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CULTURA / narrativa, ensayo, futbol: golazo editorial
sábado 12 mayo, 2018

Los libros no se manchan

Con plumas tan célebres como Fontanarrosa, Sasturain o Soriano, la tradición de libros sobre fútbol se renueva en nuestro país con escritores que nutren el género con una original estrategia narrativa.

Ariel Hendler

Con plumas tan célebres como Fontanarrosa, Sasturain o Soriano, la tradición de libros sobre fútbol se renueva en nuestro país con escritores que nutren el género con una original estrategia narrativa. Foto: GET

Basta entrar a cualquier librería para advertir que los libros sobre fútbol tienen un espacio cada vez mayor y una ubicación privilegiada, mucho más acorde con el lugar que la pelota ocupa en nuestra sociedad que con las condenas de Borges y Jota Jota Sebreli. De hecho, a pesar de que en nuestro país la producción libresca sobre deportes en general no tiene aún un volumen significativo, es evidente que su visibilidad al menos va en aumento.

Por lo pronto, el editor del Grupo Planeta, Rodolfo González Arzac, anuncia que varios títulos recientes de esa editorial ya vendieron cerca de 15 mil ejemplares, como Yo, el Bocha, la autobiografía de Ricardo Bochini (integra una serie dedicada a viejos ídolos que ya está por llegar a la decena de libros); Pelota de papel, antología de cuentos escritos por futbolistas (de la que se acaba de publicar un segundo volumen), o Los 15 escalones del liderazgo, de Javier Mascherano, orientado a la cultura empresarial; y se espera algo parecido del Atlas de camisetas, una historia visual de los colores que identifican a los clubes argentinos.

Pero, quizás, lo más interesante de este fenómeno es la posibilidad siempre latente –y muchas veces cumplida– de que aparezcan libros cuya calidad y alcance exceda el target para ser simplemente buenos libros, bien escritos y con buenas historias, ya sean reales y de ficción. Como el caso de Este soy yo (Planeta, 2017), la autobiografía de Claudio “el Turco” García, un ídolo atorrante  y carismático de Racing en la década del 90, que en años recientes fue noticia por su adicción a las drogas y su posterior recuperación.

Pero José Esses, el escritor que trabajó el texto, consiguió mostrar al ex delantero criado en Villa Fiorito con un rostro muy humano y entrañable, incluso para quienes lo recuerdan solo por su estilo pendenciero. “El Turco es alguien que se anima a contar su derrota y sus miserias más grandes; hasta cómo compraba merca en las villas y otras cosas que jamás va a revelar ningún futbolista. Yo mismo desgrabé todas las entrevistas para encontrar la voz del personaje desde su forma de hablar: los chistes, giros, énfasis y excesos verbales, y no quise agregarle nada supuestamente literario para no quitarle contundencia”, explica Esses, consciente de que la historia que tuvo entre manos excedía el corsé de un libro-souvenir para hinchas.

Pero la pelota también se mancha con las grietas de la sociedad y la política. Por caso, el periodista Gustavo Grabia, experto en temas de violencia en el fútbol, publicó recientemente Asalto al Mundial (Sudamericana), en el que relata la historia sangrienta de las barras bravas que viajaron con la Selección en las sucesivas Copas del Mundo, incluidas sus batallas, negocios sucios y armisticios pactados al más alto nivel de las dirigencias deportiva y política. Sus revelaciones trascienden las tropelías cercanas en el tiempo de Hinchadas Unidas Argentinas y descubren un verdadero submundo de larga data, del cual las noticias policiales son apenas la punta más visible.

Grabia ya había escrito antes La Doce, sobre la barra brava de Boca (Sudamericana, 2009), texto canónico con varias reediciones y una historia de su hechura, propia del periodismo que asume riesgos, que también merece ser contada: “Los jefes de La 12 eran mis fuentes habituales, así que cuando me reunía con ellos les pedía que me contaran sus anécdotas, como en una charla entre amigos, sin decirles que era para un libro”, lo cual era por cierto una buena causa.

Géneros en crisis. Existen distintas versiones acerca de cuándo empezó la abundancia de libros sobre fútbol. Algunos estiman que fue hace 15 años, cuando los periodistas Julio Boccalatte y Marcos González Cezer crearon Ediciones Al Arco, sello independiente que empezó publicando libros de cuentos de autores como Ariel Scher, Walter Vargas y otros. Hoy suman un catálogo de casi un centenar de títulos que abarcan a diversos deportes y géneros entre la ficción y el ensayo.

