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ELOBSERVADOR / derecho a replica
sábado 14 diciembre, 2019

El lawfare no ha muerto y está en la Argentina

El autor polemiza sobre un artículo de Fernando Ruiz sobre el rol de los medios y la Justicia al enfrentarse a la corrupción en América Latina.

Pedro Peretti

Lula. Existe una polémica entre los especialistas acerca de si los juicios que afronta son parte de la guerra judicial. Foto: afp
sábado 14 diciembre, 2019

Sacándole tiempo al sueño –porque en el campo estamos en plena faena–, deseo responder al artículo del profesor Fernando Ruiz (Perfil, 07/12/19), un contradictorio repertorio de chucherías culturales, lleno de medias verdades (que son mentiras a medias). Allí hace una alusión sesgada al libro sobre lawfare que escribimos con Rafael Bielsa.

La primera observación es el carácter notoriamente confuso de la nota. Un gran maestro del derecho solía repetir: “Oscuro escribe quien no piensa claro”. Ruiz, refiriéndose al intachable periodista entrerriano Daniel Enz, afirma que: “… la verdad es una construcción difícil y precaria, siempre provisoria (...)”. Escondernos detrás de la estatura de una referencia no nos hace igual de altos.

La verdad no se construye de este modo, y menos desde los medios. Lo que se busca construir, en todo caso, es la posverdad. La verdad es la verdad y no necesita de albañilería, ni de adjetivos. Está sola y no es triste, “lo que no tiene es remedio”, como canta Joan Manuel Serrat.

Sigue –refiriéndose a Enz– que quien escribe “va construyendo sus castillos de indicios…”. ¡De “indicios”! ¿Desde cuándo los indicios son verdad? Solo intentan usurparla cuando se los presenta imperativamente, afirmándolos como un todo. El indicio es a la verdad lo que la operación de prensa es al periodismo.

Verdad disminuida. Luego añade que la verdad que se construye es solo “la verdad posible”. Da estatuto de constancia al concepto de “verdad disminuida”. Quisiera preguntar: ¿es la que se vende mejor, entonces, la amarilla, la ruidosa, la que la audiencia desea escuchar? ¿Pero qué clase de verdad es esa? No hay una verdad posible, ni una cuarta parte de verdad, solo existe la verdad, o lo que el periodista riguroso cree de buena fe que es. El profesor Ruiz confunde “indicios” con “verdad”. Una lástima, si se piensa en sus alumnos.

Tan grande es su galimatías que remata con otro ejemplo –no menos debatible–: el del libro de Tato Young Los horribles; de Galimberti a Angelici, donde dice que lo que se narra son “sospechas”. El problema es el género desde donde se elige narrar, el estatuto de lectura que se establece entre el escritor y su lector.

Narrar sospechas puede terminar siendo buena ficción, pero periodismo no. Escribe Bielsa que: “Para diferenciar ‘periodismo’ de ‘operación’ basta con ver si se verifican los datos”; y si se verifican los datos no hay “sospechas que narrar”. Es por eso que algunos medios serios prohíben el uso del potencial. O “lo asesinaron” o “según Zutano lo asesinaron”; jamás “podría haber sido asesinado”.

Contradicciones. Dicho esto, 6 mil caracteres más tarde, el profesor Ruiz cambia radicalmente la orientación y reclama que nada de “indicios”, que el periodismo es “solo verdad”. Quita el carácter provisorio, precario y en construcción de la verdad periodística, para vindicar su carácter inmutable, y dice: “No hay ninguna palabra que identifique más el objetivo del periodismo que verdad ”. Eso es cierto.

Tanto que la verdad periodística requiere de certezas, y si no se las tiene es mejor no publicar; no se puede acusar con rango de auto de procesamiento sobre la base de sospechas o indicios, sino de pruebas o –al menos– de información chequeada con tres fuentes no relacionadas. Indicio no es verdad, y viceversa; hacer periodismo con “indicios” (contigüidad, sospecha) que no son certezas corroboradas (chequeadas), no es periodismo; será otra cosa. La verdad es un insumo básico para la prensa, cualquiera que sea su orientación ideológica. El indicio es el camino, y la verdad es la meta; el problema del texto de Ruiz es que confunde la carretera con el destino, pero una cosa es Juana y otra la hermana.

