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domingo 6 enero, 2019

Volver visible lo invisible

Más allá de lo convulsionado de la realidad y de sus grietas, la humanidad evoluciona sin que nos demos cuenta: crece la esperanza de vida, las vacunas nos protegen y hay menos pobreza extrema.

Guadalupe Nogués*

Crece la esperanza de vida, las vacunas nos protegen y hay menos pobreza extrema. Foto: Cedoc

En estas fechas aparecen casi inevitablemente los balances. ¿En qué basarlos? ¿En lo que sentimos o percibimos? ¿O en los hechos, en eso que solemos llamar la “realidad”?

Podemos tomar la decisión que queramos, según el tipo de balance que nos interese hacer, pero seguramente coincidiremos en que lo importante es tener claro si nos estamos basando en hechos o en percepciones.

 Nuestras mentes distorsionan la manera en la que vemos el mundo. Esto no es necesariamente bueno o malo, sino más bien necesario. Entender es procesar el mundo a través de nuestra experiencia y estructuras cognitivas, y esas estructuras no fueron talladas por la evolución para representar perfectamente el entorno, sino para hacerlo de una manera que nos permitiera sobrevivir.

Una de esas distorsiones es que nos llama más la atención algo que ocurre que algo que no ocurre.

Otra es que nos llama más la atención algo que es distinto de lo “normal”, de lo frecuente. Si ocurre una tragedia y cae un avión con pasajeros, la noticia ocupa los portales del mundo. Eso es lo “visible”, y es tanto más llamativo cuanto más extraño se vuelve que un avión se caiga. Lo “invisible” son los millones de aviones que no se caen.

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La pobreza extrema disminuye drásticamente.

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Pasa algo similar con muchos indicadores de bienestar de la humanidad. Si nos basamos en nuestras percepciones, creencias o emociones, quizá pensemos que todo tiempo pasado fue mejor. Intuitivamente (¿y culturalmente?) tendemos a notar lo malo, a lamentarnos de lo mal que está todo. Pero si buscamos datos concretos, la conclusión es exactamente la opuesta: el mundo nunca estuvo mejor que ahora. Avanzamos, en general, y sin que esto niegue retrocesos locales. Solo que eso se naturaliza y dejamos de verlo. Se vuelve “invisible”.

Mejoras. La verdad, que conocemos bastante bien, es que la mayoría de los parámetros que se toman en cuenta para ver cómo está la humanidad muestran mejoras a lo largo del tiempo. Si hacemos a un lado los hechos y nos basamos, involuntariamente, en lo que nos parece que ocurre, en las emociones que nos provocan temas como la pobreza o la mortalidad infantil, en las distorsiones mentales que mencionábamos antes, nos equivocaremos. Estaremos cayendo así en lo que se suele llamar como posverdad.

Un cambio enorme: en las primeras décadas del siglo XIX 40% de los niños moría antes de cumplir 5 años. Hoy ese valor es cercano al 4%

Generalmente, cuando se habla de posverdad en los medios, se considera que es una situación generada intencionalmente por grupos de poder que buscan instalar narrativas para su beneficio. Pero esto no es siempre así. De hecho, muchas veces somos nosotros mismos los que, por descuido o confusión, caemos en la posverdad. Por eso, quizá es conveniente distinguir la posverdad en dos facetas distintas: la posverdad casual y la posverdad intencional.

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Cae la mortalidad infantil.

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Veamos cómo está el mundo, basándonos en datos. La información que se menciona acá proviene de Our World in Data (https://ourworldindata.org/), un sitio muy útil y accesible que presenta información actualizada sobre las condiciones de vida de la humanidad.

Mortalidad infantil. Respecto de la mortalidad infantil, nunca antes fue tan probable como ahora que un niño pudiera sobrevivir sus primeros 5 años de vida. Este enorme cambio se logró en los últimos 200 años: mientras que en las primeras décadas del siglo XIX un 40% de los niños moría antes de cumplir 5 años, hoy ese valor es cercano al 4%.

Que la enorme mayoría de los niños pueda sobrevivir su primera infancia es un enorme logro, pero está invisibilizado, porque hoy es lo normal.

De manera similar, la esperanza de vida nunca antes fue tan alta como ahora, y esto no se explica solo por disminución de mortalidad infantil: hace no tanto, se esperaba que una persona de 50 años pudiera vivir dos décadas más, pero ahora ese valor es de 33 años. A pesar de algunas desigualdades entre países ricos y pobres, hoy ningún país del mundo tiene una esperanza de vida menor de la de los países que en 1800 tenían la mayor esperanza de vida. Otro logro invisible.

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Aumenta la expectativa de vida.

 

Además, nunca antes fue menor la pobreza en el mundo. La proporción de personas que viven en pobreza extrema está disminuyendo rápidamente, y en las últimas décadas, a pesar del gran incremento en la población mundial, el número absoluto de personas que viven en la pobreza desciende rápidamente.

Es cierto que no todo está perfecto e incluyo hay indicadores que están empeorando. Hay que resolver temas urgentes como el cambio climático

Capítulo aparte para las vacunas, quizá uno de los grandes ejemplos de beneficios invisibles. Cuanto más vacunados estamos, y nunca estuvimos como humanidad más vacunados que ahora, menos se ven las enfermedades que las vacunas previenen, lo que colabora con que parezca que no son tan importantes. ¿Para qué vacunarnos contra el sarampión si ya casi no hay sarampión? Pero, si dejáramos de vacunarnos, el sarampión volvería rápidamente. Por eso, se suele decir que las vacunas son “víctimas de su propio éxito”. En otro eje importante de la salud, nunca antes hubo tantas personas con acceso a agua segura, y esto está aumentando tanto en número absoluto como en proporción.

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¿Y la educación? En 1800 solo un 12% de la población mundial estaba alfabetizada. Hoy ese valor es del 85%. Nunca antes hubo tanta proporción de personas que pueden leer y escribir. Históricamente, las mujeres reciben menos educación que los varones, pero la paridad está aumentando en todas las regiones, y en algunos casos ya llegó al máximo.

Sí, es cierto que no todo está perfecto, e incluso hay indicadores que están empeorando. Nos falta resolver muchos problemas urgentes como el cambio climático, o la epidemia de obesidad y el sedentarismo. Pero somos más conscientes de lo que está mal. Eso es visible, mucho más visible que todo lo que está bien.

 

Hay mucho que, como humanidad, ya logramos. Para no caer en la posverdad casual, y para poder ocuparnos realmente de aquello que falta mejorar, necesitamos poder rescatar lo que no estamos viendo, lo que queda "invisibilizado" porque se naturalizó.  

Necesitamos volver visible lo invisible.

Doctora en biología, docente y comunicadora.

 


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