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Gómez Centurión: "Desaparecido es una figura política; en una guerra hay muertos de los que no aparece el cadáver"

El excandidato participó del Ciclo de Entrevistas organizado por estudiantes del Posgrado en Periodismo de Investigación. Críticas al Juicio a las Juntas y a la figura de terrorismo de Estado. Semejanzas con el chileno Kast y homenaje a Pinochet.

josé Gómez Centurión-Posgrado
Entrevista a José Gómez Centurión | Captura de pantalla

Juan José Gómez Centurión participó de una conferencia de prensa virtual organizada por estudiantes del Posgrado de Periodismo de Investigación del Grupo Perfil y la Universidad del Salvador (USAL), en la que comparó el legado de las dictaduras de Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet y su excampaña presidencial con la del chileno José Antonio Kast. “En Argentina la derecha es una fuerza que viene creciendo y en Chile es una fuerza que ya viene instalada desde hace muchísimo tiempo”, señaló.

El excandidato a diputado por la provincia de Buenos Aires y extitular de la Aduana durante el macrismo también puso en duda la cifra de desaparecidos propuesta por los organismos de Derechos Humanos, a la vez que cuestionó el Juicio a las Juntas y el concepto de terrorismo de Estado. “Lo que hubo en Argentina fue una guerra civil armada, que no empieza en el año 1976, empieza en el año 1971 con organizaciones terroristas que datan desde la década del 60, de la mano de la estrategia cubana”, declaró Gómez Centurión en el Ciclo de Entrevistas a cargo de Rodrigo Lloret, director de Perfil Educación.

¿Cómo califica el gobierno de Alberto Fernández y qué le pareció la gestión de la pandemia?

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Según los resultados, el gobierno de Alberto Fernández es un muy mal gobierno. La gestión de la pandemia, fue muy mala desde todo punto de vista. La estrategia de encierro, única en el mundo por su prolongación, dio pésimos resultados. La estrategia de compra y distribución de vacunas fue tremendamente mala y, además, muy sospechosa de ser una metodología que encerraba un altísimo nivel de corrupción. Es un gobierno muy malo y que ha manejado muy mal y ha tenido muy malos resultados la pandemia.

Usted hizo declaraciones en contra de las vacunas contra el Covid- 19. A pesar de la evidencia científica, ¿sigue estando en contra de las vacunas?

—Yo no he tenido una postura contra las vacunas. En este modelo del discurso único, cuando uno tiene una visión crítica sobre determinadas cosas, inmediatamente lo titulan de “anti”. Yo me he expresado públicamente contra la barbaridad que significa el pase sanitario. La obligatoriedad de una vacuna que es un ensayo a nivel mundial y que, además, ningún gobierno, ni siquiera el gobierno argentino, se ha atrevido a poner en el plan anual de vacunación. El Estado debe poner a disposición de los ciudadanos la vacuna, y los ciudadanos deben tomar la decisión, o no, de vacunarse.

¿Se va a vacunar?

—Me voy a vacunar el día que me convenza de que esta vacuna en experimentación está dando resultados positivos. No los ha dado en Europa, en Israel, en Gran Bretaña, ni en los países que han abordado las estrategias de vacunación masiva hasta ahora más exitosas. Si es imprescindible dármela, me la voy a dar. Pero hasta ahora no estoy convencido de que la estrategia de vacunación masiva haya dado resultados con una vacuna en experimentación.

¿Considera que la muerte de Lucas González, el futbolista de Barracas, fue un caso de gatillo fácil?

Lo que me parece es que las condiciones de seguridad y la precariedad con la que están trabajando los policías en todo el país los ponen en riesgo. Eso hace que ocurran este tipo de incidentes, pero no tengo información precisa sobre el tema. En general, si me preguntan hoy, veo más difícil un caso de gatillo fácil que un caso de una equivocación de una policía que vive en territorios, tanto en la Provincia como en la Ciudad de Buenos Aires, donde no rige la ley. Yo veo a la policía muchísimo más remisa a usar el arma que a usarla. Son más los casos en los que la policía deja pasar determinadas situaciones para no usar su arma que el uso de arma abusiva.

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Chile está atravesando una campaña presidencial y el candidato ganador de la primera vuelta, José Antonio Kast, reivindica al dictador Augusto Pinochet. ¿Qué opinión le merece?