"Lawfare": cuando la Justicia se mete de lleno en el barro de la política

Primero una contradicción, después un olvido (hoy un juramento, mañana una traición). Y ¡qué olvido! Cuando Ruiz habla de periodisticidio, no hace mención a los cientos de periodistas desaparecidos durante la dictadura ni a los miles que perdieron su trabajo en los últimos cuatro años. Ruiz “solo” menciona dos casos específicos de intromisión del Estado en los contenidos periodísticos, siempre en dictadura. Exiguo con unos y generoso con otros, olvida el caso de Papel Prensa. ¿O el acceso al papel no tiene que ver con la libertad de prensa?

Y en democracia, ¿no hubo control de contenidos de los medios? ¿No existe el periodisticismo en democracia? ¿Cómo se podría calificar, entonces, la detención arbitraria de los empresarios de la señal C5N, quienes se negaron a perseguir y estigmatizar a CFK? Apretados por el presidente de la república, en la casa de su padre Franco Macri, para que vendieran sus activos mediáticos, lo rechazaron y por ello purgaron 18 meses de cárcel. Y el encarcelamiento de Gerardo Ferreyra, dueño de Radio del Plata, ¿no es periodisticidio?

¿Acaso estos atropellos a la libertad de prensa no son un “intento de criminalizar un medio de comunicación” o de “criminalizar procesos de persuasión en democracia”, para decirlo en palabras del autor? Caso típico de doble vara explícita.

Lawfare: impunidad a corruptos que alzan las banderas políticas adecuadas, por Fernando Ruiz

En cuanto al libro que escribimos con el doctor Bielsa, me hubiera gustado que el profesor Ruiz lo leyera íntegramente, porque tiene 205 páginas, no 21. Se hubiera encontrado, por ejemplo, en la hoja 23, la mejor prueba de lo falaz de su afirmación, en cuanto a que no tratamos el tema de la corrupción. Afirmamos allí: “...porque nadie está dispuesto a defender corruptos. Siempre y cuando los corruptos lo sean efectivamente y siempre y cuando aquellos hechos que se les imputan sean juzgados en tribunales competentes, idóneos y dentro del marco de todas las garantías constitucionales”. Hace faltar leer con buena fe, que con leer a secas y una parte no alcanza.

Walsh. Pero hay más: en la pág. 195 abordamos las cuestiones de credibilidad y transparencia; usamos profusamente los ejemplos vivificantes (al menos para nosotros) de Rodolfo Walsh o de Francisco Capdevila, de cómo su conducta personal fue un antídoto para la calumnia y agregamos que: “La credibilidad corresponde a la transparencia como el no robar a la honradez. Sin credibilidad no hay confianza, y sin confianza no hay respaldo popular masivo, sin respaldo popular masivo no hay forma de acceder al gobierno…”. En la página 201 dedicamos un título completo al tema de la honestidad: “Más allá y más acá del relativismo moral”, y terminamos con una advertencia a los militantes para no caer en la inconducta de la corrupción (pág. 205).

De haber leído Ruiz nuestro libro hasta el final, seguro que hubiera podido formular una crítica más ajustada. No es fácil discutir con ciudadanos llenos de preconceptos, que cercenan su propia capacidad de interpretación del texto. El libro puede ser calificado de bueno, regular o malo, eso es materia opinable. Otra cosa es hacerles decir a los autores lo que no dicen ni piensan, ni practican. ¿De donde habrá sacado Ruiz que nuestro libro defiende la “…impunidad a los corruptos que alzan las banderas políticas adecuadas”, o que: “…la denuncia de corrupción contra un partido que promueve derechos está pensada para revertir esos derechos”? En el libro, precisamente decimos lo contrario: lawfare jamás se practica contra un partido, sino contra una o varias personas.

Solo de su imaginación, que se sostiene sobre la base de indicios, que son los que pondera como verdad de cemento. Quien haya leído el libro no puede decir seriamente que no le asignamos importancia al tema de la corrupción. Nosotros defendemos el Estado de derecho, la presunción de inocencia; que se juzgue a los ciudadanos, cualquiera que sea su ideología con todas las garantías constitucionales. Pedimos humildemente verdad y debido proceso, no atajos judiciales y operaciones mediáticas. Hay que leer y criticar desde su literalidad objetiva; no tal y como a alguien le  gustaría que sea o que diga la obra.

Ruiz, si quiere publicar, debe hacer el esfuerzo de examinar todo el libro y después criticarlo. Le rendiría un homenaje a la verdad, que tanto reclama mientras confunde con sus interpretaciones sesgadas; y también a sus alumnos, que aprenderán que la verdad en el periodismo, como en la vida, es como es; no como nos gustaría que fuera. A veces no deleita, pero no tiene remedio.

 

*Coautor del libro Lawfare, guerra judicial-mediática.


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