POLITICA
Proyectos libertarios

El mapa de los data centers de Argentina: inversiones millonarias, energía y una disputa que crece

El país ya tiene 67 centros de datos registrados, entre instalaciones operativas y proyectos anunciados. Mientras Milei busca atraer a los gigantes tecnológicos, crecen las discusiones sobre el consumo de recursos, el impacto ambiental y las condiciones para su expansión.

El agua de la Patagonia es un requisito esencial para los desarrollos de las empresas tecnológicas.
El agua de la Patagonia es un requisito esencial para los desarrollos de las empresas tecnológicas. | Cedoc

Javier Milei está decidido a convertir a la Argentina en una especie de hub tecnológico y recorre el mundo para contar las bondades del territorio nacional: extensiones inmensas, agua, energía barata y la promesa de un marco jurídico hecho a la medida de las grandes corporaciones digitales y su necesidad de desarrollar infraestructura de almacenamiento. Los data centers son el gran tema del momento y el libertario los presenta como una promesa de inversiones millonarias y desarrollo. El problema es que bajo el mismo nombre conviven desde instalaciones que funcionan hace años hasta proyectos que todavía existen, más que nada, en los anuncios.

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Un data center es una instalación física diseñada para albergar infraestructura tecnológica, como servidores, sistemas de almacenamiento y equipos de red, que permite procesar, almacenar y distribuir grandes volúmenes de información. No son nuevos. Existen desde que las empresas y los Estados empezaron a necesitar espacios específicos para concentrar grandes cantidades de datos. Sin embargo, la explosión digital y, en particular, el desarrollo de la inteligencia artificial modificaron para siempre la escala de estos centros: cada vez requieren más capacidad de procesamiento, de almacenamiento y, sobre todo, de energía.

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En Argentina ya hubo anuncios de alto impacto: en octubre de 2025, OpenAI y Sur Energy firmaron una Carta de Intención (LOI) para desarrollar un centro de datos en la Patagonia con una inversión total estimada de $25.000 millones. En julio, la polaca Green Capital anunció la instalación de un data center en Trelew, Chubut, que pretende llegar a 2033 con una capacidad informática que podría demandar unos 3.000 MW de energía. Ambas iniciativas están en una fase preliminar y sin avances concretos. En los últimos días, además, se conoció que Claro y Oracle desplegarán la primera nube de hiperescala en el país a partir de diciembre de 2026

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Más allá de las promesas grandilocuentes, los data centers ya forman parte de la infraestructura digital argentina y el sector busca expandirse. La proliferación de proyectos y anuncios empieza, además, a generar la necesidad de ordenar la información disponible y entender qué hay realmente en el territorio.

Pablo Serdan, abogado y docente de la Universidad de Buenos Aires, desarrolló el observatorio de data centers Tengo Data. Se trata de un registro público que relevó 67 centros de datos en Argentina: 52 están operativos, 1 está en obra, 13 fueron anunciados y 1 uno fue cancelado.

La Cámara Argentina de Internet (CABASE) también comenzó a trabajar en su propio registro. La organización, presidida por Ariel Graizer, se enfocó en el relevamiento de los data centers que en la actualidad brindan servicios para terceros. En esa categoría encontraron 14 centros de más de 1 MW de capacidad con una potencia instalada total de cerca de 32 MW.

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El mapa ayuda a comprender al sector y sus necesidades en pleno desarrollo. El 25 de septiembre, la Secretaría de Energía de la Nación creó el Régimen de Demandas Extratendenciales (XDEM) en el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), que exige que los grandes proyectos deben asumir el costo y el abastecimiento de su propia energía. El objetivo es evitar la sobrecarga de la infraestructura actual y garantizar la continuidad del suministro para los usuarios residenciales, las pymes y los comercios.

Dónde están los data center

El observatorio Tengo Data que del total de data centers operativos y anunciados, nueve están asociados con el desarrollo de la inteligencia artificial. Seis de ellos corresponden a proyectos de hiperescala, dos a infraestructura de computación de alto rendimiento y uno es un data center operativo con infraestructura documentada como AI-ready.

Cuando se mira todas las instalaciones, que incluyen también a los centros de datos pequenos y medianos que brindan servicios a, por ejemplo, empresas o instituciones públicas, se puede advertir que la distribución geográfica muestra una concentración muy marcada.

