24 nov 2020
OPINIóN |Polémica en la Iglesia
viernes 23 octubre, 2020

El Papa defiende la Unión Civil, pero se enfrentó con Kirchner por el matrimonio igualitario

Francisco, cuando fue el obispo Jorge Bergoglio, ya defendía la Unión Civil de las personas homosexuales. Aún así, se enfrentó con el kirchnerismo y Néstor Kirchner por el tema del matrimonio igualitario.

Ignacio Cloppet*

Nestor Kirchner y Crsitina Fernández con Bergoglio y Francisco Foto: Cedoc Perfil
viernes 23 octubre, 2020

Desde que Jorge Bergoglio se ordenó el 13 de diciembre de 1969 como sacerdote de la Compañía de Jesús, siempre se caracterizó por su humildad, por no juzgar a nadie, por no discriminar. Esa fue su conducta unívoca a lo largo de todos estos años.

Siendo un joven jesuita, se sumó a la Teología del Pueblo, corriente teológica nacida en la Argentina tras el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín, que ha influido en el pensamiento del hoy papa Francisco. Entre las principales figuras se destacan Alberto Methol Ferré, Lucio Gera, Juan Carlos Scannone, Eduardo de la Serna y Carlos María Galli.

La Teología del Pueblo adoptó la "opción preferencial por los pobres" de la Teología de la Liberación, pero se diferenció de ésta por no centrarse en la "lucha de clases", sino en las nociones de "pueblo" y "antipueblo", y las peculiaridades que toman las luchas populares y la cultura en América Latina, que es ante todo una “comunidad lingüística y de fe, que hacen del continente una “Patria Grande”.

De esta forma, se mostró siempre como un cura de las periferias, tolerante, que prioriza el diálogo, rechaza los preconceptos y los prejuzgamientos. Siempre fue un sacerdote humano, sencillo, austero y abierto.

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Su paso como Provincial de los Jesuitas entre 1973 y 1979, fue un acto de entrega hacia toda la comunidad que tuvo que proteger en tiempos muy difíciles, donde dio cabal testimonio al ejercer la defensa de muchos sacerdotes, religiosos y laicos, que fueron salvados por su expresa intervención durante la dictadura militar.

En cuanto a la doctrina moral de Bergoglio, podemos decir que es auténtica y realista, no excluye, más bien incluye. Para él, la unidad prevalece sobre el conflicto.

Así de sincero es Bergoglio, un cura campechano y comprensivo, que siempre aborreció la dureza de los “ultramontanos”, de aquellos que se sienten dueños de la verdad y la doctrina, como así también, de los que se creen los guardianes del Paraíso.

A los pocos meses de haber sido consagrado Papa, Francisco, sorprendió al mundo y a la Iglesia, cuando en julio de 2013, se preguntó: “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”.

Esta afirmación, lo convirtió en el primer Pontífice en mostrar una sincera apertura y cercanía hacia los homosexuales, en construir puentes y no levantar muros.

El último 21 de octubre, se presentó en la “Fiesta del Cine” de Roma, el documental Francesco, filmado y dirigido por el estadounidense de origen ruso Evgeny Afineevsky. El jueves 22 le entregaron el Premio Kinéo en los Jardines del Vaticano.

Este documental, se terminó de filmar en junio pasado en plena pandemia del Covid. Se ocupa de comentar el magisterio del Papa Francisco a través de una serie de entrevistas sobre los principales temas de su Pontificado.

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Entre sus diversas cuestiones abordadas, se ocupa de la homosexualidad. En una de sus entrevistas el Papa dice: “Es necesario que los gays tengan una ley que proteja su familia. Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por eso”. Seguidamente, el Papa añadió que:Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil, tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí eso”.  

Estas declaraciones, demuestran que Francisco es un Papa que no discrimina, que es respetuoso de la naturaleza humana, que no se queda anclado con estereotipos del pasado. Deja en evidencia su madurez pastoral, al no arrojar fuera de la Iglesia y de la sociedad a nadie.

Si bien estas sorprendentes declaraciones parecen provocar un punto de inflexión, el Papa no es ajeno en reconocer la doctrina del Catecismo de la Iglesia, que dice: “La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer. En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual” (CIC2360). Los esposos están llamados a dar la vida, participan del poder creador y de la paternidad de Dios.

El mismo Catecismo, sobre la homosexualidad manifiesta que: “designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf. Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (CIC2357).

Luego agrega: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (CI2358).

Esta es en síntesis la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad que enseña el Catecismo, que no colisiona ni confronta con las declaraciones que realizó el Papa en el documental, más bien se complementan.

"El papa Francisco no es kirchnerista"

Si hacemos un poco de historia, en julio de 2010, el entonces cardenal primado Bergoglio, fue un acérrimo opositor a la legalización del matrimonio igualitario.

En medio del debate y la incertidumbre sobre el destino del proyecto, que aprobó el matrimonio entre dos personas del mismo sexo, la Iglesia embistió contra la aprobación de dicha ley.

En una carta dirigida a los cuatro monasterios de Buenos Aires, el cardenal escribió: "No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios (…) No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una "movida" del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios". Recordando una frase de Santa Teresita, prosiguió: "Aquí también está la envidia del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra".

Bergoglio además les pidió a los monasterios que: "Clamen al Señor para que envíe su Espíritu a los Senadores" que van a votar el próximo miércoles 14 de julio. "Que no lo hagan movidos por el error o por situaciones de coyuntura sino según lo que la ley natural y la ley de Dios les señala".

En esta contienda, el diputado Néstor Kirchner acusó al Episcopado de estar “presionando” a los senadores para que cuando la iniciativa se trate en el recinto, voten en contra. La Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) difundió una carta de Bergoglio a los sacerdotes porteños, en la que los exhortaba a promover la participación en la marcha contra el proyecto que católicos, evangélicos e islámicos planean frente al Congreso.

Habiendo transcurrido 10 años desde la sanción de la Ley de Matrimonio igualitario en nuestro país, hoy siendo Sumo Pontífice, lo que pretende con estas declaraciones es que los gobernantes del mundo impulsen una ley de convivencia civil para los homosexuales, que les garanticen el derecho a convivir, a estar cubiertos legalmente, a no ser discriminados.

Este acto de profunda caridad, de amplitud de criterio, en modo alguno se equipará con el matrimonio, pues tanto la Escritura, la Tradición, la Doctrina y el Catecismo, lo conciben como un sacramento, con la unión de dos personas de distinto sexo, esto es varón y mujer.

*Miembro de la Academia Argentina de la Historia  


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