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OPINIóN / Conductas
jueves 25 junio, 2020

Saber enojarse es la clave del éxito

Las personas que no han desarrollado su inteligencia emocional entran en batallas interiores que sabotean su capacidad de pensar claramente o de tomar buenas decisiones, afectando relaciones laborales, profesionales o personales.

Enojo Foto: Andrea Piacquadio / Pexels

Hay dos momentos en la vida en donde tenés que tener la boca cerrada: uno cuando buceás y el otro cuando te enojás.

¿Por qué a algunas personas les va mejor en la vida que a otras?

¿Por qué algunas personas terminan trabajando para otras que no son tan capaces como ellos?

¿O por qué algunas personas que son brillantes a nivel profesional, no pueden aplicar esa inteligencia en su vida personal y no consiguen pareja, van de confrontación en confrontación, o no se hablan con sus propios hijos?

La inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o la empatía, que resultan indispensables para una buena adaptación social. Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidad de tener una vida satisfactoria y de dominar los hábitos mentales que favorecen su propia productividad. Las personas que no han desarrollado su inteligencia emocional entran en batallas interiores que sabotean su capacidad de pensar claramente o de tomar buenas decisiones, afectando relaciones laborales, profesionales o personales.

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Controlando el enojo, antes de que el enojo te controle a vos. Cualquiera puede enojarse, eso es algo muy fácil.

Pero enojarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del  modo correcto, eso no es tan fácil.

Todos nos hemos enojado en algún momento, pero es la persona que tiene una maestría personal, la que puede detener una conversación antes de que escale a proporciones impensadas. Decir algo así como: “me tengo que ir pero quiero seguir conversando sobre esto; ¿la seguimos mañana?”, es mucho más saludable que escalar una crisis que podemos evitar.

Pensá en alguna vez en que te hayas enojado tanto que hayas dicho o hecho algo de lo que después te arrepentiste.... 

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Cuando nos enojamos mucho, se activa la amígdala, una estructura muy pequeña con forma de almendra situada en el cerebro. Cuando se activa la amígdala, entramos en lo que se denomina un “secuestro emocional”. Esto hace que no podamos responder de manera lógica o racional. Cuando te convertís en King Kong, por culpa de un gran enojo, estás respondiendo bajo los efectos de este secuestro emocional que no te permite pensar con claridad.

Cuando algo te haga enojar mucho, un buen ejercicio (dije "bueno", no "sencillo"), es actuar como un semáforo:

ROJO – CLAVAMOS LOS FRENOS: no hacemos nada. Sólo nos desconectamos mentalmente. Separamos la emoción de la acción. Respiramos hondo. Si podemos, nos vamos del lugar, a calmarnos. Seguro tenés ganas de romper todo. ¡Querés que se escuche tu ira! ¡Que se entere el mundo! Mejor es aprender a manejar el enojo. Después de todo, ¿cuántas veces, después de enojarte, te diste cuenta de que no era tan importante, o que no valía la pena, o que se requería más que un grito para resolver la situación?

Siempre vamos a tener emociones, así que debemos aprender a autogestionarlas.
Debemos aprender a explicar nuestro enojo, no a demostrarlo. Y debemos aprender que está muy bien enojarse, pero que eso no nos da derecho a tratar mal a la gente.

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Una vez que que pudimos frenar el impulso es hora de avanzar en el ejercicio:

AMARILLO- PENSAMOS: ¿Por qué me enojé así? ¿Qué se me dispara con esta situación? ¿Qué se pone en juego? ¿Qué puedo hacer? Tal vez, el momento del amarillo no es el mismo día, puede ser al día siguiente, o más adelante, cuando realmente vuelvas a poder pensar de manera racional y no emocional.

Avanzamos al VERDE- ELIJO: Ahora podemos RESPONDER y no REACCIONAR. Basados en hechos fácticos (y no emocionales), ¿qué me conviene hacer? Recién ahí, elegimos lo que corresponde hacer.

Es decir, necesitamos bajar esa amígdala que no nos deja pensar y solo nos permite reaccionar. Debemos contar hasta 3 millones, lavarnos la cara, respirar profundamente, mojarnos las manos en la pileta para sentir la sensación del agua, escribir lo que nos pasa, hacer ejercicio, etc, para "enfriar" ese enojo, y poder retrasar la reacción.

Cuando sientas que la ira se apodera de vos, andá a tu santuario: tu habitación, el baño, algún lugar en donde te sientas a gusto. También podés visualizarlo en tu mente. Podés poner música y tratar de distraerte haciendo algo que te haga poner la cabeza en otra cosa.

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Una vez que pase el enojo, tratá de ver qué dispara en vos ese tipo de sensaciones para que, si vuelven a pasar, puedas reconocerlas y anticiparte.

Ya lo decía Lao Tzu: aquel que obtiene una victoria sobre otro hombre es fuerte, pero quien obtiene una victoria sobre sí mismo es poderoso.

La ira no se castiga; te castiga. Aprendé a manejar tus enojos. No dejes que tus enojos te manejen a vos.

 

 

* Autora, capacitadora, consultora y oradora TEDx. Facebook. LauraLewinOnline / Instagram/Twitter: LewinOnline.


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