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CABA reúne 18 de los 67 registros y la provincia de Buenos Aires, otros 10: entre ambas jurisdicciones concentran 28 centros, el 42% del total. Neuquén aparece en segundo lugar, con 12 registros, impulsada tanto por instalaciones existentes como por la cantidad de proyectos anunciados en los últimos años. El resto se reparte entre Córdoba, Santa Fe, San Luis, Salta, Chubut, Río Negro, Mendoza, La Pampa, San Juan y otras provincias, además de algunos proyectos de alcance territorial todavía indefinido.

La concentración en Buenos Aires no es casual. Los data centers que prestan servicios a empresas y usuarios necesitan estar cerca de los lugares donde se genera y consume la información. La distancia tiene un impacto directo en la latencia, es decir, el tiempo que tarda un dato en viajar desde un punto hasta otro.

Graizer explica que esa diferencia también determina el tipo de instalación: “Hay data centers que tienen que estar cerca de la gente porque la latencia tiene que ser menor. La ubicuidad de internet sirve para que no se te tilde la ruedita y puedas hacer el scroll rápido en TikTok o Instagram”, sostuvo. Los centros que tienen otras funciones, como el entrenamiento de inteligencia artificial, pueden estar alejados de las grandes ciudades. Son lógicas diferentes. La Patagonia es interesante para los gigantes.

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De hecho, los proyectos anunciados empiezan a dibujar un mapa diferente al actual. De los 13 registrados por Tengo Data, siete están en Neuquén, dos en Chubut y dos en la provincia de Buenos Aires. Hay además un proyecto que mantiene como posibles ubicaciones a Neuquén, Río Negro y Chubut, y otro asociado a las Islas Malvinas.

Discusiones abiertas

Entre los mileístas, la hipótesis es sencilla: Argentina no tiene voz ni voto en la carrera tecnológica que se disputan Estados Unidos y China. Por eso, lo mejor que se puede hacer es generar las condiciones para que los data centers se instalen en el país y morder una tajada mientras los gigantes definen el futuro.

En la vereda de enfrente crecen las posiciones críticas que advierten sobre el consumo bestial de recursos que requieren estas instalaciones y los pocos puestos de trabajo que generan. De hecho, en países como Estados Unidos se registran cada vez más movimientos contra los data centers.

En el medio están los matices de aquellos que entienden que existe una oportunidad, pero que presionan para que la llegada de inversiones se realice con un marco regulatorio claro que garantice el cuidado ambiental y que también considere la dimensión política y social del asunto. Guardar datos no es lo mismo que acopiar granos.

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El debate ya llegó a la política argentina. El diputado Juan Marino es uno de los que pretende intervenir de manera directa en la agenda y toma como referencia la resistencia que comenzó a organizarse en Estados Unidos contra los data centers. “Hay que inspirarse en el ejemplo de esa movilización popular. Proponemos convocar congresos regionales en las provincias y los municipios de Argentina donde pretendan instalar estos centros de datos hiperescalares. No podemos permitir que se utilice nuestra tierra, nuestra agua y nuestra energía para alimentar la inteligencia artificial que los monopolios estadounidenses utilizan para las guerras de Trump”, aseguró.

En Estados Unidos el clima está intenso. El 18 de julio se realizaron 142 movilizaciones contra la expansión de los data centers en 42 estados y, según el seguimiento de Data Center Watch, la cantidad de grupos locales de oposición llegó a 843 en 49 estados hacia septiembre. En paralelo, durante el primer semestre de 2026 fueron bloqueados o demorados más de 120 proyectos por un valor estimado de casi US$200.000 millones. El conflicto llegó también a las legislaturas estatales: hubo propuestas de moratoria en 14 estados y distintos gobiernos comenzaron a discutir cómo repartir entre los grandes consumidores y el resto de los usuarios los costos de la electricidad y de la infraestructura necesaria para abastecerlos.

Los argumentos todavía se están construyendo y el tema comienza a tener cada vez más relevancia en la agenda pública. Sin embargo, hay algo que ya está definido: Milei eligió una posición antes de que terminara el debate. La apuesta del Gobierno es abrir las puertas del país para que lleguen los grandes proyectos de infraestructura digital.