30 nov 2020
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lunes 26 octubre, 2020

El Abrazo Macri-Cristina

Llevaría serenidad a quienes trabajan, emplean, invierten o pretenden invertir. La pregunta es ¿por qué no se intenta que eso suceda?

lunes 26 octubre, 2020

Me pregunto esto: ¿Qué tan dañino sería para el país que Cristina Kirchner y Mauricio Macri se abrazaran o, al menos, compartieran un encuentro institucional acompañados por los otros ex presidentes argentinos?

Si la respuesta fuera que, por el contrario, ese gesto de convivencia democrática, en medio de tanta incertidumbre social y económica, sería una señal de racionalidad institucional y llevaría serenidad a quienes trabajan, emplean, invierten o pretenden invertir, la pregunta es ¿por qué no se intenta que eso suceda y que el Presidente se muestre como artífice de un cambio de época?

El abrazo Macri-Cristina

Vuelvo sobre esta idea de unir simbólicamente a nuestros ex presidentes, que aclaro que ya transité sin éxito este año, después de ver la foto del abrazo entre los ex presidentes uruguayos Julio Sanguinetti y Pepe Mujica, dos rivales históricos que la semana pasada renunciaron a sus bancas.

Las palabras de despedida de Mujica casi que lastiman a quienes vivimos en la grieta argentina: “En mi jardín –dijo Mujica- hace décadas que no cultivo el odio. Porque el odio nos termina estupidizando. El odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye”.

Y me pregunto ¿por qué acá el mismo abrazo entre dos ex presidentes es solo posible gracias a un fotomontaje de Pablo Temes para esta columna?

El abrazo Macri-Cristina

Evidentemente no todos pueden ser Sanguinetti o Mujica. Para eso se requiere la inteligencia, la generosidad y el talento suficiente para dejar atrás los odios. Y se necesita algo más: se necesita el coraje para enfrentar prejuicios propios y ajenos.

Ahora: si Cristina y Macri no son capaces por sí mismos de tener esta inteligencia, generosidad, talento y coraje, bueno… entonces es el Presidente el que tiene la obligación de intentarlo y conseguirlo.

Miren: la crisis económica está impulsada por el combustible del odio. Ese odio genera un país fragmentado y ese país fragmentado promueve desconfianza.

El abrazo Macri-Cristina

Y no hay un modelo económico que funcione, si no hay confianza en la razonabilidad de sus gobernantes, en la continuidad de las políticas de Estado, en la independencia de la Justicia o, simplemente, si no tenemos confianza en el otro.

¿Saben? La apuesta al dólar de cada semana es la máxima demostración de desconfianza: desconfiar de la moneda del país es no confiar en lo que va a pasar con el país. Y no existen instrumentos financieros capaces de otorgar esa confianza.

El instrumento es la política, una serie continuada de gestos que demuestren que estamos dispuestos a frenar, un metro antes del precipicio.


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