnicas, hoy le resulta sencillo a quien se proponga leer las noticias y pasar de una fuente a otra. Lo que pueden muy pocos es tener seguridad sobre las noticias mismas, su modo de producción, de selección, de presentación de los hechos. Son los medios los que manejan esa sintaxis decisiva.

Los usuarios producen fusiones y contrastes de mensajes mediáticos. Mezclan diarios, páginas web, blogs, redes sociales. Y cuando los diarios sobre papel reivindican su derecho a participar bajo otras formas tecnológicas, siguen una tendencia que los usuarios gobiernan desde sus teclados, en sus casas. No agrego que por eso estén mejor informados. Cada vez que hablo con desconocidos, me ofrecen un plato lleno de datos contradictorios que vienen de medios diferentes, pero ya no recuerdan cuáles, ni pueden contar algún detalle importante de su contenido, excepto adjetivos, entre los que hoy prevalece “chorra”.

Se lee lo que los diarios cuelgan en su versión web. Las noticias más interesantes son interrumpidas por avisos (más intrusivos que sobre papel) e inserts de televisión, tomados de los canales que manejan esos diarios. Nadie renuncia a ningún medio aunque, desde el punto de vista de la organización de lo informado, no haya pruebas de que la información sea más completa.

Una lectora o lector, que comienza su día con un diario sobre papel y lo controla con las páginas web de otros diarios, vive en un tiempo fluido de “últimas” noticias disfrazadas de indispensables actualizaciones que traerían la verdad caliente del minuto. Hoy esa es nuestra forma de acceder a la información y parece difícil que se retroceda a épocas pretéritas, donde lo publicado por un diario tenía una duración superior a las diez horas, tiempo que podía ser eventualmente utilizado para pensar, discutir y juzgar lo leído o escuchado. Las redes aumentan el desorden de este pandemónium, palabra usada por un gran poeta para designar “la capital del Infierno, donde está Satán con sus colegas”.  

Como sea, no se puede volver al pasado. Nuestro régimen de información es ese. Conviene a los lectores y es muy probable que también convenga a los empresarios de los medios, porque la carrera por el tiempo de atención del respetable público es la carrera por el sostenimiento económico y las ganancias de diarios, televisión y plataformas.  No se compite por compradores sino por clicks y encendidos.

Si, a pesar de la proliferación de medios, todo parece incomprensible, los usuarios pueden entretenerse contestando la encuesta que, a partir del jueves, se distribuye desde la casilla de Patricia Bullrich. Su tema son los valores y las ideas que representan al PRO. Iniciativa astuta, porque a todos nos gusta responder encuestas con la ilusión de sentirnos representados por algún porcentaje. En ausencia de los partidos políticos, las encuestas pueden ser una forma de identificarnos. ¿Cómo saliste en la última investigación de mercado?

Sketches y bocadillos. Parece una broma, pero hay sketches que recuerdan el viejo teatro de variedades. El ex presidente Macri desmiente al actual presidente Fernández, que habría atribuido al ex presidente Macri la frase lapidaria “que se mueran todos los argentinos que se tengan que morir”. Afirmaba, con su característica tosquedad oratoria, la preferencia por una cuarentena light. Macri negó ser el autor de esa frase, pero no liquidó la sospecha de que la pronunció. De todos modos, Fernández decretó la cuarentena y Macri la apoyó en Twitter a comienzos de abril. La diferencia reside en la brutalidad de la expresión que se le adjudica.

En ausencia de los partidos políticos, las encuestas pueden ser una forma de identificarnos

Con detalles de este calibre nos entretuvimos varios meses. Miguel Pesce, presidente del Banco Central, caracterizó bien el teatro donde nos entretenemos. Dijo: “El nivel de pobreza y desigualdad que tiene la Argentina es difícil de soportar en un país democrático”.

Sin embargo, persisten los intercambios ridículos. Y, naturalmente, todos salen a decir lo mismo: es fundamental que nos mantengamos unidos. También los dirigentes de otros países claman por la unidad. Es el discurso que se pronuncia cuando no se tiene otra cosa que decir y el fuerte del político que habla no es la oratoria, como le sucede al candidato demócrata Joe Biden, que llamó a la unidad frente a la convención de su partido. Pero, así como están las cosas, diarios importantes hacen título de toda la página con “escala la confrontación entre el gobierno y la oposición”. ¿Cuál es la materia de la noticia a cuatro columnas? Los desmentidos de lo que dice uno que le dijo el otro. ¿Realmente una noticia? Los diarios deberían pasarlo por alto: cero columna, cero título en negrita. Página 12 subraya una declaración de Alberto Fernández: “Tengo la tranquilidad de decir en público lo que digo en privado, en cada reunión”. Cualquiera que sepa algo de política sabe que esa bella frase es de cumplimiento imposible.

Del mismo modo, un político experimentado debería saber que una manifestación como la del 17 de agosto, donde los partidos estuvieron organizativamente ausentes, presenta, como lo dijo despreciativamente Alberto Fernández, demandas “desarticuladas” y “poco consistentes”. Estuve en esa manifestación y, en efecto, las demandas no se articularon sino con las palabras justicia y chorra. No había carteles preparados para sostenerlas, excepto de factura casera. Faltaron las juventudes partidarias. Predominaba gente de mediana edad y más. Fernández, tiene usted razón, porque las cosas se mostraban desarticuladas. Dé gracias a dios.

Afortunadamente no es el único tema que leemos. El gran tema es la reforma judicial o las trapisondas que el gobierno intenta llevar a cabo, para que Cristina no sea incomodada con un juicio. En realidad, se busca la renuncia o la remoción del procurador general o jefe de los fiscales. El kirchnerismo es especialista en este tipo de descabezamiento, ya que lo logró con uno de los juristas más respetados de la Argentina y de otros países de América, como lo fue Esteban Righi, cuya cabeza rodó cuando a Boudou se le dio la gana de sentirse impoluto y nadie en el gobierno defendió a Righi. Ahora le toca el turno a otro procurador para volar por los aires. Casal debe irse para dejar la oficina al juez Daniel Rafecas.

Todavía no se sabe quién sucederá a Rafecas. El cargo, cuya importancia me explicó Righi durante una larga conversación anterior a su renuncia, se ha vuelto inestable. Si seguimos así, el nombramiento podría ser semestral y santas pascuas.