Parcialmente nublado
Temperatura:
19º
Ciudad:
Buenos Aires
martes 25 de septiembre de 2018 | Suscribite
INTERNACIONAL / Análisis
sábado 30 septiembre, 2017

La grieta en Cataluña: por qué la independencia no es la única alternativa

La crisis política podría solucionarse de otro modo. Pero esto no va de ser progresista... Va de nacionalismo y secesión.

por Leandro Dario

Foto: AP
“El franquismo no murió el 20 de noviembre de 1975 en una cama en Madrid, morirá el 1 de octubre de 2017 en una urna en Catalunya”. La frase de Gabriel Rufián, diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), encarnó el “Rajoy, basura, vos sos la dictadura” ibérico y resumió por qué un sector de la opinión pública española -y argentina- entendió el conflicto catalán en términos de izquierda y derecha. Más allá que el presidente Mariano Rajoy es de derecha y el partido de Rufián, que defiende un “independentismo ideológico”, es de izquierda, no todos los que quieren la independencia en Cataluña son revolucionarios, por lo que el fenómeno no se entiende sólo a partir de ese clivaje ideológico.

Nadie podrá argumentar que la centroderechista Convergencia i Unió (CIU), integrante de la coalición de gobierno catalana junto a Esquerra y la CUP, sea progresista. CIU abrazó la causa independentista recién en los últimos cinco años, cuando entendió que el fervor nacionalista era la alfombra perfecta bajo la cual esconder los escándalos de corrupción de su ex líder Jordi Pujol, los recortes en salud y educación y la crisis económica.

Aún si se creyera que el independentismo catalán es de izquierda, surgirían otros interrogantes: ¿Es progresista quejarse del “expolio fiscal” que sufre Cataluña, una comunidad rica que postula que Madrid le coparticipa menos de lo que debiera? ¿No entra en contradicción ese argumento con la tradicional solidaridad de la izquierda, en este caso hacia Andalucía o Extremadura, por ejemplo? ¿Cómo convive el nacionalismo catalán con el internacionalismo marxista?

Más allá de sus diferencias ideológicas, hay un elemento que unifica al independentismo: su articulado discurso nacionalista, basado en la defensa de una identidad en común en peligro frente a los intentos de España de “sojuzgarla”. La lengua y la cultura son pilares de esa identidad.

Para construir un Estado propio y “ser libres”, la Generalitat defiende el “derecho a la autodeterminación de todos los pueblos”. Ese principio está reservado sólo a pueblo coloniales o que sufrieron graves violaciones a los derechos humanos. Más allá de la incompatibilidad con el caso catalán, cabría preguntarles a los independentistas si los habitantes de las Islas Malvinas conforman un pueblo, si tienen derecho a la autodeterminación y, en ese caso, cómo marxistas como Rufián coinciden con el Foreign Office (también interrogar a los conservadores británicos por qué defienden la integridad territorial del Reino Unido y de España, pero se oponen a la de la Argentina).

El independentismo edificó una mayoría parlamentaria con un discurso político pasional, que puso a la identidad catalana en primer plano y polarizó con Rajoy y los no independentistas. Confundió hábilmente el “derecho a decidir” con el derecho a la autodeterminación del pueblo. Argumentó que los catalanes querían votar por la independencia y que impedir el referéndum era anti democrático, pasando por alto los fallos contrarios de la justicia.

Rajoy y el Partido Popular (PP) contribuyeron a validar esa retórica: boicotearon el Estatuto catalán de 2006, evitaron toda negociación y privilegiaron la vía judicial y policial, en menoscabo de la política. Lo que es aún peor, exacerbaron el nacionalismo español, tan tóxico como el catalán.

La construcción del nacionalismo basado en la identidad está hermanada con otros movimientos anti sistemas en Europa y Estados Unidos, que se espantan ante el “otro”, ya sea español o sirio, musulmán o católico. Plantea preguntas incómodas y controvertidas: ¿Quién es catalán: el que nació en Cataluña, el que habla esa lengua o el que allí reside, pese a no ser nativo ni parlante? ¿Quién decidirá eso y en base a qué criterios?

Admitiendo que Cataluña fuese una nación, la crisis política podría solucionarse con una reforma constitucional que concediese más autonomía y competencias a la Generalitat. Incluso podría adoptarse un Estado Plurinacional a la "boliviana", un modelo elogiado por el PSOE y Podemos. La independencia no es la única salida. Pero esto no va de ser progresista... Va de nacionalismo y secesión.


Comentarios

Lo más visto

RECOMENDAMOS...

Periodismo puro

© Perfil.com 2006-2018 - Todos los derechos reservados

Registro de Propiedad Intelectual: Nro. 5346433 | Edición Nº 4398

Domicilio: California 2715, C1289ABI, CABA, Argentina  | Tel: (5411) 7091-4921 | (5411) 7091-4922 | Editor responsable: Ursula Ures | E-mail: perfilcom@perfil.com | Propietario: Diario Perfil S.A.