miércoles 20 de octubre de 2021
COLUMNISTAS Laboratorio de gobernabilidad
30-08-2020 01:32
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Si nos organizamos, traemos a Messi

30-08-2020 01:32

Los de la revista Time habían entendido todo, cuando allá por junio nos pusieron en la lista de los países con mejores estrategias frente al coronavirus, pero lo hicieron así: “A good start, challenges ahead”. Bueno, ahora recontra estamos en la parte de los “challenges” que estaban “ahead”, con escalada de casos a nivel nacional, fallecidos también subiendo de nivel semana tras semana, la gente en la calle haciendo caso a las recomendaciones sanitarias hasta ahí mientras los acuerdos de la conducción política de la crisis penden de un hilo o se fueron al diablo según con quién hables.

De todas maneras, nadie nos quita el “good start”, que de hecho nos mantiene todavía en niveles bajos de muertos por millón de habitantes comparado con la región y el mundo, aunque es cierto que se nos llena la cuarentena de preguntas al pensar en los próximos meses que redondearán los resultados hasta llegar a la vacuna yankee, inglesa, china o rusa.

Todo se vuelve un poco más dramático cuando el objetivo de máxima de la situación económica a esta altura es conseguir aunque sea un rebote que nos deposite en el punto de partida prepandemia que era la crisis nuestra, aquél mix del palazo que dejó Cambiemos con los quilombos históricos de inflación crónica y escasez de dólares que siempre nos distraen de pensar un rumbo productivo duradero que pueda bajar la pobreza posta en el siglo XXI.

Más allá de los momentos psicóticos de ex presidentes que ven golpes de Estado o de intendentes que preveían que todo explotaba en agosto o de los que decían que ahora las hordas no vendrían por los supermercados sino por los hospitales, vale la pregunta de hasta dónde aguanta la red de organizaciones sociales y ayuda estatal que tan bien absorbió las megacrisis de la gestión de Mauricio Macri sin que hubiera derivas a la 2001.

Compras pulga. El saqueo por ahora es sobre las reservas del Banco Central. Esta semana el Gobierno salió a vender bonos e hizo  bajar de $134 a $ 124 el llamado contado con liquidación, la cotización que surge de comprar bonos y acciones en pesos para obtener luego divisas acá o en el exterior. Así, la brecha respecto del oficial que está en $ 78 se achicó a menos del 80% y es posible que cuando se le termine de poner el gancho a los papeles del arreglo de la deuda esa estrategia se profundice.

El tema es si esa hoja de ruta frena en algún momento la fuga del dólar ahorro, mientras el blue cuevero sigue más cerca de $ 140. En julio 3,9 millones de personas se llevaron de a US$ 200 cada una más  de US$ 740 millones. En este agosto ya se fueron más de US$ 840 millones que adquirieron cerca de 5 millones de ahorristas como mi suegra o mi mamá. Si eran todos socios de un mismo club, pagaban la cláusula de rescisión de Messi. Pero ojo, las reservas netas del Central alcanzan como mucho para 10 cláusulas del crack.

La discusión en la conducción económica por ahora se resolvió en favor de la posición del ministro de Economía, Martín Guzmán, de no restringir más el acceso popular a las divisas y a lo sumo introducir incentivos para que las dejen en el banco y no las lleven al colchón que en realidad son esas cajas fuertes que se esconden detrás de los enchufes, siempre furor en las ferreterías.

Son horas de definiciones porque desde el martes habrá otra ola de argentinos que no perdieron ingresos, aburridos en sus casas, dándole y dándole a la solapa de “compra de moneda extranjera” en los homebankings al verde vivo. Mejor que habiliten alguna actividad al aire libre con barbijo para dejar de pensar en quién de la familia todavía no usó el cupo. El jefe del Banco Central, Miguel Pesce, dijo esta semana que el tipo de cambio es competitivo y que no es opción una devaluación más fuerte que la que se viene haciendo pasito a pasito, suave-suavecito y acumula más del 23% en el año.

Léase también: Pesce preferiría antes restringir la cantidad del bien demandado que su precio, pero por ahora aguanta. Al mismo tiempo, en el Gobierno también hay alguna medida en estudio para aumentar la oferta de divisas desde el campo, que está aportando menos de lo esperado. Aparecen en el escenario ideas sobre seguros antivandalismo para los granos en silobolsas, un instrumento que podría darle al Gobierno un mapeo del stock sin vender que le permita ofrecer baja de retenciones direccionadas a cambio de una mayor liquidación. También nos orinan los elefantes: hay una sequía padre de la que en la Ciudad nos enteramos cuando se llega a ver fuego cerca de la cabaña de Damián De Santo en Córdoba. Todos cruzan los dedos para que la lluvia de estas horas aunque sea ayude a evitar que crezca el problema al menos en su faz económica.

Afortunados. A todo esto, el mundo corporativo argentino se reparte por un lado entre los que creen que Venezuela is coming ya sea por el decreto que declara las telecomunicaciones como servicio público; porque el Presidente se vetó a sí mismo dos artículos de la ampliación del presupuesto con los que buscaba negociar inversiones, deudas y tarifas con las eléctricas y ven ahí la mano del devidismo energético que resurge dentro del Gobierno; o porque sobreactúan la reacción ante la presentación del impuesto a las grandes fortunas, que es por única vez, en una crisis sin precedentes y con asignación específica.

A propósito del aporte extraordinario propuesto por el Frente de Todos, si se impone el criterio de “nacionalidad” de los contribuyentes lo van a tener que pagar incluso los que se radicaron en Uruguay, como Marcos Galperin. Además, como quedan alcanzados los patrimonios desde $ 200 millones, zafan los que dividieron su riqueza entre sus hijos y quedan por debajo. Como Cristina Kirchner. Ojo, la vicepresidenta puede convertirse en la principal amenaza a la ley, si repite las escenas de semecantismo explícito que protagonizó esta semana, cuando le dijo al senador Martín Lousteau que podían cambiar a su antojo y sobre la hora el proyecto de reforma judicial, porque total la oposición iba a votar en contra.

Y por otro lado, están los laboratorios, eje central de la gobernabilidad en la pandemia. Renovaron acuerdos para congelar precios para el PAMI hasta octubre y aceleran los ensayos clínicos y la fabricación en el país de una vacuna para el Covid-19 que comprarán los Estados. Mientras tanto, le aplicaron en julio y agosto a todos los medicamentos de venta libre o bajo receta aumentos de hasta tres veces la inflación mensual. Es un descongelamiento brutal después de una rebaja inicial como gesto al Presidente. No parece que necesitaran recuperar terreno. Sólo en el primer trimestre de este año facturaron 65% más que en el mismo trimestre del año anterior. En todo 2019 ya habían facturado 71% más que en 2018. Datos del Indec.