COLUMNISTAS
VIOLENCIA Y EXCLUSION SOCIAL

Quédate con Mick

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En BabyTV hay un personaje fantástico que se llama Mick. Mick hace de todo mientras se ríe y es feliz; va al supermercado, se va de campamento, juega a ser pintor y otras veces músico. Mick habla también con un observador que lo guía y ayuda y entre ambos logran sus objetivos, porque Mick tiene un adulto que lo acompaña en sus carcajadas.
Mick representa lo que muchos millones de niños en el mundo no son, al mismo tiempo que muestra el supuesto ideal de niño que deberían todos ser. En la imaginación de millones, hasta los embarazados, los niños serían más o menos así y luego crecerían en un formato también medianamente parecido. Este es el modelo de niño del mundo de los incluidos.
Hay un mundo paralelo, uno distinto al de Mick, en el que los niños o adolescentes se sacan fotos con ametralladoras y revólveres. Muchas de las bandas de jóvenes o de supuestos narcos son expuestos en los medios de comunicación con su verdaderas identidades con fotos de ellos orgullosamente armados. Esa foto, esa misma imagen con armas para matar, es el dato más fulminante de un choque de culturas.
En el mundo de los incluidos hay leyes que respetar, hay escuelas a donde enviar a los chicos, noticieros para enterarse de los problemas, habitaciones para padres y otras para chicos, conceptos básicos de cuidado de la salud, trabajo en blanco y sueldos en blanco. En ese planeta viven los padres de miles de “Micks”.
Sólo a algunas cuadras de esos padres, por ejemplo en Saavedra, viven muchos otros chicos que tienen la misma edad que sus hijos, pero que probablemente no tienen su propia habitación, que tal vez ni hayan terminado la secundaria, que trabajen en negro, que no conozcan conceptos básicos de cuidado de la salud y que sientan que las leyes y el derecho es sólo un tema de otro mundo del que nada tiene que ver con ellos. Mick no vive en esos territorios.
Cuando los cuerpos de estos niños aparecen en una unidad agresiva en la calle, exponen antes que nada sus diferencias culturales. Ellos representan lo que pasa en el planeta de la exclusión social y que no tiene que ver sólo con el hambre, sino con una consolidación de un universo moral diverso a los valores de aquellos que ponen sus ojos horrorizados en las imágenes de los noticieros. La distancia física que separa a los vecinos de Saavedra de esos chicos es mínima, la distancia cultural es atrozmente infinita. El uso de la violencia explícita es un recurso, evidentemente, normal en ese territorio de la exclusión. Los padres de Mick sólo salen con sus cacerolas.
Los reporteros y los padres de los “Micks” se espantan por la violencia. Miran la televisión y sólo observan hordas descarriadas y les resulta inconcebible, inaceptable. Ninguno de ellos haría algo así y entonces caen en la famosa trampa de interpelar a estos niños con sus valores. Eso es bastante injusto para con estos chicos que el mundo ha dejado afuera de su centro y que además de romper todo e intentar robarse una moto, seguramente utilizan el episodio como excusa contra otros temas. Desconocemos cómo es su relación cotidiana con la policía, pero podemos imaginar que no debe ser muy amena. Ese episodio parece más una puesta en escena contra la fuerza policial que contra los vecinos.
En el mundo de la exclusión hay otras reglas de ascenso social y de construcción de prestigio que habrá que empezar a considerar. Quien se saca una foto con un arma muestra poder, su prestigio, al mismo tiempo que desconoce el famoso monopolio de la amenaza del uso de la violencia por parte del Estado.
La declaración de espanto es entendible pero refuerza aún más la diferencia. El problema no es sólo de dominio policial sobre el territorio, sino de construcción de patrones culturales paralelos a los que no se tiene completo acceso ni se comprende en profundidad. Mick muestra orgulloso que va al supermercado a comprar una manzana, un pan y una leche. El capítulo siempre termina con un repaso en forma de foto con todo lo que Mick tiene e hizo. Los chicos que salen a romper el barrio podrán contar orgullosos lo que se han traído de la ronda de violencia, pero eso sólo lo entenderán ellos, porque de sus vidas no hay todavía ningún dibujito animado que los represente.

*Sociólogo. Director de Ipsos-Mora y Araujo.

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