A mi me parece que Kast hace una revisión atinente a los chilenos, de su propia historia, y tiene una versión y un contrarrelato de la propia historia de los medios de comunicación masivos de Chile. No olvidemos que Pinochet perdió un referéndum por muy poca cantidad de votos, y de ahí en más llamó a elecciones. Por cuestiones de trabajo, he ido muchísimo a Chile y hay un amplísimo sector que reivindica al gobierno de Pinochet, con lo cual me parece que Kast representa eso en Chile.

¿Qué piensa usted sobre Pinochet?

Pinochet fue un emergente de un conflicto interno de Chile muy parecido a lo que sufrió Argentina tiempo antes y, a partir de eso, él evitó que se instale el marxismo en Chile y volvió a reordenar el Estado chileno. Por eso, hoy tiene un lugar en la historia para muchos chilenos que, evidentemente, lo reivindican.

¿Por qué cree que Pinochet tiene, según usted, ese lugar en la historia chilena mientras que, en el caso argentino, el dictador Jorge Rafael Videla, no ocupa ese lugar?

Creo que son procesos diferentes. La Guerra de Malvinas generó un diferencial en la terminación de los procesos. El proceso militar en Chile fue económicamente más exitoso que la política económica que implementó el gobierno de facto en la Argentina. Y creo que la guerra de Malvinas marcó un antes y un después en los fenómenos de los gobiernos militares en la Argentina.

Cuando usted fue candidato presidencial, tuvo sintonía con el programa que ahora plantea Kast, que tiene posibilidades de ganar el ballotage. ¿Por qué cree que ese discurso tiene más apoyo en Chile que en Argentina?

Creo que hay temas estructurales que son previos. Kast viene haciendo política hace mucho tiempo, tiene una estructura política importante. Venían de un gobierno de Piñera, que era un gobierno de una derecha bastante desdibujada, pero al fin y al cabo venía de ser poder en la gestión anterior, con lo cual había una estructura de sostén, cosa que yo no tenía. Yo lancé mi candidatura en marzo de 2019 y me largué con una derecha que había desaparecido del mapa electoral hacía muchísimo tiempo. Me parece que nosotros obtuvimos un excelente resultado, y veremos en el 2023. Me parece que en Argentina, la derecha es una fuerza que viene creciendo y en Chile es una fuerza que ya viene instalada desde hace muchísimo tiempo.

¿Qué piensa usted sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura?

El proceso de Chile fue distinto. En Argentina hubo un gobierno constitucional que ordenó el aniquilamiento y le declaró la guerra a las organizaciones terroristas. En un proceso de guerra civil no hay violaciones a los derechos humanos. Hay directamente una orden de aniquilamiento de las organizaciones terroristas. Cosa que no pasó en Chile.

¿Cómo interpreta lo que pasó en Argentina entre 1976 y 1983? ¿Coincide con la figura de terrorismo de Estado?

El concepto de terrorismo de Estado no se sostiene politológicamente. El terrorismo es una metodología para conquistar el poder, eso es así a nivel internacional y a nivel histórico. Lo que hubo en Argentina fue una guerra civil armada, que no empieza en el año 1976, empieza en el año 1971 con organizaciones terroristas que datan desde la década del 60, de la mano de la estrategia cubana y, a lo largo de todo el continente, bañan de sangre a la Argentina tanto en gobiernos militares, como gobiernos elegidos por el pueblo. Había toda una sociedad pidiendo un sistema de orden, frente a la anarquía que presentaban las organizaciones terroristas, fue un proceso de guerra civil. Es más, María Estela Martínez de Perón dictó dos decretos de aniquilamiento, una en la provincia de Tucumán y otra a lo largo de todo el país.

¿Qué piensa del Juicio a las Juntas?

El Juicio a las Juntas dice claramente que fue un proceso de guerra y, evidentemente, significaba enjuiciar a los responsables políticos para, después de un tiempo, darles una amnistía. Esto fue una movida de carácter político, no de carácter jurídico. De hecho, así fue hasta Néstor Kirchner, en el año 2003, cuando hace el pacto de gobernabilidad con Verbitsky y ahí trae a colación el Pacto de Roma y lo aplica retroactivamente. Rompe con todos los principios que dictaba el Pacto de Roma y todos los principios constitucionales de la aplicación de delitos en forma retroactiva. Se hizo el Juicio a las Juntas y a los pocos años empezó el modelo de amnistía. En la década del 90, los años 70 estaban cerrados, hasta que Néstor Kirchner enarbola la bandera en una forma en la que todo el mundo sabe que fue la validación moral de lo que iba a hacer en Argentina: un proyecto de poder.

