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OPINIóN / SOCIEDAD
miércoles 20 noviembre, 2019

La emergencia de los movimientos populares en las sociedades complejas

Existe un anhelo por la creación de un pueblo en devenir, basado en la unidad de la diversidad del género humano, que busca construir una comunidad política en democracia.

Raul D. Motta

Las protestas estallaron el 18 de octubre por el aumento del precio del metro, pero fueron en aumento para denunciar la desigualdad social. Desataron la violencia en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar y otras ciudades: 30 días de protestas que se saldan con 22 muertos, 79 estaciones del metro de Santiago atacadas o incendiadas, y casi 15.000 detenidos en todo el país. Foto: AFP/BLOOMBERG

Las sociedades complejas se caracterizan por la emergencia de problemas y desafíos cuya escala y dimensión es relativamente desconocida para las instituciones existentes, su evidencia se halla en la creciente ineficiencia e ingobernabilidad de las sociedades, por ejemplo, la crisis ambiental, la crisis del desarrollo con su desigualdad y exclusión ignominiosa, donde se revela la inhumanidad de la humanidad.

En este contexto, también es posible advertir la reaparición de un sujeto portador de un malestar por momentos irascible y de compleja comprensión por sus contornos difíciles de determinar en su dinámica global. Un sujeto colectivo que atraviesa fronteras y continentes sin dejar de manifestar sus intereses y singularidades locales.

Desde Chile, Bolivia y Ecuador, pasando por Francia, Medio Oriente, Rusia y Hong Kong, este flujo popular dislocante y dislocado despista a políticos y expertos de distintas latitudes por igual. Variados síndromes afectan a la política de hoy: planetarización económica, ecológica y social, revolución incremental de la información y del conocimiento, resurgimiento de identidades étnicas y culturales excluidas, devaluación de las ideologías revolucionarias, crisis de legitimidad de los partidos políticos y sindicatos, degradación de las democracias y catástrofes económicas anunciadas.

Las sociedades complejas, a partir de los '70 abandonaron el modelo industrial creado en el siglo XIX, renegaron de términos como “masa”, proletariado, clase obrera, pueblo, para referirse a una multiplicidad emergente y heterogénea con liderazgos borrosos: “los muchos” que en su mayoría son pobres. Las élites amenazadas por su virulencia los estigmatizan como “chusma” o “turba”, o como fue público recientemente como “alienígenas” por lo que es preciso contenerlos con un conjunto de soluciones improvisadas o finalmente, reprimir su aparición siempre inoportuna.

"Creo que en estos movimientos populares también existe un anhelo por la creación de un pueblo en devenir, basado en la unidad de la diversidad del género humano, que busca construir una comunidad política en democracia".

Un observador inteligente sobre aquella sociedad industrial hoy en ruinas, Alexis de Tocqueville, en 1850 escribió: “...veo una muchedumbre inmensa de hombres semejantes e iguales, que giran sin cesar sobre ellos mismos para procurarse placeres pequeños y vulgares con que llenar su alma. Cada uno de ellos, apartado de los demás, es ajeno al destino de los demás, es ajeno al destino de los otros: sus hijos y sus amigos constituyen para él toda la especie humana; está cerca de sus ciudadanos y de sus vecinos, pero no repara en ellos, los roza sin sentirlos; no existe más que en sí mismo y para sí, y si todavía le queda una familia, puede decirse que ya no tiene patria. Por encima de esa masa se alza un poder inmenso y tutelar que se encarga exclusivamente de garantizar los goces de todos y controlar su destino. Es absoluto, detallado, regular, previsor y suave”.

Pero hoy resulta que ese poder “inmenso”, “absoluto”, “previsor” y “suave” que es el estado burgués al que se refiere Tocqueville se desmorona o entra en procesos inciertos de fallas persistentes desbordados por catástrofes sociales recurrentes y mafias organizadas. Según analistas contemporáneos esta muchedumbre tiene varios nombres: redes sociales informales, queer, maras o salvatruchas, movimientos sociales, emigrados, exiliados y refugiados, desempleados, precarizados, los sin tierra, indígenas en desacato, nuevos y viejos entenados, etc.

Sin embargo, no creo en la falsa elección entre participar en la clausura imaginaria de los guetos identitarios o en el culto al individuo posesivo enamorado de sí; por el contrario, creo que en estos movimientos populares también existe un anhelo por la creación de un pueblo en devenir, basado en la unidad de la diversidad del género humano, que busca construir una comunidad política en democracia, como solidaridad organizada siempre precaria, para vivir dignamente y enfrentar los desafíos que amenazan el futuro de la humanidad.

(*) El autor es investigador del IDICSO/CONICET y Director de la Cátedra Itinerante UNESCO “Edgar Morin” (CIUEM), ambos de la Universidad del Salvador, Argentina.


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