El canciller Pablo Quirno tomó el micrófono ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) el 26 de mayo y dijo que el organismo corre el riesgo de volverse "irrelevante". Habló de "burocracias eternas", pidió por un multilateralismo que "rinda cuentas", y relanzó la candidatura de Rafael Grossi a la secretaría general, con una frase que resume el imaginario diplomático libertario: devolver la "brújula moral" al organismo surgido en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.
Convocado bajo la presidencia de China, Quirno participó del debate abierto en el órgano ejecutivo acompañado por una delegación que excluyó al embajador en Estados Unidos, Alec Oxenford, y a representante ante la ONU, Francisco Troppepi, cuyo pliego de ascenso a ministro de primera logró esquivar la interna interpartidaria por los ascensos de embajadores en Cancillería. En ese mismo viaje se reunió con sus pares de Indonesia y China, dos piezas clave en el tablero de la votación que se definirá durante el último trimestre del año.
La presencia de Quirno, en tanto, permitió seguir poniendo en circulación el nombre de Grossi, elegido como una de las 100 personas más influyentes por la revista TIME. "Su solvencia técnica y vocación de resultados representan exactamente el liderazgo que este tiempo exige", dijo Quirno, ante más de 100 delegaciones reunidas en Nueva York. Apeló, así, a la hoja de ruta que trazó el director de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde que comenzó a hablar en clave electoral: dejar "la torre de marfil", "ponerse las botas" y bajar al terreno, en un contexto de alta volatilidad y conflictividad global.
Sin embargo, el mismo Gobierno libertario que a fines de 2025 impulsó la campaña de Grossi, presentada en un evento del CARI que reunió a buena parte del círculo rojo, llega con un historial reciente de votaciones en la Asamblea General que incomoda a varios de los bloques clave que debería convencer para que el "Papa nuclear" argentino asuma el máximo cargo diplomático global cuando el portugués António Guterres deje el puesto a fin de año.
Votaciones de la Argentina libertaria en la ONU
Desde que asumió en diciembre de 2023, la política exterior del Gobierno de Javier Milei implementó el alineamiento con Estados Unidos e Israel y la batalla antiprogresista (woke, en inglés) como bases de su política exterior, un giro reflejado en votaciones donde quedó en minoría frente a la mayoría, rompiendo con la histórica neutralidad diplomática. En noviembre de 2024, Argentina fue el único país que votó en contra de una resolución impulsada por Bolivia y Ecuador, dos aliados en la Cuestión Malvinas, sobre prevención y eliminación de la violencia contra mujeres y niñas, que había cosechado 170 votos afirmativos.
En diciembre, la Asamblea General aprobó una resolución que exigía a Israel poner fin al bloqueo sobre Gaza y condenaba el uso del hambre como arma de guerra: Argentina votó en contra, junto con Estados Unidos, Israel y algunos países insulares del Pacífico. En septiembre de 2025, cuando Francia y Arabia Saudita impulsaron la "Declaración de Nueva York" para relanzar la solución de dos Estados, Argentina volvió a votar en contra, mientras 142 países la respaldaban.

Pero el capítulo más reciente y polémico llegó en marzo de 2026. La Asamblea General aprobó una resolución que califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como "el crimen de lesa humanidad más grave de la historia". La iniciativa, presentada por una coalición de 60 países africanos, caribeños y latinoamericanos, obtuvo 123 votos a favor, 52 abstenciones y solo tres rechazos: Argentina, Israel y Estados Unidos. Como señaló el propio representante argentino Troppepi al justificar el voto, el Gobierno consideró que la resolución tenía "muchas subjetividades" a las que no adhería. Los países africanos no lo leyeron igual.
A este cuadro se suman trascendidos sobre la cuota argentina ante la ONU. Según información del organismo, Argentina pagó la contribución correspondiente a 2025, pero aún no abonó la de 2026, algo que está dentro de los márgenes normales, según averiguó PERFIL de fuentes diplomáticas que conocen el proceso. Al 20 de mayo, solo 151 de los 193 Estados miembros habían pagado íntegramente sus cuotas; incluso potencias, como Japón, recién regularizaron ese día. PERFIL contactó a Cancillería para conocer su mirada sobre este tema, pero no obtuvo respuesta.
La posición de Grossi
Pero al historial de las votaciones, que enojaron a buena parte de los bloques de países africanos y árabes cuyos votos serán clave en la recta final, se suman otras acciones del Gobierno libertario contrarias al multilateralismo: el retiro Argentina del Pacto del Futuro y de la OMS.
El embajador Ricardo Lagorio, uno de los diplomáticos argentinos más experimentados en el sistema de Naciones Unidas, evaluó el impacto del giro en política exterior argentina sobre las chances de Grossi. "No ayuda, pero no creo que lo saque de carrera", dijo el exrepresentante argentino ante la ONU.
