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INTERNACIONAL / Crisis y violencia
lunes 21 octubre, 2019

Estallido en Chile: siguen los incidentes, con 11 muertos y más de 2000 detenidos

Hay protestas masivas en Santiago y en otras ciudades. Los carabineros reprimieron con balazos y gases. Por qué un reclamo estudiantil se amplió a otros sectores.

Protestas en Santiago de Chile. Foto: AFP

Con al menos 11 personas muertos, un centenar de heridos y más de 2000 detenidos, el estallido social en Chile parece no tener fin. En una nueva jornada de protestas, este lunes, miles de personas coparon la céntrica plaza Italia de Santiago, en la mayor manifestación en este lugar desde el inicio de las protestas el viernes.

"Que se vayan los milicos", gritaban a coro los manifestantes, en abierto desafío a las fuerzas militares y policiales que resguardan en gran número el centro de la capital chilena, que oscila entre el toque de queda y los enfrentamientos entre la gente y los carabineros que, tal como mostraron las cámaras, disparan sin demasiado reparo a la multitud. 

Lo que inició como un reclamo contra el aumento en el boleto del subte, terminó en un estallido, con los manifestantes agotados de políticas económicas que, dicen, generan mayor desigualdad. La reacción del presidente, Sebastián Piñera, no calmó la situación: dijo que hay una "guerra". 

"Esto no para; esto no para hermano", afirmó una manifestante a la televisión local, cuando en un ambiente de gran tensión los chilenos abordaban el primer día laboral tras el estallido de las protestas, las más violentas desde el retorno a la democracia en 1990 con el fin de la dictadura de Augusto Pinochet.

Hasta el momento, "la cifra de fallecidos oficiales que tenemos que lamentar en estos últimos dos días es 11", dijo a los periodistas Karla Rubilar, intendenta (gobernadora) de la Región Metropolitana, según consignó la agencia AFP.

El ministro de Salud, Jaime Máñalich, informó de su lado que hay 239 civiles heridos -ocho de ellos en riesgo vital- al cabo de estos días de protestas.

El titular de la cartera de Interior, en tanto, dijo que 50 policías y soldados también resultaron heridos. La Fiscalía informó además de 2.151 detenidos en todo Chile.

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¿Por qué empezó la protesta?

"Esto comenzó el lunes pasado, cuando las coordinadoras de estudiantes secundarios, empezaron a tomar estaciones de metro de forma pacífica. Tenían mucho apoyo en la gente, al punto que cuando llegaba Carabineros la gente los defendía. El miércoles el Gobierno ordena introducir carabineros dentro de las estaciones para sacarlos de las estaciones. Pero el viernes ya no solo eran los estudiantes, la gente se sumó al reclamo, y comenzó la estampida social", describió a PERFIL el periodista Néstor Aburto, jefe de redacción de BioBio.

En este momento el gobierno chileno enfrenta dos escenarios. El primero tiene que ver con los hechos de violencia, que incluye saqueos y quema de estaciones de metro, al que relacionan con grupos anarquistas y a los denominados “desplazados”, que viven en los barrios más pobres de la ciudad. Por el otro, están las semandas sociales de la clase media que ya retiró su apoyo al presidente Sebsatián Piñera.

"Con miopía social, el Gobierno no sé da cuenta de esto. La clase media está movilizada, está saliendo a la calle y enfrentando a los militares. Lo que nos queda ahora es el Parlamento, que debería llamar a una mesa de diálogo para generar iniciativas para presentar al Ejecutivo, cuando Piñera ya se encuentra deslegitimado de forma total frente a la opinión pública", agregó Aburto.

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En el primer día hábil desde el estallido social, muchos empleadores suspendieron las jornadas de trabajo y las clases estaban paralizadas en prácticamente todos los colegios y universidades. Las autoridades calcularon en 20.000 los puestos de trabajo afectados por la destrucción y la bolsa de Comercio de Santiago caía en las primeras horas de operaciones más de 4%.

La falta del servicio de subterráneo -eje del transporte público, con unos tres millones de pasajeros por día-, era lo que más se extrañaba en esta ciudad de casi siete millones de habitantes, obligados a hacer largas filas para tomar autobuses o acceder a las pocas estaciones del ferrocarril metropolitano abiertas.

La estación La Moneda, a pocos metros de la casa de gobierno abrió sus puertas durante la mañana, permitiendo el ingreso de decenas de personas que esperaban impacientes poder tomar un tren. Varios soldados resguardaban los ingresos, constató un periodista de la AFP.

Si el detonante del conflicto fue el aumento de la tarifa de subterráneo, con el correr de las horas las protestas se hicieron eco de otras reivindicaciones en una sociedad que incuba desde hace años descontento con un modelo económico cuyo acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una alta desigualdad social, bajas pensiones y alza de los servicios básicos.

El gobierno ha condenado las protestas violentas y llamado a la calma pero el presidente Sebastián Piñera, que hasta hace pocos días se refería a su país como un "oasis" de tranquilidad, afirmó la noche del domingo que el país se encontraba "en guerra contra un enemigo poderoso".

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En el centro de Santiago se observa gran presencia militar y policial. Algunas tiendas -las más pequeñas- abrieron sus puertas, pero la mayoría de los supermercados y centros comerciales permanecían cerrados o abrían parcialmente.

En algunos supermercados, las personas hacían largas filas a la espera de que abrieran sus puertas para abastecerse de víveres. En las gasolineras se observaban también enormes colas de automóviles para cargar combustible.

La violencia de las protestas tiene a muchos perplejos, con miedo, aunque también expectantes de los cambios que se pueden venir tras el estallido.

"Se veía venir esto. El gobierno no ha hecho nada, no era solo el pasaje de metro lo que gatilló esto y terminó en vandalismo. Si el gobierno no hace cosas contundentes, medidas para mejorar los sueldos, la salud, las pensiones...", dijo a la AFP Carlos Lucero, de 30 años, vendedor de sándwiches en el céntrico paseo Ahumada.

Con dos noches consecutivas de toque de queda tras decretarse el estado de emergencia en varias ciudades de Chile y cuando cundían los saqueos y pillajes en todo el país, vecinos se organizaron para evitar ataques a sus hogares.

Armados con palos y con los chalecos amarillos que popularizaron manifestantes en Francia, defendieron sus casas pero también supermercados y tiendas de barrio que quedaron en pie y no fueron vandalizados.

"La idea fue organizarnos e identificarnos entre vecinos, por eso nos pusimos los chalecos amarillos. Hubo algunos intentos de robo en el sector", dijo Priscila, una vecina de la comuna de Macul (oriente de Santiago) al canal 24 horas.

Los vecinos, en alianza con fuerzas de orden, realizaron rondas de vigilancia junto a policías y militares que les permitieron salir a las calles pese al toque de queda.

MS/MC


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