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UNIVERSIDADES / Estudiar en el exterior
sábado 21 julio, 2018

Quiénes ganan y pierden en el intercambio internacional

La tendencia cada vez más difundida de la globalización en el marco de las instituciones de nivel superior surgió en los años 80; hoy, la movilidad de estudiantes es su aspecto más visible.

Daniela Perrotta

Beneficio. Tener una experiencia educativa en otro país le permite al estudiante conocer otras culturas y potenciar el respeto entre naciones. Foto: shutterstock

En la actualidad, la internacionalización ocupa un lugar central en los discursos sobre la universidad, en las políticas científicas y tecnológicas, así como en las políticas universitarias y en las prácticas de las instituciones y de los actores de la educación superior. Incluso, algunos autores postulan que es posible considerar la internacionalización como una función nueva que se adiciona a las tradicionales misiones de formación, investigación y extensión. (...)

Pese a la multiplicidad de definiciones, la más aceptada es la esbozada por Jane Knight, quien considera que la internacionalización “en el nivel nacional/sectorial/institucional se define como el proceso de integrar una dimensión internacional, intercultural o global en el propósito, las funciones y las provisiones de la educación post-secundaria”. Esta definición se utiliza con frecuencia, ya que es lo suficientemente flexible para aludir a diferentes fenómenos porque: primero, implica una visión procesual por la cual la internacionalización es un fenómeno en continuo desarrollo y, por lo tanto, en permanente cambio y transformación. Segundo, es un proceso que se da en múltiples niveles: a la tradicional visión centrada en la institución de educación superior se incorpora el nivel extrainstitucional (nacional y sectorial) para ampliar el análisis del proceso.

El nivel nacional versa sobre los diferentes actores de gobierno y organizaciones no gubernamentales (ONG) que son activos en la promoción de la internacionalización. En el caso del sector gubernamental, se refiere a diversas dependencias del Estado: educación, relaciones exteriores, ciencia y tecnología, cultura, empleo y migración (en cada una de los cuales existe mayor o menor interés por la internacionalización). El nivel sectorial se fundamenta en el hecho de que, en su mayoría, la internacionalización de la educación superior solo se encuentra en la agenda de departamentos y organizaciones relacionados con la educación: en estos casos, el sector de la educación es un actor clave.

A partir de los tres niveles se pueden aprehender las políticas, los programas, el financiamiento y los marcos regulatorios de la internacionalización. Tercero, la dimensión internacional alude a los vínculos entre países y/o naciones, la intercultural refiere a los intercambios entre culturas, mientras que la global apunta a un nivel de generalización mayor (el mundo entero). Cuarto, la integración de las dimensiones a las funciones de la educación superior implica que la dimensión internacional se incorpora con un carácter central y no marginal. (...)

Proceso histórico. La internacionalización de la universidad es un proceso contemporáneo, surgido en los años 80, y que ha venido profundizándose desde entonces.

Este fenómeno ha sido estimulado a partir de seis elementos: en primer lugar, un modelo académico común en todo el mundo que germina en la universidad europea medieval, con algunas excepciones que surgen del modelo de París. En efecto, la universidad es una de las instituciones más “trasplantadas” y difundidas a lo largo y a lo ancho del globo. Segundo, un mercado académico global creciente a partir de la gestación de una economía basada en el conocimiento, tanto para estudiantes como para profesores e investigadores, profundizado a partir de la incorporación de la educación superior como un servicio en la Organización Mundial del Comercio (omc) en las últimas décadas del siglo xx. Tercero, la utilización del inglés como lingua franca para la comunicación de la investigación, la circulación del conocimiento científico y la docencia, en especial en aquellos países e instituciones que buscan tornar más competitiva su oferta formativa para recibir estudiantes de diferentes lugares y promover la internacionalización de su investigación. Cuarto, la aparición de la educación a distancia y el creciente uso de internet para la docencia y la investigación gracias al auge de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (ntics). Quinto, la tendencia de las instituciones académicas a formar asociaciones con instituciones localizadas en otros países, la creación de campus fuera del país de origen y la franquicia de títulos y programas educativos. Sexto, la armonización de las estructuras de títulos, cursos, créditos, así como de los mecanismos de evaluación y medición del progreso académico.

En consecuencia, la dinámica actual de la internacionalización de la educación superior se relaciona con tres procesos en curso enmarcados en el capitalismo contemporáneo: primero, el papel cada vez más importante que asume el conocimiento a nivel global; segundo, un mercado de trabajo que requiere de personas cada vez más calificadas; tercero, el aumento de la interconectividad entre los productores y consumidores de conocimiento. (...)

En otras palabras, la internacionalización ha sido gestada en el marco de un orden económico mundial que ha otorgado al conocimiento un valor central y que, al mismo tiempo, ha comenzado a cercarlo, privatizarlo y, de manera consecuente, concentrarlo. En este contexto complejo, la internacionalización de la universidad afecta a múltiples dimensiones y actores (directos e indirectos) de la educación superior, sin constituir, por esta razón, un proceso homogéneo ni unidireccional. Ello ha derivado en la profundización del paradigma competitivo (o fenicio) de internacionalización al promover la comodificación de la educación y la privatización del conocimiento público. (...)

Aspecto destacado. La movilidad de estudiantes entre los países es una de las caras más visibles de los procesos de internacionalización. Entre los beneficios que reporta la movilidad, se encuentran el acercamiento entre diferentes culturas y su potencial para el mutuo reconocimiento y respeto entre pueblos y naciones, el intercambio de saberes de manera colaborativa en pos de resolver problemáticas puntuales, y la contribución a la producción de conocimiento. Al mismo tiempo, la movilidad internacional también implica ganancias materiales, tanto para los Estados como para instituciones de educación superior, sobre la base de los recursos que se obtienen con las matriculaciones y la provisión de otro tipo de “servicios educativos y académicos”, así como de los gastos derivados del consumo de estos grupos movilizados.

Entre los problemas del incremento de la movilidad para los países periféricos que detecta la literatura crítica sobre el actual proceso de internacionalización se destacan tres: la fuga de cerebros de estos países a otros con mayor grado de desarrollo relativo, la pérdida de soberanía nacional en los contenidos de los programas-currículums de los cursos de grado –así como el idioma en que se dictan– para hacer más atractiva la “oferta” de las instituciones, y el desarrollo de investigaciones que se alejen de la meta de brindar respuestas a demandas locales.

*Investigadora del Conicet. Autora de La Internacionalización de la universidad, Ediciones UNGS (fragmento).


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