5th de March de 2021
COLUMNISTAS OPORTUNIDADES EDUCATIVAS
08-05-2020 23:03

La valoración pedagógica

Andrea Pelliccia
08-05-2020 23:03

En Córdoba primero, y esta semana en la Ciudad de Buenos Aires, se planteó “no calificar” a los estudiantes. En su reemplazo, se hará una valoración pedagógica, más conceptual. En el caso porteño, los trimestres se extenderán a cuatrimestres, y finalizarán el 30 de junio con la debida devolución de la trayectoria realizada, fundamentalmente a distancia.

Esto exige, como primer punto, alejarse conceptualmente de la evaluación como sinónimo de medir resultados desde una mirada cuantitativa, para correr el foco hacia la evaluación para el aprendizaje, que evidencia cómo aprendemos a aprender, qué concretamos y con qué proceso. El equipo docente que en estos dos meses no haya evaluado el impacto de las dinámicas diarias y/o semanales con los estudiantes, y mejorado decisiones en función de ello, lleva perdido mucho tiempo valioso para la meta de generar impacto significativo.

La evaluación es la herramienta que nos permite acompañar al alumno y, desde la mirada del docente, dar rumbo y orientar el aprendizaje: brindarle feedback y volver a nutrir el proceso del estudiante. No evaluamos para seleccionar o filtrar, sino para construir. Desde esta perspectiva, hay que darle un rol central al alumno.

Las devoluciones que surgen en este período ayudan a los estudiantes a asumir su responsabilidad con su propio aprendizaje: conocerse, saber dónde están posicionados, sus debilidades y fortalezas, y cómo avanzar. Bajo esta lógica, estamos trabajando su autonomía como persona. Pensando en la virtualidad, requerimos que el proceso de evaluar permita al docente tener una comunicación fluida con el alumno. El feedback de este tipo tiene que ser oportuno y personal, y muy regular. No podemos pensar que sea efectivo si lo creemos un cúmulo de apreciaciones cualitativas que se den el 30 de junio.

En este período es clave evaluar habilidades y competencias horizontales y comunes a todas las áreas de conocimiento: capacidad de autogestión, fortalezas para priorizar, anticipar, ponerse en disponibilidad para aprender, aptitud para la comunicación de forma efectiva. Todo esto es prioritario, más allá de los contenidos de cada disciplina.

Por lo antedicho, nos es esencial evaluar el quehacer del estudiante en la virtualidad, en circunstancias individuales y grupales, en torno a los objetivos teóricos y actitudinales del plan trimestral. Claramente resultan poco efectivos instrumentos como los cuestionarios, que pueden responderse con una consulta en Google.

El modo de evaluar implica ofrecer criterios claros y concretos compartidos de antemano con el alumno para favorecer la retroalimentación formativa como elemento esencial. Sin duda, esto requiere tutorear de manera cercana a cada estudiante y una metodología que documente exhaustivamente esas retroalimentaciones.

Instrumentos como rúbricas y listas de chequeos para una autoevaluación están mucho más alineados a la modalidad de trabajo actual, así como ofrecer espacios de portafolio para que cada estudiante pueda dar cuenta de su aprendizaje a su modo, con su estilo.

Para llegar a la valoración pedagógica del 30 de junio, hoy todos los equipos docentes deberían tener ya bien delimitados los objetivos de aprendizaje adaptados con indicadores de progresión específicos, que estén acompañando la trayectoria del alumno en las diferentes áreas, hagan visible el proceso personal del estudiante y tomen la evaluación como una herramienta para seguir ajustando el camino.

No olvidemos que el aprendizaje está cruzado por sentimientos y realidades subjetivas muy singulares, y si hay algo que esta pandemia nos enseña a respetar al niño en un contexto muy demandante. Resaltar lo personal y darle lugar al vínculo afectivo será la base de cualquier aprendizaje, y de cualquier intento de valoración de aprendizajes.

*Mag. en Tecnologías Aplicadas a Educación. Miembro de Nueva Educación.

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