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SOCIEDAD / Recuperación Histórica
sábado 11 agosto, 2018

Un equipo de treinta expertos trabaja para restaurar El Molino

Comenzaron con la limpieza de muros y relevamiento del estado de la carpintería en la confitería y los salones del primer piso. El master plan estará en septiembre.

por Claudio Corsalini

Acción. “Hay que estudiar pieza por pieza”, afirma Guillermo García, quien también trabajó en la recuperación del Congreso y la catedral de La Plata. Foto: Grassi

Desde el lunes pasado, un equipo de especialistas en restauración de edificios patrimoniales comenzó a trabajar en uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad: la Confitería del Molino. Se trata de los arquitectos y restauradores que dependen de la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, y que luego de dos décadas de estar cerrada y abandonada, buscan devolverle el esplendor que caracterizó a la confitería a mediados del siglo pasado.

El plantel que interviene en la restauración del tradicional inmueble de Callao y Rivadavia está encabezado por Guillermo García, Miguel Mármora, Lucas Deniro, Marcelo García, Ricardo Angelucci y Nazarena Aparicio. Además de trabajar para la Comisión Bicameral, algunos de ellos forman parte del Plan Rector de Intervenciones Edilicias (PRIE), que depende del Congreso de la Nación, actual propietario del edificio. “Es muy auspicioso recuperar este edificio, que es un ícono patrimonial de la Ciudad”, señaló Daniel Filmus, titular de la Comisión Bicameral. En la misma dirección, se destaca la decisión política del actual presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, de comenzar con la puesta en valor del edificio de El Molino.

Tras sancionarse la ley 27.009 en 2014, el edificio estilo art nouveau construido por el arquitecto italiano Francisco Gianotti en 1916 fue expropiado.

Actualmente, el inmueble forma parte de la denominada Manzana Legislativa y según el articulado de la ley de expropiación, allí deberá funcionar, además de la confitería, un centro cultural y un museo.

Desafío. “Hay que estudiar pieza por pieza. Este edificio fue el primero en la Ciudad en tener elementos premoldeados que fueron traídos desde Europa”, asegura Guillermo García, quien también participó en los trabajos de restauración del Congreso de la Nación, el CCK, la Aduana Taylor y la Catedral de La Plata.

Respecto de los tiempos que demandará esta titánica tarea, todavía no hay plazos concretos. “Recién a fines de septiembre tendremos la certeza de cómo está el edificio. La idea es presentar el plan para definir el presupuesto de la obra”, asegura Miguel Mármora, coordinador del PRIE.

Por ahora los trabajos se circunscriben a la planta baja, donde antes funcionaba la confitería; a los salones del primer piso y al primer subsuelo. Las tareas en las fachadas, en tanto, serán encaradas por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad.

Once arquitectos y técnicos dirigen el día a día de la restauración. A ellos se suma un equipo de restauradores, compuesto por 19 jóvenes, en su mayoría estudiantes de arquitectura y restauración, que fueron seleccionados para este trabajo.

Realizan tareas de limpieza de muros y carpinterías como así también el relevamiento de los faltantes en ese sector.

“Esta es una experiencia multidisciplinaria, con un equipo diverso. Una vez que ingresamos al edificio hicimos un relevamiento inicial para planificar las restauraciones. Hay un especialista en madera que evalúa las carpinterías”, comenta Aparicio, la coordinadora de los restauradores.

“Estas obras representan un desafío pocas veces visto, ya que se está interviniendo un edificio que forma parte del imaginario de los argentinos”, asegura Mónica Capano, asesora de la bicameral y ex integrante de la Comisión Nacional de Monumentos.

En relación con los doce departamentos que forman parte del conjunto edilicio, García niega que vayan a venderse aunque aún no está definido cuál será su uso. “La Comisión decidirá su futuro en función del análisis del espacio y la sobrecarga que pueden soportar. Esto se definirá cuando presentemos la propuesta siguiendo el espíritu de la ley. La idea es no vender las unidades”, asegura.

Puerta abierta al pasado

El Molino fue inaugurada por Caetano Brenna para los festejos del centenario de la Independencia en 1916. Considerado uno de los primeros edificios art nouveau de la Ciudad, vivió su época de esplendor a principios del siglo pasado, cuando era sitio de reunión obligado de políticos y de los artistas de la época. Las décadas del 40 y 50 también fueron años de relevancia para la confitería, cuya pastelería trascendió el lugar. Con el correr de los años, los departamentos fueron ocupados. La confitería cerró sus puertas a mediados de los 90.  “El Molino tiene múltiples significaciones, por su lugar en la historia de la Ciudad y en la de su arquitectura, pero también por su entrelazamiento con la vida política legislativa y por sus profundas raíces en la memoria  de la sociedad. Es una puerta abierta al pasado”, señaló Samuel Cabanchik, autor de la ley.


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