“Muchos de nuestros libros son puertas de entrada a la lectura para mucha gente”, razona Boccalatte. De hecho, hasta el Ministerio de Educación de la Nación reconoció el valor de su trabajo y les encargó libros sobre los mundiales y el deporte olímpico para dar a leer en las escuelas. Sin embargo, la editorial se maneja aún en forma casi artesanal: “Seguimos con el mecanismo de utilizar la venta de cada libro para pagar la publicación del siguiente”.

También suele señalarse como impulsor de esta movida a Marcelo Panozzo, ex editor de Penguin Random House. “La única novedad fue que las editoriales por fin se ocuparon de este tema”, opina Panozzo, y destaca como rasgo distintivo de la producción más reciente “un cruce de nuevas estrategias narrativas, que redundó en una saludable hibridación de géneros y un crecimiento del territorio hacia zonas antes inexploradas”.

En tanto, el periodista Alejandro Wall opina que, desde hace alrededor de una década surgió “una nueva forma de escribir sobre el fútbol emparentada con la no ficción, que permite abordar la temática del fútbol de una forma más compleja, incorporando otras variables como la política, la sociedad y las relaciones humanas”. En tanto, Andrés Burgo, su colega y compañero en varios proyectos, describe también una necesidad: “Escribo libros con total conciencia de que el periodismo gráfico se está muriendo, es una forma de resistencia al cierre del papel”.

Wall narró en su primer libro, ¡Academia, carajo! (Sudamericana 2011), la alegría por el campeonato que ganó Racing en 2001 después de 35 años “en medio de un país que se caía pedazos, y mientras yo también estaba en la calle cantando que se vayan todos”. En la misma sintonía, Burgo plasmó en su primer libro, Ser de River en las buenas y en las malas (Aguilar, 2011), una crónica personal y agonística del descenso millonario a la B narrada desde la Zona Cero de la popular, ya que decidió expresamente evitar el “corralito” de los asientos de prensa.

Sin pausa ni para respirar, Burgo encaró la reconstrucción imposible del histórico choque Argentina-Inglaterra en México 86, para su libro El partido (Tusquets, 2016), a partir de los testimonios de una infinidad de coprotagonistas, actores de reparto, extras y espectadores: el mapa del mismo tamaño del país del que hablaba Borges, ante la imposibilidad de contar con el testimonio del protagonista excluyente –o al menos sin que hubiera oferta económica de por medio–. A su vez, Wall se dedicó por cuatro años a “perseguir la sombra” de un mito racinguista como el huidizo puntero derecho Oreste Osmar Corbatta, “el Loco”, y lo contó en Corbatta, el wing (Aguilar, 2016). Asegura que valió la pena.

Ambos autores, referentes indiscutidos de la generación posterior al grupo inicial de Ediciones Al Arco, también escribieron a cuatro manos la historia del doping de Maradona en el Mundial 1994 en El último Maradona (Aguilar, 2014). “Es la historia de un héroe que se equivocó”, admite Wall. El libro desentraña también el triste papel que jugó Julio Grondona, tironeado por su doble lealtad a la AFA y a la FIFA, con el resultado conocido. Y se publicó cuando éste aún vivía, como debe ser.

Pero también hay en este espectro un lugar para la mirada femenina, tal como lo demostró la escritora Sonia Budassi en su libro Apache (Tamarisco, 2010), recientemente traducido y publicado en China, sobre la odisea que le significó poder entrevistar a Carlos Tevez siendo mujer: “Los fenómenos del fútbol están rodeados de un machismo constitutivo, de modo que, a pesar de que cada vez hay más mujeres en él, nuestra mirada siempre va a ser descentrada, marginal y va a prestar atención a cuestiones que en general no se ven o no se muestran –explica–. Es decir que nuestro abordaje, más libre de los clichés, nos permite narrar con humor algunos códigos ‘machos’ que cuando lo señalás generan un efecto divertido y revelador”. Bienvenido sea.

Salir de la melancolía. La literatura de ficción sobre fútbol tiene sus bronces intocables, de modo que los nuevos autores tienen, también, una herencia que cargar y un parricidio literario –o varios– que consumar, aunque difícilmente alguien vaya a admitirlo. Basta considerar los quilates de la trinidad que conforman Fontanarrosa, Soriano y Sasturain más el refuerzo –con pasaporte del Mercosur– Galeano: apellidos que ni precisan el nombre y que conforman una línea de cuatro todavía bien firme aunque solo uno de ellos esté vivo.

