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OPINIóN / 21S# Día Mundial del Alzheimer
sábado 21 septiembre, 2019

Amigarse con el paso del tiempo

Comprender la importancia de comenzar a cuidar y amar nuestro cerebro, para abrazar entonces así el paso del tiempo.

por Fernanda Suppicich

En el mundo más de 45 millones de personas padecen Alzheimer, para 2030 esa cifra ascenderá a 74 millones. Foto: Cedoc
sábado 21 septiembre, 2019

Mucho se escucha hablar sobre la Enfermedad de Alzheimer y su incapacidad para curarla, aunque no así tanto como quisiéramos acerca de todo lo que está al alcance de nuestras manos para retrasar su aparición y/o acompañar el inevitable avance de la enfermedad, dada su condición progresiva y degenerativa.

La Enfermedad de Alzheimer comprende un tipo de demencia (entre el 60 y 70% de los casos de esta) que causa problemas en la memoria, el pensamiento y comportamiento. Sus síntomas suelen desarrollarse lentamente y agravarse a lo largo del tiempo, complejizándose tanto como para comprometer el funcionamiento diario y calidad de vida de la persona que la padece y su entorno, siendo los cuidadores de dichas personas en su mayoría familiares.

Si bien un proceso de demencia no es la consecuencia normal del envejecimiento, sabemos que el paso del tiempo es el principal factor de riesgo (entre muchos) para que un cerebro sano se enferme. Son alarmantes las cifras con las que la enfermedad existe y lo hará a futuro, más aún teniendo en cuenta que los seres humanos cada vez vivimos más tiempo. A saber: la Enfermedad de Alzheimer impacta en la calidad de vida de las personas, pero no reduce directamente la expectativa de vida en sí misma.

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A pesar de que las interconsultas médicas con especialistas (neurólogos, neuropsiquiatras, gerontólogos o médicos clínicos) y tratamientos farmacológicos son las principales intervenciones conocidas en relación a la Enfermedad de Alzheimer, son cada vez más las terapias alternativas que comienzan a demostrar mediante investigaciones científicas, sus beneficios en el abordaje de dicha condición. Ejemplos de lo mismo comprenden la estimulación cognitiva, musicoterapia y terapia ocupacional (TO).

Con respecto a esta última, el trabajo de un terapista ocupacional junto a personas con Alzheimer se resume en tres principales roles: mejorar la función y seguridad del individuo; promover los vínculos y relaciones sociales; y brindar apoyo, contención y educación a cuidadores de personas con Alzheimer. “Se trata de dar oportunidad de seguir siendo y haciendo lo que para la persona es importante, desea o se espera que haga”.

Buscar alternativas en el desempeño cotidiano de actividades relevantes, involucrarse en ocupaciones y relaciones significativas, modificar tareas y ambientes para un manejo seguro, asesorar en torno a rutinas saludables para pacientes y familiares, son intervenciones propias de un terapista ocupacional.

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Por último, un cuarto rol fundamental consiste el trabajo en la prevención de la patología. Por ello, es importante no sólo aprender a convivir con esta idea, sino prepararnos para el paso del tiempo, cuidando y “amando” ante todo nuestro cerebro para reducir el riesgo de deterioro cognitivo ¿De qué manera? Manteniéndonos activos a lo largo de toda la vida, incluso aún luego de la jubilación, aprendiendo y emprendiendo nuevos desafíos; conservando vínculos y relaciones sociales; ejercitando nuestro cuerpo regularmente; manteniendo una dieta sana y buena calidad de sueño; y controlando los factores de riesgo cardíacos.

De esta manera, de estar nuestros seres queridos, o incluso nosotros, entre las cifras de aquellas personas con riesgo de desarrollar la enfermedad, contaremos con la mejor reserva cognitiva y recursos físico-cognitivos para batallar dicha condición, en busca de la mejor calidad de vida posible, complementando con tratamientos de terapia ocupacional.

Hoy, 21 de septiembre, Día Internacional del Alzheimer, consideramos un buen momento no solo para entrar en conciencia y sensibilizarnos con la enfermedad, sino a su vez para comprender la importancia de comenzar —si no lo hemos hecho aún— a cuidar y amar nuestro cerebro, para abrazar entonces así el paso del tiempo.


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