ECONOMIA
EMPRESARIOS COMPLICADOS

En el Día de la Industria, 4 de cada 10 máquinas están paradas: la estrategia de las empresas que "sobreviven" la coyuntura

La industria manufacturera llega al 2 de septiembre con caída de la actividad, pérdida de empleo y una utilización de la capacidad instalada de apenas 59,1%. Crecen con fuerza las importaciones de bienes de consumo y los empresarios trabajan para "reinventarse".

Alerta en la industria por la capacidad instalada.
Alerta en la industria por la capacidad instalada. | reperfilar.

Los empresarios llegan a un nuevo Día de la Industria con una postal que sintetiza buena parte de las dificultades que atraviesa el sector: cuatro de cada diez máquinas están sin utilizar.

En junio, la utilización de la capacidad instalada industrial se ubicó en 59,1%, un nivel que refleja el bajo aprovechamiento del aparato productivo. Los datos corresponden a los publicados por el INDEC el 18 de agosto pasado, y dan cuenta de una levísima mejora respecto del mismo mes de 2025, que fue de 58,9%. Sin embargo, se encuentra 9,5 puntos porcentuales por debajo del registrado en junio de 2023, tal como señala un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

Para sumar presión, el dato se combina con una caída de la actividad manufacturera, pérdida de puestos de trabajo y una fuerte expansión de las importaciones de bienes de consumo, que incrementan la competencia para la producción local.

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En ese escenario, el debate empresario ha comenzado a desplazarse desde la coyuntura hacia una pregunta más estructural: cómo puede competir la industria argentina en una economía más abierta, con márgenes ajustados y una transformación tecnológica acelerada.

Menor actividad y capacidad ociosa

La industria manufacturera representa alrededor del 18% del PBI, genera unos 2,5 millones de empleos directos y concentra aproximadamente la mitad de la inversión empresarial en investigación y desarrollo. Sin embargo, los principales indicadores exhiben una trayectoria descendente.

Durante los primeros seis meses de 2026, la actividad industrial acumuló una caída interanual de 1,9%, mientras que el Índice de Producción Industrial manufacturero mostró una contracción de 2,2% frente al mismo período del año pasado.

En la comparación con el promedio comprendido entre enero de 2022 y noviembre de 2023, CEPA calcula que el nivel de actividad industrial es actualmente 8,1% inferior, mientras que la producción manufacturera se encuentra 10,2% por debajo.

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La menor utilización de las plantas productivas atraviesa prácticamente a todo el sector. Con excepción de refinación de petróleo, que registró una mejora de 5,2%, y alimentos y bebidas, con un incremento marginal de 0,3%, el resto de las ramas disminuyó el uso de su capacidad instalada frente a junio de 2023.

Los retrocesos más pronunciados aparecen en la metalmecánica, excluida la industria automotriz, con una caída de 30,9%, y en productos minerales no metálicos, donde el descenso llegó al 30,4%.

Los análisis de distintas consultoras dan cuenta que el deterioro de la producción también se refleja en el mercado laboral.

Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, de acuerdo con CEPA, se perdieron 97.312 puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales, una contracción del 8%.

En el mismo período dejaron de registrarse alrededor de 4.020 empresas manufactureras, también una caída cercana al 8%.

Otros indicadores sectoriales muestran una tendencia similar. En abril permanecían 46.005 empresas industriales empleadoras, mientras que el empleo industrial registrado descendió hasta aproximadamente 1,13 millones de trabajadores, uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo relevados por el Centro de Estudios de la UIA.

La situación se inserta en un problema de más largo plazo: la Argentina alcanzó su máximo número de empresas empleadoras en 2013 y, desde entonces, perdió más de 55.000 firmas.

Y mientras la producción local pierde dinamismo, las importaciones destinadas directamente al consumo muestran un fuerte crecimiento.

En el primer semestre de 2026 ingresaron bienes de consumo por US$ 5.362 millones, el mayor monto para una primera mitad de año desde que existen registros comparables.

Si se consideran los últimos doce meses, las compras externas alcanzaron US$ 11.496 millones.

El incremento se concentra en sectores que compiten directamente con numerosos fabricantes locales. Frente al primer semestre de 2023, las importaciones de electrodomésticos, baterías y lámparas aumentaron 109,2%; las de prendas de vestir, 86,3%; y las de motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte, 67,6%.

Las compras externas de productos alimenticios crecieron 51,9% y las de productos farmacéuticos, 27%. Estos cinco rubros explicaron en conjunto cerca del 45,5% de todas las importaciones de bienes finales realizadas durante los primeros seis meses del año.

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Desde CEPA vinculan el fenómeno con la reducción de aranceles, la eliminación de licencias automáticas y no automáticas y otras modificaciones introducidas en la política comercial durante los últimos años.

