lunes 30 de enero de 2023
ESPECTACULOS LEANDRO LISTORTI

“La naturaleza encontró la manera de conservarse y el arte no”

El archivista y director de cine acaba de ganar con su estreno, Herbaria, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, gracias su film experimental sobre la botánica.

04-12-2022 04:22

Leandro Listorti es el creador del documental Herbaria, que llega precedida de premios en festivales como el de Visions du Réel (Suiza), Black Canvas (México) o el Internacional de Nuevo Cine de Pesaro (Italia). El más cercano fue el galardón José Martínez Suárez al Mejor Director en la Competencia Argentina del 37º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Desde diciembre se la puede ver en el Gaumont, en el Malba y en el Cineclub Hugo del Carril en Córdoba, después comenzará a circular por el resto del país. Mientras continúa su labor de años junto a Paula Félix-Didier: la coordinación técnica del Museo del Cine, un trabajo que ahora, frente a la demanda de una cinemateca argentina muestra su compromiso y su pasión. 

—¿Cómo surgió unir el mundo de las plantas con el del cine?

—Trabajo en el archivo del Museo del Cine y mi labor es restaurar y cuidar las películas. De muy chico me gustaron las plantas e hice cursos. De la mano de la madre de un amigo que era bióloga empecé a conocer los herbarios, donde se hace una labor muy parecida a la que hacemos nosotros. Me di cuenta que no eran mundo tan distintos, ya que ambos trabajamos con objetos muy delicados y que buscamos conservar de la mejor manera para que duren mucho tiempo. Pensé que podría buscar las similitudes y más conexiones.

—¿Tenemos en Argentina una  cinemateca?

—Nominalmente sí, pero no tenemos un edificio donde se guarden todas las películas, ni hay una política para saber qué, dónde y cómo están. Tampoco restauramos aquellas que están en peligro. Ni podemos mostrarlas regularmente en salas, ni educamos a las nuevas generaciones para que cuiden y que llegue el cine nacional a las escuelas en una edad temprana. La ley llegó tarde, se reglamentó en 1999, eso fue tardío si pensamos que Argentina tiene una de las cinematografías más importantes de América Latina, junto a México y Brasil. Se tardó mucho tiempo y aún no funciona a pleno: se están eligiendo a los representantes. 

—¿Qué dirías del vínculo del cine argentino con las carteleras?

—Pese a lo que se pueda creer hay una disminución en la cantidad de gente que mira cine en las salas. Creo que el cine tiene una presencia e importancia que podría ser todavía mayor si se llevaran a cabo ciertas políticas. Se produce mucho, pero no es fácil exhibirlo: hay una ecuación que está fallando. El cine argentino es importante aquí y en el resto del mundo. Creo que hay generaciones tanto de realizadores como de críticos que lo ven, a diferencia de las anteriores. Hoy hay más conciencia de los temas.

—¿Qué creés que une a tu cine con tu obra?

—Hace un tiempo un crítico amigo me hizo la observación que la muerte y lo que sobrevive, como los restos, están presentes en algunas películas mías como Los jóvenes muertos. Allí registro espacios en la Patagonia donde se suicidaron estos jóvenes en los años noventa. En La película infinita trabajé con restos de films argentinos que no se terminaron. En Herbaria está el tema de la conservación, mirar el pasado para el futuro. Siento que puede haber ideas que se repiten, pero fue de manera inconsciente. 

—Predomina el formato del documental en tus obras: ¿por qué?

—Siento que es un espacio de mayor libertad para crear. Cuando pienso películas me interesa probar, experimentar y el documental es más permeable a todas las pruebas e incluso a los errores. Me parece importante tanto como realizador y como espectador. Cada vez son menos las ficciones que me parecen interesantes, a diferencia de los documentales.

—En Herbaria das cifras como que desde el año 1750 se perdieron 500 especies de plantas y desde el siglo XIX el 90% del cine mudo desapareció.

—Tal vez el arte es más frágil que la naturaleza y necesita más cuidado. Y eso que no me referí al cine digital, que aún es más inestable que el material fílmico y la situación es aún peor que el mudo. Creo que la naturaleza encontró la manera de conservarse y preservarse a sí misma, cosa que el arte no. Sería imposible conservar todas las películas, pero claramente no se hizo todo lo posible incluso para elegir qué resguardar y qué no. 

—¿Qué se conserva, por qué y quién toma esa decisión?

