Desde los años 90 en la Argentina se debate sobre la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP). Tras largas negociaciones y muchos proyectos de ley fallidos, en 2024 se logró aprobar una ley que contempla ese tipo de papeleta para elecciones nacionales. En un seminario brindado por el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) en conjunto con la Cámara Nacional Electoral (CNE), representantes de diversas fuerzas políticas argentinas se reunieron para dar su opinión y sus proyecciones hacia las elecciones presidenciales de 2027 con este método.
Teniendo ya la experiencia de las pasadas elecciones legislativas de 2025, los argumentos a favor y en contra toman otra connotación, ya no se trata de supuestos sino de un análisis empírico. A pesar de que algunas ideas suenan más a convicciones negadas a profundizar en la realidad, otras evidencian la intención de mejora de la ley, sobre todo en vistas de los próximos comicios.

La implementación de la Boleta Única de Papel empezó a ser leída como un punto de inflexión en el sistema electoral argentino. “No tengo dudas de que es un cambio enorme, un antes y un después”, planteó Diego Santilli, en línea con quienes ven en la reforma un salto de calidad institucional.
Pero del otro lado, la definición fue mucho más cruda, “resolvimos un problema que no teníamos”, comenzó Sebastián Galmarini, diputado de la Nación por la provincia de Buenos Aires.
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El representante de Fuerza Patria aseguró que los números demostraron el drástico aumento de votos en blanco y nulos, al igual que el ausentismo. Esto último lo relacionó con el desconocimiento del electorado de los candidatos a los que va a votar. “No le podemos transferir el conocimiento de esta reunión [en referencia al seminario] al electorado que está frustrado y desencantado de la política”.

Por el contrario, Silvia Lospennato, legisladora por la Ciudad de Buenos Aires, refirió que la sociedad pidió ese cambio, y que luego de años de intentos, el gobierno de Milei se lo pudo otorgar. “La sociedad legitimó la boleta única papel en 2025. Cuando vieron que no se hacía campaña repartiendo comida y boletas, la eligieron”.
Para sus impulsores, la reforma no fue técnica sino estructural. “La Boleta Única de Papel cambió absolutamente el panorama de las elecciones argentinas”, sostuvo la legisladora. Patricia Bullrich, senadora de la Nación por la Ciudad de Buenos Aires, destacó la eliminación del robo de boletas, la simplificación logística y la posibilidad de garantizar toda la oferta electoral en una sola papeleta.
En esa línea, la defensa no se limitó a lo operativo. “La democracia funciona mejor con reglas simples y transparentes”, resumió la representante de La Libertad Avanza.

Sin embargo, las críticas apuntaron a que ese salto no resolvió problemas concretos y, en algunos casos, generó nuevos. “La BUP apareció como una solución mágica y hoy estamos más cerca de analizar promesas incumplidas que soluciones reales”, cuestionó Galmarini.
Entre los señalamientos a los que Daniel Bensusán, senador nacional por La Pampa, adhirió, aparecieron el aumento de costos, los conflictos judiciales y las dificultades operativas que obligaron, en algunos casos, a reimprimir boletas con intervención del Estado.
“Fui un candidato sin campaña porque no tenía boleta para mostrar”, graficó Galmarini. Además, hizo referencia al escándalo de Espert, previo a las elecciones de 2025, lo cual citó como un ejemplo de mayor carga a la Justicia y al Estado en materia económica por la necesidad de reimprimir boletas. Esto resultó llamativo, ya que es de público conocimiento que, en su mayoría, los materiales de campaña ya producidos no fueron reemplazados.
De todos modos, desde ambas posturas, la discusión gira en torno a los problemas que genera, o en su defecto solucionó, la Boleta Única, por sobre si el sistema funciona o no.

Para sus defensores, la BUP cerró definitivamente la puerta a prácticas como el robo de boletas y ordenó el proceso electoral bajo reglas más claras.
Pero del otro lado la mirada es distinta. “A mí no me suena más transparente”, retrucaron los opositores, resaltando sus sospechas respecto de la velocidad con la que se entregaron los resultados en 2025, apuntando contra la posible manipulación de los mismos.
El problema del sistema político
Más allá de lo operativo, el eje real del debate debería darse en un terreno más profundo y sensible, el del sistema político. “El sistema de partidos está quebrado”, sintetizó Bullrich, al describir un escenario de fragmentación creciente, proliferación de partidos poco representativos y dificultades para construir identidades políticas consistentes.
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Uno de los cambios más señalados fue la eliminación del efecto arrastre, que durante años permitió que candidatos se vieran beneficiados por la tracción de votos de figuras más reconocidas. Para Lospennato, ese punto marca un avance en términos de libertad de elección y fortalece la decisión individual del votante.

