OPINIóN
Elecciones 2021

Lamentable campaña electoral

La gente está harta, pero no ya de proclamas ideológicas, sino por la carencia de propuestas, sumado a episodios de características casi grotescas.

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Los precandidatos a legisladores que sean electos deben presentar su declaración jurada de bienes. | Cedoc

La anodina campaña electoral, que culminará el 12 de setiembre próximo en su primera etapa, se inserta en un estado de agobio, desencanto y desesperanza de una mayoría de argentinos.

Clara demostración de este estado de ánimo, lo constituye a diferencia de otros recientes actos electorales, la enorme cantidad de intentos fallidos de respuestas telefónicas positivas, según comentan las diferentes consultoras de opinión.

Al decir de muchos, la gente está harta, pero no ya de proclamas ideológicas, sino por la carencia de propuestas, sumado a episodios de características casi grotescas.

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Una docente de la provincia de Buenos Aires, arengó con inusitada violencia a su clase, que cobró estado público gracias a una filmación de sus alumnos, exhibiendo a una profesora enardecida y procaz en su defensa del régimen k, episodio éste que lamentablemente tuvo una actitud casi aprobatoria por parte del Presidente de la Nación.

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La ministra de Seguridad, responsable de no poner algo de coto al clima de inseguridad reinante, expresando livianamente : “Suiza es más tranquila, pero más aburrida”.

Una precandidata oficialista en la provincia de Buenos Aires, quizás en un curioso intento de captar un segmento del voto joven, hizo una apología poco elegante del sexo de sus militantes, así como una precandidata opositora introdujo innecesariamente el debate sobre las drogas livianas.

Los numerosos sondeos sobre la opinión pública, muestran con dramatismo, que fuera de los núcleos duros de votantes, la mayor incógnita estriba en predecir cómo se comportará el electorado que conforma la amplia avenida del medio, que contempla con irritación los avatares políticos, o directamente con total desinterés.

La fatiga ciudadana tiene una doble vertiente causal: por un lado los distintos sucesos que han jalonado el devenir gubernamental hasta el presente, que a fuer de ser tan numerosos, hasta pueden llegar a ser olvidados.

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Y por otra parte, la ausencia de temas fundamentales.

En cuanto al primer grupo, en una publicación reciente, en estas mismas columnas, señalábamos:

Las expresiones oficiales “Para mí lo más importante es cuidar la vida de los argentinos”, los spots publicitarios clamando “Argentina te cuida”, “Gracias Argentina” o “Salimos”, constituyen un penoso ejemplo de cinismo e impudicia, queriendo transformar mediáticamente una calamitosa gestión en un relato venturoso.

En ese contexto irrumpió con violencia el denominado “Olivos Gate”, cuyo principal protagonista es el Presidente de la Nación, quien en el intento de suavizar sus efectos, propició, una vez más, un castigo autoinflingido (¿otro tiro en sus pies?).

El episodio, empero, no constituye el único de los sucesos que agobian a los argentinos. Son tantos y tan reiterados los motivos de indignación social, que el riesgo consiste en que el último eslabón de la cadena, opaque la sucesión de desastrosas manifestaciones de la gestión gubernamental.

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Sin intentar un detalle exhaustivo de los más que justificados motivos de reacción social, vale evocar, a modo de triste ejemplo, algunos de ellos:

  • El desmanejo de la gestión con Pfizer, que impidió al país en tiempo y forma contar con los millones de dosis de vacunas que tenía asignado, siendo esta omisión responsable de una no escasa cantidad de las muertes que se podrían haber evitado;
  • Pésima gestión en la administración de las vacunas;
  • Cuarentena récord mundial, con su secuela de afectación económica, social, educativa y psíquica;
  • Las terribles cifras consecuencia, no solo de la pandemia, sino del tratamiento gubernamental de la misma: más de 100.000 muertes, 40.000 negocios cerrados, récord de desocupación, fuga de empresas, etc;
  • Los vergonzosos “vacunatorios vip”, inmunizando a conspicuos funcionarios del régimen, así como a impúdicos jóvenes, ostentando las dosis recibidas, que podían haber ido en tiempo y forma, hacia la población en riesgo;
  • Permanencia en su cargo de la funcionaria que utilizó su posición para solventar, con fondos públicos, a su personal doméstico;
  • Agresión injustificada al campo, vía intento de expropiación de Vicentin, retenciones impositivas, o la increíble suspensión de las exportaciones de carne;
  • Política internacional sesgada, aislando al país con incomprensibles ausencias en pronunciamientos internacionales, entre ellos, condenatorios de violaciones a los derechos humanos;
  • Enfrentamiento con nuestros socios del Mercosur;
  • Catástrofe educativa, con cierres no igualados en el mundo, situación que aún en la actualidad subsiste, por ejemplo en la Universidad de Buenos Aires.

 

Por otra  parte, brillan por su ausencia, ideas propositivas en todo el marco de la triste campaña electoral.

Quizás algo de lo más evidenciado es la persistencia en el intento de colonizar la justicia por parte de la vicepresidente, en el aparente propósito  de eludir las consecuencias de las numerosas causas que la tienen como protagonista.

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Por el contrario, aparecen como silenciados temas tan centrales como la desocupación, la inflación, la inseguridad, el desmesurado tamaño del Estado, la emisión monetaria descontrolada, y menos aún se mencionan  propuestas respecto a las imprescindibles reformas al sistema laboral, al régimen previsional, al absurdo entramado impositivo de más de 170 impuestos, entre tantos otros.

Tampoco se habla sobre la necesidad de insertar al país en las modernas corrientes comerciales del mundo, favoreciendo y no restringiendo las exportaciones, para lo cual la política exterior debería dar un viraje de 180 grados, abandonado nuestra absurda alineación con las dictaduras continentales y la confrontación con los países socios del Mercosur.

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En este marco, constituyen temas gravemente ausentes, la imprescindibilidad de atraer capitales extranjeros, así como el dramático éxodo de numerosas empresas. O la creciente emigración de las principales compañías aéreas, que pronostica un futuro muy complicado a la conectividad nacional con el resto del mundo.

Resulta comprensible, entonces, el desinterés y el hartazgo del castigado ciudadano argentino.

No obstante, frente a la alternativa de dejarse ganar por el desaliento, existe una sola opción: concurrir a votar en los próximos comicios, para intentar modificar esta lamentable circunstancia nacional.

Es imperioso. No existe otro camino.

 

* Pablo Broder. Economista. Presidente honorario de la Fundación Grameen Argentina. www.pablobroder.com.ar