La candidatura de Grossi, agrega, "pasa por otro carril". "Grossi tiene suficiente autonomía. Es candidato argentino, pero tiene un puesto importante y ha hecho cosas importantes", continuó, distinguiendo al candidato el Gobierno que lo postula, en función de la tradición diplomática.
En tanto, lo que importa no es si el Gobierno que presenta al candidato vota "bien" en la Asamblea General, sino qué buscan los bloques de países decisivos en el próximo secretario general, en especial aquellos que se ven afectados por los recortes presupuestarios tras la retirada de Washington bajo el segundo mandato de Donald Trump.
Esos detalles serán clave a la hora de la votación de una lista que componen la chilena Michele Bachelet, con la agenda de derechos humanos, la costarricense Rebeca Grynspan, con su gestión de alimentos del acuerdo del Mar Negro; la mirada del Sur Global del senegalés Macky Sall; o un perfil nuclear como el de Grossi, un diplomático devenido en operador político capaz de moverse en territorios en guerra con riesgo de una escalada global.
"El armagedón nuclear es una hipótesis tremenda que se usó una sola vez en 80 años. Pero todos los días muere gente, aumentan las violaciones a los derechos humanos, aumenta la temperatura", enumeró Lagorio, considerando las preocupaciones de buena parte de los votantes del futuro secretario general. "Hay países para los que la ONU es todo, incluso hoy. Ese es el imaginario".
El poroteo de los cinco miembros permanentes
Tras las presentaciones de los candidatos, el proceso hacia la ONU continúa en julio, cuando los 15 miembros del Consejo de Seguridad, cinco permanentes con poder de veto y diez no permanentes, darán por terminada la etapa de deliberación, abriendo paso a la votación pautada entre octubre y diciembre. Luego, la recomendación irá a la Asamblea General, donde culminará la votación.
La ONU aprobó una resolución histórica sobre cambio climático y la Argentina se abstuvo
Hasta el momento, la única señal pública de uno de los cinco permanentes llegó de China: al asumir la presidencia del Consejo en mayo, el embajador chino dijo en conferencia de prensa que le gustaría ver a una mujer y que fuera de América Latina. "Nos gustaría ver una mejor representación geográfica y, si fuera una mujer, después de tantos años, China lo acogería favorablemente", sostuvo, en una declaración inusual.
Francia, en cambio, viene enviando señales en dirección opuesta, según supo este medio. Desde París, la lectura sobre Grossi de uno de los miembros permanentes es favorable: la cercanía construida con Emmanuel Macron desde el OIEA y la sintonía en materia nuclear se tradujeron en gestos que llamaron la atención círculo diplomático. A principios de marzo, Macron organizó una conferencia internacional sobre energía nuclear y la copresidió Grossi, una puesta en escena que pasó casi desapercibida en Buenos Aires. Antes de las audiencias de abril en Nueva York, el embajador francés Romain Nadal había invitado a Grossi a compartir un almuerzo con embajadores del G7 en Buenos Aires. "No es una casualidad que lo hayamos recibido", dijo entonces Nadal a PERFIL.
Rusia, por su parte, tiene una visión positiva del argentino, mientras que EE.UU. no hizo declaraciones explícitas. Tampoco el Reino Unido, que guarda silencio, como es habitual en esta instancia del proceso, aunque fuentes diplomáticas señalaron que Grossi tiene un vínculo de trabajo sólido con Londres en materia nuclear y que el peso de Malvinas podría no ser determinante, especialmente luego de que afirmara que "sobrevolaría esas cuestiones" en una entrevista con El Observador.

"Puede ser que no lo voten pero tampoco lo veten. Hoy lo más prudente ahora es no hacer declaraciones", opinó en off una fuente diplomática cercana a Casa Rosada, que destacó que Grossi tiene una característica distintiva: ser una figura respetada por actores que no se respetan entre sí.
"Esta es la labor de la diplomacia internacional. Esto es lo que se debe hacer: dialogar, conversar, proponer soluciones concretas a los problemas graves que existen. Yo tengo una función específica: la protección del régimen internacional de no proliferación, es decir, evitar un accidente nuclear. Esto me lleva, justamente, a tener que dialogar y conversar con todos", sostuvo el director de la OIEA en una charla con PERFIL previa al lanzamiento de su candidatura, donde delineó el eje de su campaña: sacar a la ONU de la "crisis de credibilidad y efectividad" en que está sumergida.
Para aquellos que siguen de cerca la carrera hacia la ONU, la cuestión excede los currículums, las nacionalidades, las votaciones de un país (como Argentina) en la Asamblea General o las declaraciones de jefes de Estado. En cambio, se enmarca en un interrogante: qué tipo de perfil necesita el organismo que busca redefinir su rol en medio de la guerra en Ucrania, Medio Oriente y la reconfiguración del poder global marcada por la competencia entre Estados Unidos y China, considerando el reciente acuerdo directo entre Trump y Teherán, que volvió a dejar a la ONU afuera del juego.
ML