SOCIEDAD
morir en el agua

Las historias más tristes de una ciudad que jamás olvidará el martes 2 de abril

Con un altísimo porcentaje de mayores que murieron ahogados, La Plata intenta volver a la normalidad. Aquí, los recuerdos íntimos de las personas a las que se sigue llorando.

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Los jubilados que planeaban irse a Brasil. Rodolfo Jurado fue abogado hasta que se jubiló hace tres años. Era de Gualeguaychú y amaba viajar. Se casó dos veces y tenía dos hijas, una de las cuales vive en el exterior. Era jubilado además de policía bonaerense, y trabajó muchos años en el Banco Nación.

Con su esposa, Carmen Lydia Talou, disfrutaban del tiempo libre: ella se jubiló del cargo de titular de cátedra de la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de La Plata. Juntos pasaban tiempo con sus dos nietos y estaban planificando un viaje a Brasil.
La muerte de Rodolfo se produjo cuando intentó socorrer a su hija y a sus nietos en la inundación. Ellos estaban en una casa cerca de la calle 55 y 24. Acompañado por su esposa, Rodolfo viajó en su auto pero cinco cuadras antes de llegar, en la esquina de 55 y 19, quedaron atrapados por el agua que superaba la altura del volante. Catorce horas después pudo ser rescatado, pero ya estaba sin vida.

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Rodolfo y su esposa fueron encontrados dormidos con hipotermia y fueron rescatados por bomberos. Su esposa desde ese momento continúa en el Instituto del Diagnostico con síntomas de hipotermia y principio de neumonía. Con dolor e indignación, ayer por la mañana la familia despidió sus restos.

 

Un mecánico de aviones. Los vecinos de la casa de la calle 38 al 200 lamentan la pérdida de Enrique Salinas, un jubilado de 90 años. Enrique era viudo pero desde 2005 le dio otra chance al amor y comenzó un noviazgo con Asunción. Vivían junto a uno de los hijos del primer matrimonio de Enrique. Toda su vida se dedicó a ser mecánico de aviones y el lunes tenía previsto viajar en uno hacía Camboriú junto a Asunción.

Con la experiencia de anteriores inundaciones, Enrique armó una pequeña habitación en la entrada de su casa donde colocó una compuerta con varios pasadores. El martes por la noche, Enrique vio que el agua estaba subiendo rápido por lo que se metió abajo del agua para trabar los pasadores, pero no pudo levantarse y terminó ahogado. Asunción estaba durmiendo y, sorprendida por el agua, encontró a su leal compañero tirado en el piso. Ya no había nada que hacer, por lo que Asunción avisó a la familia.

 

Negro todavía espera a su dueña. Echado pero por momentos inquieto, el Negro espera a su dueña en la entrada del departamento de 30 Nº 241.

El Negro es un perro, y era la mascota de Dorita Romero de La Bionda, quien el martes por la noche fue sorprendida por el agua que superó 1,80 metros en su cuadra.

“Era una mujer muy simpática, siempre preguntaba a los vecinos si necesitabámos algo. Muy alegre y social, caminaba por el barrio siempre acompañada por el Negro”, cuenta Andrea, su vecina que lamenta su muerte.

La mascota mantiene en su mirada la tristeza y la esperanza del retorno de su ama.

“El perro se salvó porque su instinto lo llevó a subirse a una mesa, pero a Dorita la encontraron arrodillada al lado de la puerta, como si hubiera querido salir. Tenía una compuerta pero no dio abasto para detener el agua”, suma otra vecina, aún en medio de un shock del que parece difícil volver, como le pasa a cada vecino de esta ciudad golpeada. 

“Ella amaba a los animales porque se crió al aire libre y Negro era una gran compañía desde que enviudó”, cuenta Carlos, vecino de la cuadra que ahora se ocupa de llevarle comida y agua al Negro.

 

El final de una pasión fierrera. Jorge Barnetche era conocido en el barrio por su pasión fierrera. Los vecinos de la calle 37 al 1700 mencionan su nombre y se les entrecorta la voz. “Era una tipazo, buena gente como la que no hay”, dice Carlos, un vecino del taller donde Jorge perdió la vida.

El martes por la tarde intentó evitar que el agua se llevara la camioneta de un cliente y finalmente la corriente lo arrastró cuatro cuadras. En las redes sociales su imagen fue una de las primeras en aparecer. “Tiene barba canosa, mediana estatura, vestía un jean y remera negra, estoy loca”, escribió María Victoria.

En una seguidilla de mensajes y retuiteos, el jueves a las 6.47 finalmente la hija escribió: “Mi papá falleció en la inundación, agradezco a todos los que se preocuparon a la par mía. Tengo el dolor más inmenso, se fue el amor de mi vida”, dice.

 

Sobrevivir solo. En una humilde construcción de las calles 6 y 92 de La Plata, Cristian Mendoza, de 18 años, vivía con su hermano Gabriel y sus abuelos Fernando Mendoza, de 70, y Feliciana Garay, de 65 años.