Sin embargo, la contracara aparece en la dinámica del sistema de partidos. La fragmentación de la oferta electoral, que ya era una tendencia previa, no sólo se mantuvo sino que, según distintos análisis, se volvió más visible en un esquema donde cada categoría compite con mayor autonomía.
En ese contexto, el senador Maximiliano Abad advirtió sobre la necesidad de pensar la reforma en un marco más amplio. “Estamos viviendo un momento de desconfianza en las instituciones”, planteó, y remarcó que cualquier cambio electoral debería contemplar también su impacto en la representación política.
Desde una mirada más territorial, el juez federal Alejo Ramos Padilla puso el foco en cómo estos cambios se traducen en la práctica. La experiencia reciente —marcada por calendarios ajustados y definiciones de último momento— dejó en evidencia que no todos los escenarios son comparables y que la organización en cada provincia puede alterar significativamente el funcionamiento del sistema. “La posición política es válida, pero también hay que ver cómo impacta en el territorio concreto”, argumentó el letrado.
En paralelo, Bullrich apuntó contra el funcionamiento actual del sistema de partidos argentino. “La cantidad de partidos que tenemos precariza la democracia”, sostuvo, al señalar que la proliferación de sellos muchas veces responde más a la necesidad de sostener estructuras políticas que a una representación real del electorado. “Es el cementerio de los muertos vivos”, dijo la senadora en referencia a que hay partidos que ya no representan nada, pero siguen existiendo, como el FREPASO o la UCD.
Sobre las PASO
En paralelo, la discusión sobre la Boleta Única reactivó el debate sobre el futuro de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Lejos de haber consenso, las posiciones mostraron matices incluso dentro de los mismos espacios.
La legisladora Lospennato planteó que el debate es válido, pero debe darse con claridad sobre sus consecuencias. “Hoy no es claro para qué se eliminarían”, advirtió, y puso el foco en su función original. “Las PASO vinieron a resolver mecanismos de democracia interna. ¿Cuál es la alternativa para garantizarla?”, preguntó.
Más matizada fue la postura de Sebastián Galmarini, quien reconoció limitaciones en su funcionamiento actual, pero defendió su valor dentro del sistema. Señaló que el principal aporte de las PASO es el de brindar información al electorado dándole tiempo a conocer a los candidatos bajo la idea de las “3 vueltas” -conformadas por la PASO, la elección general y el ballotage-. “Eliminar las PASO es no saber a dónde vamos y no saber cómo elegir candidatos”, advirtió.
En ese sentido, planteó que el debate no debería centrarse únicamente en su eliminación, sino en cómo mejorar su funcionamiento y fortalecer las reglas de juego.
El juez Ramos Padilla puso el foco en el impacto concreto de estas decisiones y recordó que en 2025 la discusión sobre la suspensión o no de las primarias se extendió hasta último momento en la provincia de Buenos Aires, obligando a modificar reglas sobre la marcha. “No podemos volver a pasar por un calendario tan ajustado”, advirtió.
En ese contexto, PERFIL trasladó una pregunta al panel, ¿hay consenso en eliminar la obligatoriedad de las PASO?
La respuesta fue negativa. Desde el peronismo, el senador Bensusán opinó: “La A y la O van juntas”, al advertir que no es viable sostener un sistema abierto sin reglas claras de pertenencia partidaria. Como alternativa, dejó abierta la posibilidad de que la no obligatoriedad pueda aplicarse en casos de listas únicas.
En la misma línea, Galmarini fue más tajante al cuestionar la capacidad de algunos espacios para sostenerse sin ese esquema. “En La Libertad Avanza no saben ni quiénes son sus afiliados”, afirmó, y advirtió que sin elecciones internas abiertas no tienen la capacidad de elegir al mejor candidato sin miedo a ser “invadidos” por otros espacios.
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Por su parte, Lospennato planteó una posición intermedia y no descartó revisar la obligatoriedad de las PASO para el electorado, al considerar que, si bien las elecciones hacen a la vida democrática, no necesariamente todos los ciudadanos deberían estar obligados a participar en la definición de candidaturas de fuerzas políticas en las que no participan activamente.
Con la reforma ya en marcha, el consenso es que el debate está lejos de cerrarse. Ajustes en el diseño, cambios en las primarias y una discusión más amplia sobre el sistema de partidos empiezan a asomar en la agenda.
La Boleta Única de Papel, que nació como solución a problemas concretos, terminó abriendo una discusión más profunda, no sólo cómo se vota, sino qué tan representativo es el sistema político que organiza esa elección.
RG