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OPINIóN / Análisis
sábado 4 abril, 2020

I have a dream: semblanza sobre las justicias e injusticias en tiempos de coronavirus

Observación sobre cómo funcionamos como sociedad, como Estado y como comunidad.

Dr. Mario Rapisarda (*)

Martin Luther King, durante uno de sus famosos discursos. Foto: AP
sábado 4 abril, 2020

Hoy tengo un sueño. Martin Luther King sigue vivo y nos sigue llamando a hacer lo correcto, a construir un país mejor, un mundo mejor, a cada uno de nosotros desde su lugar. ¡En la casa, en el barrio, en el trabajo, en la profesión en todos lados!

Parafraseando a Pepe Mujica, por jodido que estés siempre podés hacer algo por los demás”, y te pueden golpear de mil maneras pero el ser humano “una y mil veces se puede levantar porque esa es la esencia del ser humano”.

Hoy la esclavitud ha mutado, son esclavos nuestros pobres abuelos que presas del hambre y la miseria tuvieron romper la cuarentena (con el riesgo que ello implica) y hacer filas interminables para intentar hacerse del dinero que les corresponde por su jubilación,  para poder comer o comprar un remedio, son esclavos los trabajadores que en condiciones normales cobran una parte de su sueldo en blanco y otra en negro que ahora ya no cobrarán.

Son esclavos los cuentapropistas que no saben cómo harán para comer sin tener ingresos. Son esclavos los recicladores que no pueden obtener sus rebusques en los desechos de la calle para calmar el hambre entreteniendo al estómago. Son esclavos los empleados y cajeros de supermercados que tienen que trabajar sin saber si el virus acecha con cada cliente, los choferes de colectivo, los recolectores de basura, los policías y las fuerzas de seguridad y la fila sigue interminablemente.

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A la mayoría de nosotros solo se nos pide confinamiento. Eso no es esclavitud eso solo es un pequeño esfuerzo.  Los médicos y enfermeros son los esclavos por excelencia en esta pandemia, son quienes nos pueden volver a dar la libertad. Tenemos que apoyarlos pero no solo ahora sino Siempre. Pero el apoyo no solo es aplaudirlos a determinada hora todos los días. La pandemia pasará, seamos responsables y aprovechemos las enseñanzas que quedarán.

Como sociedad debemos mutar. La política cerró una grieta que representaba la incapacidad de ponerse de acuerdo para resolver los problemas de la gente, y ya se habla de bajarse los sueldos para contribuir a reducir el gasto en estos tiempos

La CSJN ha dictado una resolución donde dona el 25% de su sueldo. Hace años que estaban obligados por Ley del Congreso de la Nación a pagar el impuesto a las ganancias pero por una acordada 20/1996 se habían autoexcuido de la aplicación del impuesto.

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Los médicos hacen malabares para prepararse al pico de la pandemia sabiendo que los recursos son escasos, mientras los casos de sobreprecios en contrataciones en el Pami y obras sociales se han vuelto moneda corriente desde hace varios años lamentablemente.

Como sociedad hemos dejado suicidar a René Favaloro, “eminencia mundial en medicina cardiovascular”. Tuvo que golpear innumerables puertas incluso al presidente de la nación para solicitar asistencia por los problemas acarreados en el sistema de salud  y nunca fue escuchado. Un tiro al corazón apagó su existencia el 29/7/2000.

Recuerdo a nuestros héroes de Malvinas pidiendo colaboraciones en los trenes y colectivos porque la sociedad les dio la espalda durante tantos años. Cuando necesitamos asistencia policial llamamos al 911. Ese número vino de la mano de un hombre que propuso varias leyes modificatorias de nuestro sistema penal. Juan Carlos Blumberg, el “Ingeniero” Blumberg que perdió a su único hijo en un secuestro extorsivo y vió que había cosas que cambiar y golpeó puertas incansablemente. Cometío solo un error. Se decía ingeniero pero no tenía el título. La sociedad no pudo perdonarlo. Por eso fue marginado, quizás porque logró convocar espontánemante a más gente que un diputado, político o senador en esa época.

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Como vemos hasta ahora hemos convivido con problemas políticos,  de falta de igualdad frente a los tributos y la capacidad contributiva, de llegada de recursos para la asistencia sanitaria, olvidando a nuestros héroes de guerra, en materia de justicia donde las leyes parecen proteger más a delincuentes  que a los que no lo somos. Pero algo tiene que cambiar y hoy tengo un sueño, como Martin Luther King en aquella colina y quiero gritarles desde mi casa a todos los compatriotas y personas de bien que habitan esta nación

Veo una Argentina donde los empresarios a los que funcionarios que ofrecen negocios no cristalinos denuncien en la justicia y ésta actúe. Veo un país donde no existan sobreprecios ni arreglos para unos pocos en todo tipo de contrataciones en detrimento de quienes no presencia esas negociaciones. Veo un país donde los jueces dicen sí, “jurídicamente puedo ampararme en esta acordada pero quiero pagar el impuesto a las ganancias por empatía con el pueblo al que estoy llamado a imponer justicia. Porque lo justo siempre empieza por casa y no es justo que un trabajador que cobra mucho menos que nosotros page impuestos y los grandes sueldos no paguen. Quiero ver más allá y quiero ver políticos sin tantos asesores superfluos, con sueldos acorde a lo que producen y no exorbitantes, ¡pero para siempre!

Veo a cada argentino poniendo lo mejor de si en su profesión, en su trabajo, en su oficio para construir esa Argentina que todos nos merecemos. También en este sueño veo que René Favaloro tiene una estatua en la ciudad de la plata y que en la plaza del Obelisco hay una escultura que rememora al accionar de los médicos en esta pandemia, para que las generaciones futuras no olviden y al lado otra escultura del combate de malvinas. He visto que Blumberg ahora es ingeniero porque le dieron el título “honoris causa”. También creí ver desde el cielo a René  Favaloro  diciendo con felicidad “vieron no fue en vano costó pero aprendieron”. Volviendo a Pepe Mujica: “te pueden golpear de mil maneras, pero el ser humano una y mil veces se puede levantar,.. porque esa es la esencia del ser humano”.

Soñé que estos golpes que estamos recibiendo hoy no fueron en vano y nos enseñaron todo esto y no  quiero despertar de ese sueño. A seguir soñando. Los grandes siempre dejan huellas, lo sabemos positivamente inspirados en Martin Luther King.

(*) Contador Público Nacional de la UNLZ, especialista en temas tributarios.


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