OPINIóN
ANÁLISIS

Oppenheimer y The Covenant: dos películas sobre la deuda moral

En la película de Christopher Nolan el sentimiento de deuda moral surge en la conciencia posterior al mal infligido. En la de Guy Ritchie lo hace por el extraordinario bien recibido.

Oppenheimer 20230719
Oppenheimer, la película escrita y dirigida por Christopher Nolan | Europa Press

Ya había publicado un micro ensayo acerca de si la reciprocidad es una virtud , cuando tuve la oportunidad de ver estas dos nuevas películas de 2023: Oppenheimer de Christopher Nolan y The Covenant de Guy Ritchie. Y como suelo escribir sobre aquello que observo o me preocupa o inquieta no pude dejar de mirarlas bajo la lente de aquello que recién acababa de publicar.

El referido texto anterior indagaba -dando algunas vueltas y sin demasiadas conclusiones- acerca de si en el terreno laboral o de las organizaciones tenemos la obligación moral de actuar de modo recíproco. Es decir, si alguien hizo algo bueno por nosotros y eso que hizo podría no haberlo hecho ¿nos ubica el favor recibido en una situación de deuda moral?

La duda se planteaba a raíz del precepto cristiano de no esperar recompensa por el bien realizado. Una máxima que, si “la damos vuelta” daría lugar a una inferencia falaz, a un precepto contrario que rezaría: “no recompenses a quien te ayudó, porque no lo espera”. En el escrito se sugería que, en verdad, el precepto no nos está diciendo que no actuemos recíprocamente o que no seamos agradecidos -una forma de reciprocidad- sino que no tomemos venganza cuando alguien no lo es.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

El guiño a la Argentina en la película “Oppenheimer” 

The Covenant

En el caso de la película The Covenant (Amazon Prime Video) el planteo es muy claro. Sin palabras explícitas se pacta algo sagrado entre John Kinley, un sargento del ejército norteamericano y Ahmed, un afgano que habla varios idiomas y es contratado como traductor; a cambio, se le dará una visa de residencia en EEUU. Pero Ahmed hace más que traducir y salva dos veces la vida de Kinley; la segunda vez haciendo un esfuerzo sobrehumano. Esta acción “supererogatoria” en palabras de Immanuel Kant, deja la duda de si Ahmed es movido solo -y no es poco- por la esperanza de vivir lejos de los talibanes que mataron a su hijo o también por una enorme compasión.

Kinley, una vez en su hogar y totalmente recuperado no puede disfrutar de su familia, torturado internamente por la deuda contraída con Ahmed. Y es que la persona a quien le debe la vida está todavía en Afganistán y en peligro; por ello, decide hipotecar su casa y se pone en riesgo a sí mismo para salvar a Ahmed. El sí cumple el pacto -no así su país con los casi 300 intérpretes afganos contratados bajo la promesa fallida de una green card.

Oppenheimer

En Oppenheimer, la cuestión de la deuda moral aparece de un modo diferente. J. Robert Oppenheimer es caracterizado como un físico de la talla de Albert Einstein, Niels Bohr o Werner Heisenberg que, sin embargo, no tiene lo que podríamos llamar una “sensibilidad moral anticipatoria”.

El científico aparece en la película como alguien que, a pesar de tamaña inteligencia, solo toma conciencia del impacto de su pensamiento y sus decisiones personales y profesionales cuando literalmente le estallan en la cara -sea el intento de asesinato de su tutor, el suicidio de su amante o el alcance de los daños de la bomba atómica.

Su amigo, el físico y premio Nobel I. Isaac Rabi había conversado con él sobre las dimensiones morales de la construcción de la bomba, pero Oppenheimer parecía no escucharlo, quizás cegado por su ambición, quizás por cegado por esa inteligencia abstracta que podía predecir el comportamiento de las estrellas, pero no lo humano.

Claro está, en la película, que luego de palpar las consecuencias, Oppenheimer sí busca saldar su deuda moral con la humanidad. A diferencia de la película The Covenant, el sentimiento de deuda moral no surge por un bien recibido, sino por la conciencia posterior al mal infligido. Y Oppenheimer buscará compensarlo mediante campañas contra el uso de armas nucleares o la bomba de hidrógeno y dejándose castigar, casi sin defenderse, por el FBI y la Comisión de Energía Atómica.

Oppenheimer, el 'padre' de la bomba atómica: una eminencia con "las manos manchadas de sangre" 

Ambas películas, como tantas otras norteamericanas, coinciden en tomar el lugar de la conciencia moral de esa nación, haciendo un mea culpa por los estragos que producen las guerras y el protagonismo de ese país en ellas. Pero, volviendo al mundo del trabajo, nunca deja de sorprenderme que en muchas producciones audiovisuales de ese país en las que aparecen diversos funcionarios o empleados de distintas organizaciones (la policía, los hospitales, etc.) cuando algún personaje recibe un favor suele decir las líneas “I owe you” (quedo en deuda con vos) o también “it´s time to collect a favor” (es momento de cobrarse en un favor).

En The Covenant, esto es clave para la solución del conflicto planteado por la película. Sin embargo, entre nosotros, en nuestra cultura laboral u organizacional este fraseo y vocabulario me animo a decir que no se estila -o no existe. Será que en nuestra mentalidad local el sentido de la reciprocidad quizás se actúa más en el mundo privado que en el terreno laboral. ¿Nos sentimos en deuda con aquellos que “nos salvan la vida” en el trabajo? ¿Por qué será que la reciprocidad no constituye un comportamiento previsible en las organizaciones? ¿Es así? ¿Será que solo actuamos de modo recíproco y por ende de modo confiable con la familia y los amigos? Si estoy en lo cierto, esta característica idiosincrática resulta clave para entender nuestra sociedad, sobre todo si tenemos en cuenta que la reciprocidad es un tipo de vínculo social que facilita la construcción de bienes comunes- y el mundo del trabajo y la organización es uno de ellos. 

Ud. me disculpará, como en aquel texto que escribí antes de ver las películas, finalizo con más dudas que certezas.

*Dra. en Filosofía por la Universidad de Navarra e Investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina  (UCA).