“Hay que superar o darle una vuelta de tuerca al costumbrismo nostálgico del pago chico, el mundo de Campanella”, opina Mariano Hamilton, miembro del staff de la revista online Un Caño, que incluso cuenta con su propia colección de libros editada por Planeta. Uno de ellos es el volumen de cuentos Una historia del fútbol, de Pedro Saborido, que se publicó el año pasado y ya va por su tercera edición.

“Lo que hago es tomarme con distancia y humor esa pasión que en general se usa para vendernos cerveza o televisores. Escribo desde mi experiencia personal de haberme criado en Gerli y haber ido a ver a El Porvenir para pasar el rato. Es un mundo accesible, a la escala bien humana, que se presta a la fantasía y donde nadie va a pedir pruebas de verosimilitud”, explica el humorista, guionista y socio creativo de Diego Capusotto (y sus videos).

De sus relatos cortos y vertiginosos, con mucha más psicodelia “chabona” que nostalgia suburbana, vale como muestra el de Amílcar García Barrientos, el “mago de la telequinesis futbolística”, de quien se asegura que jugó en el “Porve” durante nueve fechas en 1975: “Era capaz de avanzar con la pelota sin tocarla y hacer volar a quien le saliera al cruce. Lo levantaba por arriba de su cabeza y lo dejaba caer detrás. ‘No lo tocó’, decía el árbitro ante el habitual reclamo de los rivales”. Creer o reventar.

Otro buen ejemplo de narrativa sin ningún corsé a la imaginación ni al humor es el flamante volumen de cuentos Puro chamuyo (Planeta), del periodista Miguel Bossio. Lo interesante de su narrativa es que parece surgida de las entrañas mismas de la gran maquinaria de ilusionismo que rodea al fútbol, y que él mismo conoce bien, al punto que su temática no se limita al juego en sí mismo, sino que engloba a todo el dispositivo de mediaciones que lo transforma en un producto de consumo multimedia.

Un buen ejemplo es el relato del “Chamu”, mediocampista ficticio y mediocre de la Selección cuya única virtud es su labia –origen de su apodo– para hacer declaraciones: “No había jugado ni un solo partido para 7 puntos pero encajaba perfectamente en el grupo. (…) Encima, después de haberlo visto en lo de Mirtha Legrand hablando tan bien de él, Messi lo adoraba: bienvenido al club de amigos”. De modo que ya tiene su lugar asegurado en Rusia 2018.

Después del Mundial, todo será otra historia.

 

Fútbol, dictadura y Mundial 78

Los tiempos oscuros de la última dictadura no son un tema que haya eludido, ni mucho menos, la literatura futbolera. Puede mencionarse la novela autobiográfica Pase libre (Síntesis Editorial, 2002), de Claudio Tamburrini, el filósofo y ex arquero que consiguió fugarse del centro clandestino de detención La Mansión Seré, entre varios otros.

Este año llegará a las librerías 78 Historia oral del Mundial (Sudamericana), de Matías Bauso. En sus 864 páginas se abordan, según anticipa el autor, temas poco frecuentados como la gestión organizativa del Mundial 78 y su costo sideral; la historia de la conformación del equipo desde la primera convocatoria de César Menotti y la vida cotidiana durante el certamen. Además, claro, del contexto político. “Un hecho curioso es que, si bien es habitual decir que el Mundial se usó para tapar otras cuestiones, también es cierto que gracias a él todo el planeta se enteró de lo que ocurría, ya que casi todos los canales extranjeros transmitieron las rondas de las Madres de Plaza de Mayo”, comenta Bauso.

Otro hecho ocurrido en 1978, pero el 25 de enero, motivó también un lúcido libro de investigación: El partido rojo (Planeta, 2017), del periodista Claudio Gómez. Se trata del histórico partido de vuelta de la final del Campeonato Nacional de 1977, en el que Independiente, con solo ocho jugadores, se consagró campeón frente a Talleres de Córdoba. Lo notable del libro es que no solo reconstruye el encuentro, sino también las tramas ocultas detrás de él, como la disputa entre los presidentes de ambos clubes (Julio Grondona y Amadeo Nuccetelli) por presidir la AFA, con el resultado conocido, y la no menos caliente interna militar entre el dictador Jorge Rafael Videla y gobernador de facto de Córdoba, Luciano Benjamín Menéndez.

