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COLUMNISTAS / Pasado y presente
domingo 2 diciembre, 2018

Una nueva sociedad

Mauricio Macri presidió una reunión en la que los otros mandatarios le demostraron su respeto, fue un gran paso para instalar a la Argentina en el mundo y para instalar al mundo en la mente de los argentinos. Hay algo más allá de la discusión obsoleta acerca del socialismo del siglo XXI.

por Jaime Duran Barba

Contraste. En el encuentro se ventilaron diferencias entre líderes de países que, así, evitan ir a la guerra. En la protesta marcharon movimientos populares a los que no apoya el pueblo, o Partidos Obreros que no representan a los obreros. Foto: 201812011365_columnas_AP18334589450644

Algunos líderes y grupos políticos se anclaron en una visión provinciana del pasado, intoxicados por ideologías, y perdieron contacto con la realidad. Ideas que tuvieron sentido en otro tiempo, lucen completamente obsoletas y sin sentido. Su distancia con la gente que vive en la realidad, se agiganta día a día.

Grupos de la antigua izquierda protestaron por la reunión del G20 en Buenos Aires, a la que asistieron todos los países importantes del mundo para dialogar buscando acuerdos. Felizmente estos países discuten, discrepan, pero evitan la guerra. La reunión fue un escenario que nos mostró cuán variado y contradictorio es el mundo en el que vivimos, que desde una perspectiva parroquiana, parece reducirse a la contradicción entre algunos piratas del Caribe y el resto de la humanidad.

Para los asistentes al G20 el marxismo-madurismo no tiene ninguna importancia, mientras que para quienes se manifestaban en contra de la reunión es un modelo para combatir la pobreza más eficiente que el implementado por el Partido Comunista más grande del mundo, que sacó de esa condición a más de 800 millones de personas en China.

Marcharon para rechazar el encuentro movimientos populares a los que nunca respalda el pueblo, Partidos Obreros que viven en un país en el que los obreros son masivamente peronistas, movimientos piqueteros cuya oferta política consiste en cortar calles por cualquier pretexto. Pocos días atrás, Cristina Fernández asistió a una contracumbre que hizo un homenaje a la Revolución cubana con el respaldo del G3 de las dictaduras militares caribeñas. Viven en una realidad que pudimos compartir en su momento, pero caducó hace décadas.

Otro mundo. Existe en otro lado un mundo al que Argentina se integra con gran protagonismo. Los países que se reunieron este fin de semana en Buenos Aires representan a más del 80% de la población y de la producción del planeta, son diversos, enormes, enfrentan problemas que son decisivos para el futuro de la humanidad. Tienen enormes discrepancias, intereses encontrados, visiones de la realidad incompatibles entre sí, pero el hecho de que dialoguen es en sí mismo algo de enorme importancia.

Un maestro jesuita nos decía en la universidad que eso de tener las cosas muy claras es propio de los tontitos y cuando se tiene la oportunidad de seguir al G20 se puede constatar que nada está claro. Viendo a los líderes del mundo se pueden apreciar las contradicciones que ocultan los relatos políticos infantiles de los militantes. La realidad tiene colores, no está en blanco y negro. Llama la atención la camaradería entre Putin y Mohammad bin Salman a pesar de que Rusia apoya al gobierno alauita en Siria y Arabia Saudita lucha con sus tropas por la democracia, aliada a Estados Unidos. Es confusa la relación de los líderes y el concepto de democracia wahabita.

Guerra fría. Necesitamos superar la visión maniquea propia de la Guerra Fría, que analizaba todo con alternativas como izquierda y derecha, totalitarismo y democracia. Necesitamos conceptos más complejos para analizar una realidad diversa, que evoluciona a gran velocidad en direcciones desconcertantes. Cuando Estados Unidos invadió Irak algunos norteamericanos creyeron que los iraquíes saldrían a las calles para agradecer a las tropas invasoras por traer la democracia y librarlos de la dictadura de Hussein. Lo único que pasó es que todos los habitantes del país resistieron como pudieron a la  agresión, se generó el Califato Islámico y se impuso un gobierno títere que volará en pedazos en cuanto termine la ocupación, como voló la familia de Ngo Dinh Diem en Vietnam.