Un año con más competencia y márgenes más chicos

La radiografía que muestran los indicadores también se percibe puertas adentro de las empresas.

Leandro Schvartzer, director y fundador de Empresarios con Impacto, una comunidad que reúne a más de 500 dueños de pymes de distintas regiones y sectores, describe un año particularmente exigente para buena parte del entramado empresario.

“Si bien es cierto que en el mundo PyME hay una gran diversidad de situaciones, en general es un año restrictivo, mucho más competitivo, más difícil de poder destacarse y generar grandes márgenes. Los dueños están preocupados, están trabajando muchas horas y logrando resultados más chicos o similares a los años anteriores”, señaló.

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Pero el mapa no es homogéneo. Schvartzer advierte que existen compañías que encuentran oportunidades aun dentro de este contexto y que, en esos casos, aparece otro desafío: cómo administrar el crecimiento.

“También están las empresas que, en este mercado, les va bien y tienen oportunidades de ir hacia adelante. Ahí los desafíos se basan en cómo ese miedo a crecer los obliga a encontrar la metodología para no estrellarse”, explicó.

Para el empresario, profesionalizar equipos y procesos, capacitar a quienes conducen las compañías, delegar y construir redes con otros dueños de empresas empiezan a convertirse en herramientas tan relevantes como la propia inversión productiva.

Pymes que buscan cómo reaccionar

La necesidad de adaptación aparece en distintos sectores. Ariel Cataldo, presidente de BDK Design, una empresa vinculada a una industria metalúrgica que atraviesa un escenario de bajo nivel de actividad, explicó que la respuesta fue revisar el modelo de producción.

“Tenía dos caminos: quedarme como estaba haciendo lo mismo, o querer ser competitivo y pensar cómo puedo defender, desde mi lado, mi industria nacional”, aseguró.

La estrategia incluyó reducir costos sin resignar calidad, invertir en tecnología, ampliar maquinaria y espacio productivo y optimizar el diseño de los productos para fabricar en menos tiempo.

El planteo coincide con una de las principales preocupaciones que atraviesa al sector: con una mayor competencia importada, mejorar productividad dejó de ser sólo una posibilidad para transformarse, en muchos casos, en una condición para sostener el negocio.

Otro ejemplo aparece en Quality Clean-New Zen. Su gerente general, Fernando Mollo, cuenta que la empresa decidió utilizar la capacidad que tenía disponible para buscar un nuevo mercado en lugar de realizar grandes desembolsos en infraestructura.

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“Empezamos a evaluar cuál era la capacidad ociosa que teníamos y decidimos, sin hacer grandes inversiones en infraestructura, lanzar una nueva línea para un público diferente, con un canal de comercialización distinto. Nos dimos cuenta que, si queríamos crecer, teníamos que hacer algo distinto”, explicó.

Según la compañía, esa estrategia permitió incrementar la facturación un 12% en apenas 30 días.

El caso vuelve particularmente concreto el problema que muestran las estadísticas nacionales: frente a plantas que operan por debajo de su potencial, algunas empresas intentan encontrar nuevos productos y mercados para aprovechar la estructura ya instalada.

“Producir más ya no alcanza”

Para Emiliano Bonfiglio, CEO de Anclaflex, el nuevo escenario obliga a las compañías a revisar en profundidad cómo producen, cómo administran sus costos y de qué manera compiten.

Producir más ya no alcanza. El desafío ahora es hacerlo mejor, con mayor productividad y principalmente sin resignar calidad”, sostuvo.

Para Bonfiglio, la competitividad debe construirse en buena medida dentro de las propias compañías, a partir de la profesionalización, la incorporación de tecnología, la automatización y la inversión en investigación y desarrollo.

El ejecutivo reconoce que la mayor competencia internacional agrega presión sobre las empresas locales, pero considera que también obliga a elevar los estándares.

“Medirse con productos y compañías de otros países obliga a revisar nuestros propios estándares de calidad, precio, productividad y eficiencia”, señaló.

En ese sentido, advirtió que competir no debería ser sinónimo de reducir costos indiscriminadamente.

Competir no debería significar producir más barato a cualquier costo. Debería significar producir mejor: con eficiencia, innovación, calidad y una mirada de largo plazo”, afirmó.

Del empresario aislado al trabajo en red

El contexto también está modificando la forma en la que algunos dueños de pymes gestionan sus compañías.

Fernando Corna, socio de Acquatech, encontró en la profesionalización y en el intercambio con otros empresarios una herramienta para afrontar un mercado en el que resulta más difícil conservar clientes y sostener los márgenes.

“Estar en comunidad te permite ver que todos tenemos problemas y dejar de sufrir por pensar que sos el único que los tiene. Como empresarios PyMEs tenemos que aprender a invertir plata y tiempo en nosotros”, afirmó.

Schvartzer también coloca esta transformación entre los cambios necesarios para atravesar el escenario actual.