En tanto, desde el ámbito académico se acaba de lanzar Clubes de fútbol en tiempos de dictadura (Unsam Edita), compilado por el historiador israelí Raanan Rein y los sociólogos Mariano Gruschetsky y Rodrigo Daskal. Durante su presentación, los autores destacaron la importancia de rescatar “el funcionamiento de las instituciones de la sociedad civil” para tener una comprensión abarcadora y menos maniquea de esos años.

 

Los más vendidos (2016-2017)

No ficción (Librerías Santa Fe)

  • 1. Yo, el Bocha (R. Bochini), Planeta
  • 2. Atlas de camisetas (Cune Molinero y Alejandro Turner), Planeta
  • 3. El partido (Andrés Burgo), Tusquets
  • 4. Creer (Diego Simeone), Planeta
  • 5. Pep Guardiola la metamorfosis (Matí Perarnau), Corner
  • 6. Messi Superstar (Jon Stolberg), ¡Achís!
  • 7. World Football Records 2017 (aa.vv.), Montena
  • 8. Los tesoros del Gasómetro (Pablo Calvo), Aguilar
  • 9. River Plate: Mientras viva tu bandera (Miguel A. Bertolotto), Atlántida
  • 10. El partido rojo (Claudio Gómez), Planeta

 

Ficción (Librerías Santa Fe y Yenny / El Ateneo)

  • 1. Una historia del fútbol (Pedro Saborido), Planeta
  • 2. Con el corazón en la Boca (aa.vv., comp. Sergio Olguín), Aguilar
  • 3. Inolvidables partidos olvidados (Eduardo Bolaños), Emecé
  • 4. El fútbol de la mano (Eduardo Sacheri), Alfaguara
  • 5. Los mejores cuentos de fútbol (Roberto Fontanarrosa), Planeta
  • 6. Enfermo de fútbol (Daniel Frescó), Emecé
  • 7. El yeso de Van Der Kerkhof (Eduardo Bolaños), Emecé
  • 8. Matar a Götze (José Eduardo Moreno), Autores Editores
  • 9. Manchada con tinta (Guillermo Duberti), Dunken
  • 10. Cerrado x fútbol (Eduardo Galeano), Siglo XXI

 

Hay mucho por hacer (y escribir)

* Pablo Alabarces.

Los libros sobre fútbol son un invento reciente –para un fútbol que ya cumplió siglo y medio–. Un invento de este siglo: hasta fines del XX, cualquier biblioteca podía coleccionar todos los libros, ficcionales o ensayísticos, de periodistas, directores técnicos, ex futbolistas o intelectuales de otros palos, en un mísero estante. No creo que la causa sea una mayor alfabetización de los protagonistas: la mayoría de los periodistas deportivos, por ejemplo, sigue sin leer más que Twitter o Whatsapp. Es posible que la explosión de textos futboleros tenga que ver con la futbolización expandida de nuestras sociedades, que incorporó fanáticos y fanáticas, pero también lectores. Ha habido, también, un cambio de clase en esos públicos, una ampliación hacia las clases medias-altas que incluyó, a la vez, a grupos tradicionalmente más consumidores de lecturas más variadas y no restringidos a la prensa deportiva.

La mayor riqueza cuantitativa no implica, necesariamente, mejor calidad. En la ficción, por ejemplo, el escritor más exitoso, Eduardo Sacheri, no puede (ni quiere) romper con la tradición costumbrista y levemente misógina fontanarrosiana; fuera de esa camisa de fuerza están solo Walter Vargas o Nazareno Petrone, y no mucho más (Sergio Olguín, Horacio Convertini, Ariel Scher). En la no ficción predomina el testimonio y la biografía, con pocas cosas que hagan saltar la térmica de nadie y varias más, por el contrario, que hacen descreer de los beneficios del papel impreso; no olvidemos que el Toti Pasman también publicó algo a lo que llamó libro. Siempre prefiero, en esa lista, a los buenos periodistas deportivos: Ezequiel Fernández Moores, Ricardo Gotta, Alejandro Wall y Andrés Burgo, entre mis predilectos. Los académicos estamos publicando mucho más, aunque nuestros lectores siguen siendo pocos y nuestros circuitos de lectura son casi estrictamente universitarios.

El fútbol argentino se debe aún un gran libro. Pero se debe muchas más cosas: para comenzar, buen juego, dignidad, honestidad, respeto por el público, organización, dirigentes y buenos periodistas.

*Doctor en Sociología, investigador del Conicet y profesor de la UBA. Autor de Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios (Aguilar, 2014).


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