lunes 20 de septiembre de 2021
OPINIóN Elecciones en Estados Unidos
23-10-2020 16:36

Trump vs Biden: por lo menos tuvimos debate

Verdaderos intercambios de ideas, de posturas, de cosmovisiones. Lo que no se buscó en el primer debate, en este por los menos se intentó.

23-10-2020 16:36

Después del 29 de septiembre las expectativas eran bajas. El primer debate había sido un caos. Fueron dos monólogos en simultáneo, imposibles de entender, donde no se contrastó una idea y donde el moderador dejó muchísimo que desear. Cuando uno va para atrás en el tiempo y compara los McCain vs Obama y Romney vs Obama con el primer Trump vs Biden, no puede más que ponerse nostálgico.

Luego vino el Covid-19 positivo del presidente Trump, suspensión del segundo debate y dudas sobre el tercero. Estas dudas no eran sólo si se iba a realizar, sino cómo se iría a realizar. Y una vez cerrado el formato, las dudas recaían una vez más en si tendríamos debate o nuevamente serían dos candidatos hablando únicamente a sus electores, casi sin mirarse, interrumpiéndose y faltándose el respeto. Por suerte, podríamos decir, que el 22 de octubre de 2020 tuvimos debate.

La primera gran diferencia se dio en la moderación. La moderadora Kristen Welker tuvo un desempeño formidable, marcándole los tiempos a los candidatos, con las mismas preguntas disparadoras para ambos, sin buscar un papel más importante que el que ya tenía. Diferencia fundamental con Chris Wallace, moderador del primer debate, quien en más de una ocasión tuvo cruces e intercambios con los candidatos, además de seleccionar distintas preguntas disparadoras para cada uno.

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En segundo término, más allá del cierre de micrófonos, ambos candidatos estuvieron más respetuosos. Se escuchaban, se miraban, se respondían. Casi no se interrumpían. Eso marcó una diferencia en el intercambio y pudo generar un principio de diálogo, lejos de los discursos en paralelo que mantuvieron en el 29 de septiembre.

Y la tercera gran diferencia fue el contenido del intercambio en sí. Como en el primer debate cada candidato le habló a su público, a sus votantes, para fidelizarlos e instarlos a ir a votar el 3 de noviembre, en este último debate ambos candidatos buscaron a los indecisos. Pero no apelaron a todos los indecisos, votantes claves que no se identifican con ninguno de los dos partidos tradicionales, sino a los de los llamados swing states: Estados que no tienen un voto definido y que varían elección a elección y, valga la redundancia, son los que terminan definiendo las elecciones. Los principales son Ohio, Michigan, Florida, Pensilvania y Winsconsin. Ambos candidatos hicieron referencia a estos Estados, en especial Donald Trump, quien nombró de manera estratégica a cada uno de ellos en distintos momentos del debate. Lo que es más, se vio que Trump tenía preparada una sorpresa para Pensilvania, Estado con importantes inversiones en extracción de petróleo no convencional. Además de nombrarlo varias veces, tuvo un intercambio sobre el fracking con Biden, quien le respondió que él nunca había declarado estar en contra de este y que si tenía algún video de él diciéndolo que lo publique, porque era mentira. Trump, rápidamente, les indicó a sus asesores que publiquen un video que tenían preparado, donde se lo puede ver al candidato demócrata declarando en contra del fracking en reiteradas oportunidades. Automáticamente el video apareció en la cuenta de Twitter personal de Trump, y sigue estando allí como tweet fijado. Una sutileza en la que Biden entró sin darse cuenta. Todo suma para ganar en estos Estados claves.

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En este punto se podría explicar la gran diferencia entre el primer “debate” y este último. Mientras que en uno intentaron reafirmar sus apoyos, aquí salieron a buscar nuevos. Biden le habló a la cámara, para sentarse en la mesa de la cocina del televidente. Ponerse en su lugar para mostrar empatía con el estadounidense que está atravesando una situación delicada por la crisis económica desatada por el covid. Un movimiento de manual que Trump no dejó pasar. Resaltando que él no viene del mundo político sino del privado, el presidente trató de mostrarse como un ciudadano que preocupado por el rumbo al que Obama-Biden habían llevado al país, decidió candidatearse a presidente. Así, buscaba diferenciarse de Biden, quien hace 47 años ocupa distintas posiciones en el gobierno. “Típico de político” y “vos podes más que eso Joe” fueron frases usadas en ese sentido por el presidente Trump. Tal vez, allí hubo una exageración de ambos. Biden utilizó el recurso de mirar a la cámara y hablarles a los folks varias veces. Trump, que hace 4 años es presidente de uno de los países más poderosos del mundo, insistía en que era un ciudadano común que no provenía del mundo político.

Otros puntos interesantes del debate fueron los temas migratorios, donde Biden acusó a Trump de separar y romper familias, encerrando a niños en jaulas. Trump respondió con una pregunta sencilla “¿quién construyó esas jaulas?” (spoiler: fueron construidas durante la presidencia de Obama). En temas raciales hubo intercambios interesantes también. Temas que podían incomodar a Trump y en los que Biden atacó con mayor fuerza. Verdaderos intercambios de ideas, de posturas, de cosmovisiones. Lo que no se buscó en el primer debate, en este por los menos se intentó.

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Es difícil dar un ganador. No por la performance de cada uno, donde se los vio apegados a sus estrategias, sino por la polarización en la que se está desarrollando esta campaña y que ambos partidos en parte alientan. Los indecisos no son muchos, pero son claves, y a ellos les hablaron. Se verá el 3 de noviembre quién fue más efectivo.

Por último, por supuesto que no presenciamos un McCain vs Obama, donde el moderador Jim Lehrer les tenía que pedir por favor que sean un poco más agresivos a los debatientes, pero si lo comparamos con la performance del 29 de septiembre podemos quedarnos satisfechos. Fueron punzantes pero respetuosos. Por supuesto que tuvieron intercambios agresivos, referencias a los familiares de uno y otro, eso es lo que hoy vende, pero también tuvieron silencios, respuestas a la altura, una estrategia clara a la cual se abrazaron. No fue un caos, no fueron dos monólogos en simultáneo, fue un debate. Y por fin, a once días de la elección, podemos decir que en esta campaña tuvimos al menos un verdadero debate.