Gabriel no estaba en su casa cuando comenzó la tormenta y por ese motivo fue el único que sobrevivió. “Me avisaron que estaban bien por mensaje de texto pero al rato me pedían que fuera a ayudarlos porque el agua les llegaba al pecho. Intenté llegar pero por la correntada fue imposible”, contaría después el apenado Gabriel.

El joven había llegado hace unos meses desde Paraguay para pasar unas vacaciones. La Plata le gustó tanto que decidió quedarse a estudiar en el país.

En unos días debía comenzar a cursar la carrera de Administración Contable en la universidad local.

Los vecinos de la casa de Cristian lograron sobrevivir gracias a que se subieron al techo de la vivienda y pasaron la noche tapados con un nylon.

Según relataron, siguen impactados por ver cómo el agua se llevaba los cuerpos de los fallecidos.

El dolor y la tristeza son los sentimientos que hoy albergan luego de la tormenta que nunca jamás olvidarán.

 

Adiós al jugador de fútbol. En La Plata, uno de los fallecidos identificado el jueves por la noche fue Jorge Javier Díaz, de 30 años, del barrio de Los Hornos, quien hizo las divisiones inferiores en Estudiantes. Jorge estaba casado y tenía dos hijos
Díaz era categoría 1982 y había compartido la división con algunos consagrados como Pablo Lugüercio y Mariano Pavone, entre otros. Con su camiseta con el número 5 siguió su carrera en Gimnasia y Tiro de Salta, donde estuvo casi cuatro años. Luego pasó por Pehuajó, donde jugó en Independiente de Mones Cazón, Unión Curalú y actualmente en Deportivo Argentino.

El jugador perdió la vida en la madrugada del miércoles, mientras rescataba a sus padres por la zona de 31 y 60. Según contaron los testigos, primero pudo sacar de la casa a su madre, pero cuando intentó hacer lo mismo con su padre perdió la vida, arrastrado por la correntada que bajaba por la calle.

Sus familiares lo definen como un “héroe” y en la página oficial de Gimnasia y Tiro de Salta lo homenajearon con un mensaje: “Hasta siempre, Potro. El ex volante y capitán millonario estará siempre en los corazones de la familia de Gimnasia y Tiro que hoy está de luto”.

 

“El agua se llevó al abuelito” Casi sin poder hablar, Germán confirma que su padre, Jorge Pio Colautti, fue encontrado sin vida una vez que el agua se alejó de las calles de La Plata.

Jorge era jubilado y amaba compartir las tardes con sus nietos.

En especial con Agustín, de 8 años, el nieto mayor. Juntos merendaban y miraban los dibujos animados por las tardes. El martes de la tragedia, una vez que comenzó la lluvia, Agustín le pidió a su abuelo que lo llevara con su mamá, quien vive a unas cuadras, porque tenía mucho miedo. Jorge pensó que podría llevarlo pese a la gran caída de agua.

Con fuerza tomó a su nieto en brazos y salió de su casa, ubicada en 36 y 26. Dio unos pocos pasos y el agua lo arrastró. Con fuerza se tomó de una reja y le pidió a Agustín que hiciera lo mismo.

Dos jóvenes que estaban en el techo de una casa les tiraron una soga a ambos, pero Jorge no logró tomarla y la corriente se lo llevó.

Su nieto, como testigo directo, no deja de decir que “al abuelito se lo llevó el agua”, mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

“Estamos destrozados, Agustín no pregunta pero se da cuenta de que su abuelo no volverá”, dice Germán con dolor y sin ningún tipo de consuelo para lo que pasó.

 

Ocho víctimas de La Loma, el barrio de la muerte. Un barrio que alguna vez fue vistoso y feliz. Hoy sólo quedan rastros de lo que fue. Con ocho muertes que golpean a los vecinos, el barrio platense de La Loma, con sus calles asfaltadas y arboladas, tienen la marca del horror en sus caras. El agua llegó al metro ochenta de cada fachada. A lo largo de un par de cuadras, sobre las calles 36 y 37, entre la 28 y 30, murieron ahogados casi una decena de vecinos, la mayoría ancianos.

El martes pasado, a las 16, el agua comenzó a subir por las bañaderas y las rejillas, cuando colapsó el desagüe pluvial. A las 21 estaba todo perdido. Entre los fallecidos está Eutinia Clara Palomina, quien toda su vida se dedicó a la enfermería infantil y ahora vivía sola sobre la calle 37 al 1600. Otro caso es el de Lucila Ahumada de Inama, quien era de Abuelas de Plaza de Mayo y vivía sobre la calle 29. En la calle 37 al 1700 vivía Nélida Giacomelli y ayer sus dos hijos se encargaban de limpiar la casa en medio del dolor.

También murió Felicitas Morel, de 56 años. A la misma altura, pero en la calle 36, Andrea Brecce limpiaba entre lágrimas la casa de su abuela María Beatriz Velinzas, de 79 años, conocida en el barrio como Tati, otra de las fallecidas. Se acumulaba la basura mientras el dolor crecía. Cerca de ahí se confirmaba la muerte de Dorita Romero, Enrique Salinas y Jorge Barnetche, los otros vecinos de la cuadra que también se extrañarán. “El dolor es inmenso y el barrio tiene una herida muy grande”, se lamentó una mujer entre los vecinos.