¿Por qué cree que hasta el día de hoy no aparecen datos verídicos sobre el destino de los desaparecidos?

¿Cómo que no hay datos verídicos? Hay un decreto de Néstor Kirchner y hay un decreto numérico de la doctora Cristina Fernández de Kirchner que habla de 6700. La cifra es de 6780, según el último decreto, de muertos por el terrorismo de Estado, y esa es toda la información. Es más, hubo casos muy falseados de gente que murió en enfrentamientos en Brasil y que figuran en la lista y en el Parque de la Memoria. Gente que murió poniendo una bomba figura como muerta por el terrorismo de Estado. Aniquilados y exterminados por las propias organizaciones terroristas por traidores figuran dentro de ese listado, con lo cual la información es clara.

¿Por qué cree que todavía hay desaparecidos, es decir, personas de las que no se conoce su paradero?

Desaparecido es una figura política; en una guerra, lo que hay es muertos de los que no aparece el cadáver. En la mayoría de las guerras hay cadáveres que nunca aparecen.

Usted afirmó, respecto a la cifra de los desaparecidos, que “no es lo mismo 8.000 verdades que 22.000 mentiras”. ¿Enriquece el debate hablar sobre la cantidad de desaparecidos?

Lo enriquece mucho. Porque una cosa es la verdad histórica, la historiografía, y otra cosa es el relato político amañado. Los mismos protagonistas que diseñaron la estrategia de ese relato confiesan que nadie los atendía hablando de 6.500 desaparecidos, y dijeron "pongamos la cifra de 30.000", esto lo relata (el ex militante montonero Luis) Labraña claramente. La única forma en que los países, y la sociedad, de alguna manera, pueden curar sus heridas, es con el proceso de verdad. Llevar el derecho penal a un concepto de guerra civil no tiene sentido; se necesita la verdad histórica. Es imposible aplicar el derecho penal en un proceso tan complejo para saber qué es lo que pasó. La verdad histórica no es un tema menor, es lo único que cierra las heridas y Argentina necesita una cuota de verdad para poder cerrar su pasado y pararse de cara al futuro sobre ese proceso de verdad histórica.

Según su opinión, ¿hay algo que se haya hecho mal y que pueda ser objetable durante la dictadura argentina?

De los seis mil y pico de los desaparecidos, más de mil son al 24 de marzo del 76. Esta metodología que consistía en salir, matar y aniquilar a los integrantes de las fuerzas terroristas no empezó el 24 de marzo, empezó antes. Este modelo fue sumamente efectivo porque, en el corto plazo, al año 1978, las organizaciones terroristas prácticamente habían desaparecido de la Argentina. Estaban en el exterior, gozando y disfrutando del dinero de los rescates, robos de bancos, de camiones blindados, de los secuestros y demás.

Agradecemos su participación en el Ciclo de Entrevistas de Perfil Educación y le damos la posibilidad de cerrar el reportaje con un comentario final que usted quiera hacer.

—El agradecido soy yo, es una lindísima oportunidad poder conversar con ustedes, estemos o no de acuerdo. Me parece que lo importante es que ustedes, como comunicadores e investigadores, sean críticos con el discurso social y con los discursos únicos que, a final de cuentas, lo único que hacen es amparar el sistema político en general, con todos sus aliados, con los modelos de la comunicación masiva pautados, logren instalar un discurso relato. Me parece que la Argentina necesita historia, necesita volver a recuperar su sentido crítico de las cosas, porque lo que habla de la decadencia de la Argentina es un sistema político que se ha instalado manipulando sistemáticamente un discurso único al que nadie se atreve a sobreponerse. Eso es para ustedes, como investigadores, como periodistas y como personas de los medios, una misión fundamental.

Por Melody Acosta Rizza, Federico Gil García y Gonzalo Martínez
Estudiantes de Periodismo de Perfil Educación

Posgrado en Periodismo de Investigación Perfil-USAL