Producir en el país siempre fue un deporte de riesgo, pero la salida actual de las PyMEs es en red. El verdadero impacto ya no se mide en metros cuadrados de planta, sino en la capacidad de conectarse, usar tecnología y delegar procesos para escalar”, sostuvo.

La mirada incorpora un factor menos habitual en la discusión industrial: además de financiamiento, costos y tecnología, las empresas enfrentan el desafío de profesionalizar a quienes toman las decisiones y reducir la dependencia absoluta del dueño para funcionar y crecer.

Tecnología e innovación, el otro frente de competencia

La transformación tecnológica suma un desafío adicional.

Para Valerio Adrián Anacleto, fundador de Epidata, la incorporación de software dejó de ser un complemento para convertirse en una parte central del producto industrial.

“No queda prácticamente ninguna industria en el mundo que pueda sobresalir sin desarrollo de software dentro del producto y del proceso. El auto es el commodity y el diferencial es el software”, sostuvo.

Los ejemplos se multiplican en sectores muy diferentes. Una cosechadora moderna genera grandes cantidades de datos sobre rendimiento, humedad del grano, consumo y características del suelo. Los vehículos incorporan cada vez más software y los electrodomésticos integran sistemas capaces de automatizar funciones y procesar información.

Para Anacleto, la irrupción de la inteligencia artificial profundizará esa transformación.

Inteligencia Artificial: esta vez sí

“La inteligencia artificial no viene a hacernos un 5% más performantes, sino que viene a replantear modelos productivos enteros, cadenas de valor, diseño de producto y relación con el cliente”, afirmó.

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El riesgo, advierte, es interpretar el cambio tecnológico simplemente como una herramienta para obtener pequeñas ganancias de eficiencia.

Quien lo lea como una mejora incremental va a competir contra alguien que lo leyó como un cambio de escala y paradigma”, señaló.

Sólo 27% de las industrias utiliza inteligencia artificial

El margen para avanzar en ese terreno todavía es amplio.

Un diagnóstico elaborado por la UIA y Accenture durante 2026 indicó que apenas 27% de las empresas industriales argentinas utiliza inteligencia artificial para mejorar procesos o apoyar la toma de decisiones.

Al mismo tiempo, se estima que la IA podría transformar alrededor del 34% de las horas de trabajo de la manufactura argentina y aportar hasta 1,2 puntos porcentuales adicionales de productividad por año.

Para las pequeñas y medianas empresas, sin embargo, incorporar esas herramientas presenta dificultades adicionales debido al costo y la escasez de perfiles especializados.

Anacleto plantea como alternativa el denominado “outsourcing de innovación”, que permite incorporar capacidades en inteligencia artificial, ingeniería de datos, automatización, ciberseguridad e integración tecnológica sin necesidad de desarrollar todos esos equipos dentro de una compañía.

“No se trata de tercerizar tareas para pagar menos usando IA. No es tercerizar el trabajo. Es tercerizar el riesgo de llegar tarde”, explicó.

Según el empresario, para una pyme industrial con costo financiero alto y márgenes estrechos, este tipo de herramientas puede convertirse en una de las vías para acceder rápidamente a tecnología especializada.

El desafío de volver a ganar productividad

El Día de la Industria encuentra así al sector atravesado por varias discusiones simultáneas. La primera es inmediata: cómo recuperar producción, empleo y utilización de capacidad instalada frente al crecimiento de las importaciones y una demanda interna que todavía muestra dificultades.

La segunda pasa por cómo administrar empresas en un mercado más competitivo, con menores márgenes, sin abandonar las inversiones necesarias para sostenerse y crecer.

Y la tercera es de más largo plazo: cómo adaptar el entramado productivo argentino a un mundo en el que la competitividad depende cada vez más de la incorporación de software, automatización, inteligencia artificial e innovación.

Para Bonfiglio, aun en momentos complejos, las compañías no pueden abandonar las inversiones que les permitan mejorar sus procesos.

“Cuando una pyme deja de hacerlo, empieza a perder terreno mucho antes de que esa pérdida aparezca en sus resultados”, señaló.

Anacleto plantea una discusión similar, pero a escala nacional. Para el fundador de Epidata, la Argentina debería integrar definitivamente a la industria tradicional y a la economía del conocimiento dentro de una misma estrategia productiva.

Poner software e innovación al servicio de la industria, con el Estado priorizando qué cadenas de valor promover, nos convertiría en una potencia”, sostuvo.

Con cuatro de cada diez máquinas actualmente fuera de uso, el desafío de corto plazo pasa por volver a poner en marcha la capacidad productiva existente. Pero hacia adelante, la discusión también será cómo lograr que las empresas que sobreviven a un mercado más exigente puedan transformarse, ganar escala y competir sin resignar calidad ni inversión.

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