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COLUMNISTAS / Defensora de Género
domingo 17 mayo, 2020

Lo bueno y lo malo de la pandemia

Logro. El test rápido creado por Conicet y el Instituto Leloir. Foto: cedoc

Si bien estamos entrando recién en el crecimiento de la pandemia, sin que esto signifique que llegamos al pico, ya están creciendo las voces sobre cómo será el día después. Previo a eso,  es necesario hacer un análisis de lo bueno y lo malo que trajo el coronavirus. Así será más fácil trabajar para que lo bueno no desaparezca y lo malo se elimine. 

Frente a una pandemia que pone en juego la vida de las personas y que las afecta en distintas formas, lo primero que surge es la solidaridad. Ante el llamado a voluntarios para apoyar a las personas mayores, rápidamente surgieron muchos. También hay personas que están ayudando a distribuir alimentos para que quienes no tienen ingresos puedan comer. Y estos últimos son muchos más de los que nos informan, porque los comedores comunitarios reciben a vecinos que antes nunca iban. Aquellos que tienen un pasar aceptable que ahora se desmoronó porque son trabajadores informales, no pueden trabajar y por lo tanto no tienen ingresos. La informalidad laboral que predomina en el país es algo de lo “malo” que se evidenció y que debemos superar. Para eso necesitamos un Congreso activo y dispuesto a tratar leyes que permitan formalizar muchos de esos tra, por ejemplo el de trabajadoras que cubren actividades de cuidado de niños, de ancianos, de discapacitados. En general mujeres que cobran por sus tareas sin protección social. La ley de trabajadoras en casas particulares, cuyo objetivo es cubrir a las trabajadoras domésticas y que se cumple muy poco –solo alrededor del 30% de estas trabajadoras–, debería incluir a estas cuidadoras que trabajan por cuenta propia en familias. Pero también debe abarcar a quienes están en el sector privado y que, por ser idóneas, son contratadas en “negro”, sin cobertura si se enferman, ni aportes para la jubilación, y menos aún con vacaciones pagas.  

La convivencia forzada 7 x 24 genera, entre otras cosas, el reconocimiento por parte de los hombres de las tareas domésticas. Ahora las descubren, y esto es bueno porque muchos empiezan a hacerlas, pero otros, al contrario, se niegan a realizarlas pues sienten herida su masculinidad y la expresan descargando violencia contra mujeres y niñas. 

Esto debe motivar que se intensifique la educación sexual integral en las escuelas, donde se trabajan los modelos de masculinidad y femineidad, pero también en modalidades para quienes ya no van a la escuela. Para esos casos es importante realizar campañas en ámbitos laborales y deportivos con mensajes claros para llegar a todos y contribuir a prevenir la violencia de género. 

La corrupción y la falta de transparencia del Estado, que quedó muy clara aquí y en muchos países, es otra muestra de lo malo que visibilizó la pandemia. Algunos negocios no se paran y, al contrario, aprovechan la urgencia de los gobiernos de tener los elementos necesarios para atender a la población para hacer buenos negocios, y algunos funcionarios públicos lo facilitan porque así reciben pagos ilícitos.

Muchas ONG y grupos que trabajan desde hace años en gobierno abierto lo han advertido recientemente en una carta abierta. La emergencia no justifica la corrupción, ni puede usarse para eludir la transparencia de los actos, como las compras del Estado a nivel nacional, provincial y/o local. El Congreso debe ser un ámbito de control y también la sociedad civil. Por eso no se puede tener el Congreso cerrado; debe sesionar ahora más que nunca. 

La industria farmacéutica es otra área que hay que tener en cuenta, muy sensible frente a la epidemia. La investigación de la vacuna es lo más notorio, y surgen hechos inéditos como es la competencia entre países por tenerla primero. Esta investigación moviliza millones de dólares que solo los países desarrollados y las empresas multilaterales pueden invertir. Y si bien no es un área en la que las empresas privadas privilegian invertir porque su rendimiento o ganancia futura son bajos, en este caso perciben el gran negocio. Algo parecido se percibe con los kits para el testeo de coronavirus; la nota de PERFIL del sábado sobre las científicas de la UBA y el Conicet que están investigando el coronavirus en niños y el artículo sobre el desarrollo del primer test rápido en el país por investigadores del Conicet y el Instituto Leloir, que dirige una mujer, son buenas noticias y muestran la necesidad de invertir en ciencia y tecnología. Esto es algo que el Gobierno debe recordar a la hora de elaborar el Presupuesto y los diputados al considerarlo. Y la ciudadanía tiene que apoyarlo y reclamarlo. Estas son solo algunas muestras de lo bueno y lo malo, mientras tanto: ¡Cuidémonos, que es cuidar a otros!.


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