Viendo a los líderes del mundo se pueden apreciar las contradicciones que ocultan los relatos políticos infantiles de los militantes

Los occidentales han fracasado en su intento de imponer su democracia en los países islámicos porque no entendieron que su cultura es distinta, suponen que sus valores son universales, pero esto no es así. La democracia implantada por Ataturk se desmorona porque la mayoría de turcos quiere un régimen confesional, restrictivo e las libertades, como el que propicia Recep Tayyip Erdogan que también estuvo en el G20. ¿Es democrático obligar a que se mantenga un régimen que la mayoría rechaza? La muerte del periodista Jamal Khashoggi y la presencia del príncipe heredero saudita Mohammad bin Salman en la cumbre produjeron indignación en los medios intelectuales de Occidente, en buena parte porque desconocen que en Arabia Saudita se ejecuta al menos a una persona por sus preferencias sexuales o religiosas cada dos días. El asesinato de Khashoggi no altera la cotidianidad de la vida de ese reino. No se puede comprender desde Occidente la política de los países árabes sin comprender la cultura islámica y en este caso concreto la teología wahabita.

China. Otro tanto pasa con China. Los estudiosos de la ciencia política de ese país  distinguen entre democracia y libertad, cosa difícil de entender para los intelectuales occidentales que son ajenos a la filosofía confucionista. Desde su punto de vista, en China existe una democracia controlada que no permite los desmanes de la libertad. En el país existen tres cargos que concentran el máximo poder en tres áreas: el presidente de la Republica Popular China es el jefe de Estado, el poder político está en manos del Partido Comunista, cuyo líder es el secretario general, y el Ejército está bajo el mando del presidente de la Comisión Militar Central. Desde hace años los tres cargos recaen en manos de una misma persona para evitar luchas por el poder como las que ocurrieron en tiempo del presidente Mao. La idea de separación de poderes común en Occidente no tiene ninguna cabida.

El Partido Comunista de China es una de las mayores organizaciones políticas del mundo, cuenta con más de 71 millones de miembros. Lo dirige el Comité Central de 300 integrantes, que a su vez designa un Buró Político de 25 miembros, que designa a los siete titulares del Comité Permanente del Buró Político que son los hombres más poderosos del país.

Al presidente lo elige la Asamblea Popular Nacional, integrada por diputados elegidos por Asambleas Populares que representan a provincias, regiones autónomas y municipalidades, cuyos miembros son elegidos por Asambleas de grado inferior, cosa que se reproduce hasta llegar al escalón más bajo de las Asambleas Populares locales a las que eligen directamente los ciudadanos. Es entonces una democracia indirecta, piramidal, en la que el poder se genera desde la base, pero tamizado por una serie de filtros.

China vive un desarrollo tecnológico y científico que no conoce los límites que imponen a otros países sus tradiciones y religiones. Dos días antes de que se instale el G20 el investigador He Jiankui afirmó que habían nacidos dos bebés modificados genéticamente. La impresión 3D ha dado pasos agigantados. El control de los habitantes al que ha llegado el país plantea temas de fondo. Hemos tenido un rico intercambio de ideas con Iván Petrella al respecto. El tema de China y el Gran Hermano está llevando al replanteo de algunas ideas que se daban por sentado en la ciencia política.

China es una democracia indirecta, piramidal, en la que el poder se genera desde la base, pero tamizado por una serie de filtros

Desde el pensamiento occidental se pensó que la apertura económica de estados como China y Vietnam llevaría al crecimiento de la clase media y generaría demandas de mayor libertad política, que podían culminar en procesos democráticos a la occidental. Actualmente la realidad dice que eso no es necesariamente cierto. La inteligencia artificial ha puesto en manos de estos gobiernos cantidades inauditas de información sobre las preferencias y las costumbres de sus ciudadanos, que sumadas a tecnologías de reconocimiento facial cada vez más sofisticadas, permite a gobiernos no democráticos liberalizar la economía, manteniendo un control político férreo sobre las demandas políticas democráticas. Algunos analistas plantean que la próxima puja geopolítica podría darse entre democracias liberales y “autoritarismos digitales”, un concepto nuevo. Dentro de nuestras propias sociedades está pendiente la discusión sobre el control de la información.

Cumbre. La cita del G20 permitió que se vea a personajes tan importantes del mundo como Narendra Modi, primer ministro de la India, líder del segundo país más poblado del mundo, que decidió presidir una reunión masiva de argentinos que querían meditar. El mandatario indio, coherente con su ideología y prácticas de meditación, hizo un llamado a la paz en el mundo e hizo gala de una sencillez que llamó la atención.

Asistió también el primer ministro de Japón Shinzo Abe, acompañado de su esposa Akie Abe. El primer ministro es hijo de una familia de tradición política, se graduó en Ciencias Políticas en Japón y Estados Unidos y pertenece a la clase política japonesa, una de las más sofisticadas del mundo. Su presencia fue un acontecimiento.

Mauricio Macri presidió una reunión en la que los otros mandatarios le demostraron su respeto, fue un gran paso para instalar a la Argentina en el mundo y sobre todo para instalar al mundo en la mente de los argentinos. Hay algo más allá de la discusión obsoleta acerca del socialismo del siglo XXI.

 

(*) Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.


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