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OPINIóN / Opinión
martes 3 septiembre, 2019

Vaca Muerta, cuidados y desafíos ambientales

Qué impacto ambiental tienen las prácticas actuales de perforación y producción en las zonas de operaciones.

Por Rubén Caligari*

Vaca Muerta Foto: NA
martes 3 septiembre, 2019

En 2011, una evaluación realizada por el Departamento de Energía de Estados Unidos calificó el potencial de la formación Vaca Muerta como uno de los más promisorios del mundo. ¿Por qué? Los motivos son varios. Y se relacionan con su extensión, espesor y caracterización mineralógica; hasta con la historia geológica de la Cuenca Neuquina, que asegura diversos grados de madurez en distintas zonas y permite dirigir las explotaciones hacia la producción de gas o petróleos livianos a medianos.

También sobresalen otros aspectos muy relevantes que debemos contemplar en proyectos de esta magnitud: la ubicación en una región con extensiones de terreno y ríos caudalosos que posibilitan desarrollos sin interferir con emprendimientos agrarios o emplazamientos urbanos; disponibilidad de infraestructura básica –que deberá crecer en la medida en que se sumen proyectos–; una sociedad familiarizada con la industria por más de un siglo de explotaciones de petróleo y gas; y –fundamentalmente– conocimiento y experiencia de miles de técnicos especialistas y la incorporación delas nuevas generaciones.

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El fracturamiento de formaciones es una práctica habitual que se ha aplicado en la industria durante décadas con el objetivo de mejorar la productividad en rocas reservorio poco permeables. Lo que cambia con relación a Vaca Muerta es la escala necesaria, porque la roca es extremadamente cerrada y romperla requiere de la inyección de agua a mayor presión y caudal. Tampoco pueden fracturarse pozos de 2500 metros o más de tramo horizontal en una sola operación y hay que apoyarse en técnicas que permitan hacerlo en múltiples etapas.

Son entre ocho y diez los productos químicos que se adicionan al agua de fractura. El principal es el agente espesante o gelificante necesario para generar capacidad de transporte de la arena, normalmente goma guar, un producto natural usado en alimentación u otros similares. El agente de sostén de la fractura es arena de río seleccionada, actualmente de producción nacional, y se adicionan otros químicos para dar consistencia al gel, controlar la acidez, bactericidas, anticorrosivos, tensioactivos y otros específicos. Es importante señalar que ninguno es radioactivo, cancerígeno ni teratogénico, aunque pueden ser tóxicos como otros productos industriales y deben manejarse siguiendo normas y regulaciones que impiden que entren en contacto con el suelo y el agua superficial.

Siguiendo normas ambientales vigentes, el fluido que retorna de los pozos se recoge en recipientes cerrados y se deriva a recintos habilitados para su tratamiento y reutilización. Nunca debería entrar en contacto con el medio, pero si ocurriera un incidente, todo el suelo contactado se debiera aislar y recoger para su tratamiento.

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El desarrollo en escala de estos recursos implica necesariamente la afectación del suelo para las locaciones, caminos e instalaciones, y un consumo importante de agua, del orden de cien mil metros cúbicos de agua por pozo, recursos que en el caso de Vaca Muerta no compiten con usos alternativos pero que deberán ser cuidadosamente evaluados antes de extender el modelo fuera de la Cuenca Neuquina.

El riesgo sísmico frecuentemente asociado a las fracturas hidráulicas no tiene fundamento porque el orden de magnitud de la energía puesta en juego en el fracking (fracturación hidráulica) resulta insignificante frente a los sismos naturales (los ejemplos en Estados Unidos mencionados están relacionados con la inyección continua por décadas de agua en pozos sumidero profundos, no con desarrollos actuales). No obstante, es de buena práctica el monitoreo sísmico continuo de las zonas de operaciones, tal lo implementado en Neuquén como línea base para comparaciones futuras.

Si bien todas las actividades dejan su huella ambiental, las prácticas actuales en perforación y producción aseguran la protección del aire, agua y suelo en las zonas de operaciones, en particular las aguas subterráneas que quedan protegidas en los pozos por una triple barrera de cañerías. En la eventualidad de un incidente, hay una serie de medidas que permitirán reducir los efectos y remediar las consecuencias, siempre en manos de especialistas y bajo supervisión de la autoridad de aplicación.

* Docente de la carrera de Ingeniería en Petróleo del ITBA.


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