La desaparición y muerte de científicos en Estados Unidos encendió alarmas en ámbitos de seguridad nacional, luego de que un ex jefe del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) planteara la posibilidad de un complot impulsado por potencias extranjeras. Las advertencias surgen a partir de una seguidilla de casos registrados en menos de un año y que involucran a especialistas vinculados a tecnología sensible.
Chris Swecker, ex subdirector de la División de Investigación Criminal del FBI, sostuvo que el aumento de científicos desaparecidos o fallecidos en circunstancias confusas no puede analizarse de manera aislada. Según explicó, varias de las víctimas tenían acceso a información clave en áreas como energía nuclear, propulsión de misiles y tecnología espacial.
El primer foco de preocupación se centra en el perfil de los afectados. En apenas diez meses desaparecieron sin dejar rastro un general retirado de la Fuerza Aérea, una científica de la NASA y empleados de uno de los principales laboratorios nucleares del país. Para Swecker, el patrón es “inquietante” y merece una investigación federal unificada.
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Aunque hasta ahora no hay confirmaciones oficiales sobre una conexión directa entre los casos, el ex funcionario advirtió que, si las desapariciones estuvieran relacionadas, podrían responder a maniobras de espionaje, secuestro o incluso asesinatos selectivos. En ese contexto, reclamó una intervención más activa del FBI para evitar que los expedientes queden fragmentados en jurisdicciones locales.
Espionaje, ciencia y seguridad nacional bajo la lupa
Swecker explicó que la primera hipótesis que surge ante este tipo de episodios es el espionaje internacional. “Lo primero que se nos viene a la mente es el potencial espionaje”, afirmó. Y agregó: “Nuestros científicos han sido blanco de ataques durante mucho tiempo, especialmente en el área de propulsión de cohetes, por parte de servicios de inteligencia extranjeros hostiles”.
Según el ex jefe del FBI, las agencias enemigas llevan décadas intentando sabotear programas estadounidenses de alta confidencialidad. “Esto viene ocurriendo desde la Guerra Fría”, recordó, y añadió: “Sobre todo cuando la tecnología nuclear y la tecnología de misiles empezaban a cobrar protagonismo”.

En ese marco, Swecker señaló que los métodos suelen ser para robar información crítica o eliminar a quienes la poseen. “Creo que incluso hemos visto casos en los que científicos nucleares han sido eliminados. Han sido asesinados”, sostuvo en diálogo con el Daily Mail.
Entre los países que podrían estar interesados en este tipo de tecnología, el ex funcionario mencionó a varios actores globales. “China, Rusia, Pakistán, India, Irán, Corea del Norte e, incluso, algunos de nuestros amigos tienen en la mira este tipo de tecnología", reveló.
Para Swecker, la gravedad del escenario radica en que muchas de las personas afectadas tenían acceso directo o indirecto a secretos de seguridad nacional. "Los adversarios extranjeros tienen como objetivo a individuos e intentan comprometerlos o sobornarlos. Por lo tanto, existen muchas maneras diferentes en que se produce el espionaje", explicó.
Los casos concretos que alimentan la sospecha
Uno de los episodios más sensibles es el del general retirado William Neil McCasland, de 68 años, desaparecido el 27 de febrero en Nuevo México. Según la información oficial, salió de su casa con un revólver calibre .38 y sin teléfono celular. McCasland supervisaba proyectos de investigación en el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea y, de acuerdo con Swecker, conocía secretos vinculados a armas nucleares y fenómenos aéreos no identificados.
Otro caso clave es el de la ingeniera aeroespacial Monica Jacinto Reza, de 60 años, desaparecida el 22 de junio de 2025 mientras realizaba senderismo en California. Reza había sido directora de un grupo técnico en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y fue creadora del Mondaloy, un metal utilizado en motores avanzados de misiles y cohetes. La financiación de su proyecto había sido supervisada por McCasland.
La tercera desaparición es la de Melissa Casias, de 54 años, empleada administrativa del Laboratorio Nacional de Los Álamos, vista por última vez el 26 de junio de 2025. Swecker subrayó que, por su función, probablemente tenía habilitación para acceder a información nuclear sensible, al igual que otros científicos del centro.

A estos casos se suma el de Anthony Chavez, ex empleado del mismo laboratorio, desaparecido en mayo de 2025 tras salir de su casa dejando su vehículo, su teléfono y sus pertenencias personales. El laboratorio no brindó detalles sobre el rol que cumplía ni sobre el nivel de acceso que tenía.
En paralelo, al menos cuatro científicos murieron desde mediados de 2024. Entre ellos figuran Nuno Loureiro, físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts asesinado a tiros en su casa; el astrofísico Carl Grillmair, vinculado a tecnología utilizada también en sistemas militares; y el investigador Jason Thomas, hallado muerto meses después de su desaparición. En todos los casos, las autoridades informaron que no se comprobó oficialmente un vínculo con espionaje extranjero.
Pese a ello, Swecker insistió en que el panorama general exige otra escala de análisis. "Esto debe ser investigado a fondo por el FBI, no por tres departamentos de policía locales diferentes", reclamó. Y concluyó: "La CIA son nuestros espías y el FBI son nuestros cazadores de espías. Esto tiene que ser una investigación proactiva por parte del FBI".
RV / EM