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CULTURA / ultimo secreto
sábado 15 febrero, 2014

El testamento de Witold Gombrowicz

Mientras publicaba sus Diarios, el escritor polaco escribía otro texto: Kronos, que acaba de ser editado en polaco y en francés. La historia de un manuscrito que por fin vio la luz.

por Redacción Perfil

Foto: Cedoc

Se ha publicado en Polonia un diario íntimo de Witold Gombrowicz, Kronos. Según su viuda, Rita Gombrowicz, es un énclave fundamental que el escritor pidió se salvara de un incendio en caso de que esto ocurriera. Lo demás era fútil, pero Kronos, especie de reloj de su memoria, resultaba excluyente. Pero, ¿qué encerraba ese cuaderno desvencijado cuyo original está enterrado en la bóveda de un banco como un tesoro? Según la “meticulosa” traducción del polaco al francés, idioma de Rita Gombrowicz, se trata de una extensa anotación de sus aventuras humanas, del contacto con esa especie que tiende a lo brutal y de la que aborrecía como masa informe.

Witold Gombrowicz comenzó a escribir Kronos en 1953, reconstruyendo su pasado en mínimos detalles, que incluyen desde la infancia hasta a quiénes conocía casual o intencionalmente, sucesos personales fundantes, así como el tedio de cómo conseguir dinero, o estrategias de abordaje de sus temáticas literarias, datos evocados año por año, y sumariados desde 1953 hasta su muerte en 1969. El volumen contiene precisas notas al pie que aclaran los cifrados, juegos de palabras, referencias de época con las que Witold enmascaraba el apasionamiento, la obsesión por dejar constancia del lado B de sus deseos, como contracara a su Diario publicado en la revista polaca-parisina Kultura. Hasta aquí lo que las noticias de prensa y promoción del libro dicen sobre él, situación que provocó interés en los lectores polacos, impulsados más por la curiosidad “mediático-escandalosa” que por la literaratura. Un clishé de provincia instaló la constatación de si Witold era bisexual, homosexual, plurisexual, algo así como la puesta en riesgo del que cuestionara lúcidamente al régimen comunista no sin inmolarse en lo polaco como héroe intelectual.

Es en ese accidente íntimo de lo escrito es donde la obsesión por fijar el pasado deja constancia de la dualidad entre lo representado y el pulso vital. El rumor sugiere que el lugar de Kronos era debajo de la cama del escritor, a espaldas del sueño o la pesadilla, métafora provocadora y atractiva. De todas formas resulta extraño que un sub-diario, el registro de la cotidiana existencia, circule con énfasis generando expectativa en los lectores de su obra. Es que el mercado editorial de habla inglesa, en un gesto vindicativo, publicó una edición de sus Diarios (800 páginas) en 2012, que precedió a una nueva edición de la novela Transatlántico en 2013. Tal resonancia potenció a Kronos en Polonia donde Gombrowicz está incorporado a la enseñanza oficial.

Para el escritor y crítico literario Michal Glowinski: “Thomas Mann fue un escritor brillante, y sus Diarios no son para leer. En el caso de Kronos es incluso peor, porque esas notas no comparten una idea común, aunque sea el resultado de una pasión por la memoria. Son nada más que notas. Para el biógrafo de Gombrowicz este libro no tiene precio. Pero resulta inadecuado para la lectura.” Esto explicaría por qué no se traduce aún a nuestra lengua, o tal vez, y esperemos que sea así, y Kronos resulte el detonante de una biografía de Gombrowicz escrita por un argentino, donde confluyan su desconcertante y juvenil arrogancia, junto a sus estrategias para preservar una lengua en el exilio.

 

“Si la casa se quema, toma Kronos y corre”

Rita Gombrowicz

Supe de la existencia de Kronos en 1966. Witold estaba sentado a la mesa de trabajo y me dijo: “Estoy escribiendo mi diario íntimo, de vez en cuando anoto cosas privadas.” No me asaltó una curiosidad especial. No me mezclaba en sus escritos, yo no leía ni hablaba polaco. La segunda vez fue en 1968. Enfermo, desbordado por el trabajo administrativo que exigía su obra, me pidió que le ayudara y me puso al corriente de sus “asuntos”. Me indicó dónde estaba su diario íntimo, al que llamaba Kronos, mientras me decía: “Si la casa se quema, toma Kronos y los contratos y corre lo más rápido que puedas.”

Fragmento del prólogo a la edición francesa de Kronos.


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