—Es una decisión difícil. Ahí entra el Estado, es la institución quién decide qué materiales son importantes para la Argentina. Nosotros en el Museo del Cine el objetivo es guardar y conservar todo lo nacional. Es una manera de encauzar la energía. En algún momento había películas extranjeras y se decidió dedicarle el esfuerzo a nuestros materiales. No hay otras instituciones que puedan hacerlo. Ahora el Museo tiene tres sedes y seremos cincuenta personas. En el archivo somos menos de diez. 

—¿Por qué Herbaria es un documental casi mudo?

—Me interesaba mostrar el trabajo que es manual y se realiza en silencio, a partir de allí hay una base. No sé si mudo, pero es silencioso y solitario. Se trabaja de manera muy precisa y delicada. No fue una decisión tomada, incluso yo también soy callado (Se ríe) prefiero escuchar y en ese sentido la película me representa. 

—¿Cómo fue que encontráste el vínculo entre el fundador de la escuela técnica de jardinería Cristóbal María Hicken y Pablo Ducros Hicken, del Museo del Cine?

—A mí me sorprendió. Hace muchos años que voy al Jardín Botánico y recién uní estos nombres cuando empecé a pensar este documental. Descubrí que eran tío y sobrino. Fue una señal que lo que estaba pensando tenía uniones. 

—Como ex programador de Bafici: ¿qué sentís frente a los festivales?

—Lo fui durante diez años y tengo una relación un poco dual como realizador y como programador. Son espacios raros, por un lado dan la posibilidad de acercar sus películas a un público más grande, pero creo que también se fue construyendo casi una trampa. Si se piensan las posibilidades que tiene una película ayudan, pero crearon un mundo cerrado, que puede atentar. A veces sólo algunas pueden entrar y si ves las programaciones se repiten muchas. Es como si las mismas recorren los festivales e incluso algunas están hechas para ellos. 

—Fuiste uno de los creadores del ARCA (Archivo Regional de Cine Amateur): ¿qué fue lo que sucedió?

—Nos costó mucho mantenerlo, pero varios de los que formábamos parte de esa agrupación pasamos a trabajar en el Museo del Cine. Sentimos que no era prolijo tener dos archivos uno personal y otro estatal, por eso lo dejamos de lado. Fue una muy linda experiencia. Estuvimos cerca de seis años, empezamos con películas familiares a través de Paula Félix Didier, quien había estudiado afuera y trajo su experiencia. 

—¿Qué sentiste cuando Paula Félix-Didier, la directora del Museo del cine, fue premiada por su trabajo en el Festival de Mar del Plata?

—Ambos recibimos la misma noche los premios y no es frecuente que se valorice a quienes trabajan en los archivos para preservar y conservar. Uno trata de no ilusionarse pero el premio como director por Herbaria ayuda. Tal vez estén cambiando algunas cosas.

 

La necesidad de vernos

Me cuesta identificarme como guionista -confesará Leandro Listorti- soy más proyectorista, luego fui archivista”. Cuando se le piden tres nombres de creadores nacionales, no lo duda: “Leonardo Favio, Torre Nilsson y Hugo del Carril, aunque me quedan algunos afuera. Quien empieza a ver cine debe verlos. No tienen películas malas. Por mi parte tardé en descubrirlos, porque sus creaciones no eran fáciles de ver, ahora no pasa”. 

Cuando se le pregunta por los tres festivales Internacionales Venecia, Cannes y Mar del Plata, dice: “En un principio son los tres A. Es lo único que tienen en común, con mucha historia. No soy fans de los grandes, no me parecen los más interesantes, aunque se sabe que llevar allí una película ayuda a exhibir. Siento que carecen de cierto toque humano y la atención está puesta en otro lado. El de Mar del Plata tiene algo muy especial, ya que se ve una mezcla de públicos, desde el más cinéfilo hasta los otros, estudiantes y espectadores. Poder ver y hablar con la gente que hizo la película es una gran oportunidad”. 

Reflexiona: “Las mujeres estuvieron relegadas por décadas. El cine era un ambiente de difícil acceso incluso para los varones. Siento que ahora estamos un poco mejor, pero nos llevará tiempo modificarlo, porque fue grande el desbalance. En la actualidad es más frecuente ver directoras jóvenes, también en otros rubros como producción y técnicos. En Herbaria el 70 son mujeres. Ahora estoy trabajando sobre la Antártida, aún no definí qué haré con todo el material que traje de allí. El cine nos ayuda a vernos, nos muestra cómo somos como sociedad. Habla de nosotros. Me cuesta marcar un defecto, porque siempre es muy difícil hacer cine en este momento”.