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¿Somos mucho más que dos?

En las legislativas la fragmentación del voto es más alta, por el deseo de muchos de no ser presos de la lógica del "voto útil".

Sufragantes
Sufragantes | Pablo Temes

Finalmente, el Congreso aprobó la modificación del cronograma electoral. Postergando todo un mes, se encendió definitivamente los motores de la política en campaña. Entre otras cosas, eso tuvo muy activo al PRO con sus disputas a flor de piel entre halcones y palomas que termina traduciéndose en nombres y apellidos concretos para encabezar listas.

Este es un momento crítico porque a la política no le queda otra que dedicar sus mayores energías a pensar en las elecciones en el peor momento sanitario y un contexto económico muy complicado para la percepción ciudadana, más allá de algunas mejoras que se producen en los indicadores objetivos. Siempre debe tenerse en cuenta que los mismos ayudan a describir el contexto, pero no son el contexto en sí mismo. Veamos esto con detalle para no confundirse.

Número más o menos, la economía va a tener este año un rebote positivo de alrededor del 6 % del PBI. Sin embargo, al mismo tiempo, salarios y jubilaciones sufren porque corren detrás de una inflación que es mayor que la del año pasado –previsible- y con una generación de empleo menor. Por lo tanto, como ya ha pasado en más de una oportunidad en esta etapa democrática, las estadísticas mejoran pero “la calle” no lo siente y se termina produciendo un desfasaje complicado, sobre todo para el oficialismo. Por eso, la puja dentro del gobierno respecto a que Guzmán abandone su “afán ajustador” y no se obsesione con las cuentas fiscales. ¿Para qué? “Si total el acuerdo con el FMI no sucederá ahora. Ya habrá tiempo para hacer buena letra post 14 de noviembre. Además, tanto ajuste ortodoxo tampoco está ayudando a que baje la inflación”, le dirá el kirchnerismo al ministro. 

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Además de la recuperación económica a medias, la otra gran apuesta son las vacunas, como ya se sabe. Al respecto, nunca está de más ser abogado del diablo:

1) si bien la vacunación claramente va a estar en mucha mejor situación en noviembre que ahora, “el voto vacuna” puede diluirse con el tiempo porque hay un tema de timing: cuánto dura el efecto positivo hacia el gobierno de haber sido vacunado; 

2) muchos vacunados no van a cambiar su voto por ese solo hecho; 

3) la vacunación ayuda a amortiguar el stress sanitario, pero el gobierno podría verse obligado a nuevas restricciones (que sí generan mal humor). Ya sea porque la curva no baje lo suficiente, por factor relajamiento o por lo indomable de nuevas cepas. En suma: vacunar más es mejor desde todo punto de vista político, pero quizás amortigüe pérdidas más que generar votos. Difícil de predecir por la complejidad de los factores.

El tercer factor importante, que el presidente no tiene bajo control, son los ruidos políticos internos. ¿Por qué? ¿Si la politiquería no le interesa a la gran mayoría? Al menos en los estudios lo que surge es un mandatario con un liderazgo débil y desdibujado. Eso en un sistema cultural presidencialista tiene consecuencias negativas sobre la evaluación general de la gestión, lo cual deriva en pérdida de votos, aunque no signifique perder la elección. Por eso, la administración ha ido perdiendo apoyo ciudadano casi sistemáticamente desde un año a esta parte. Pese a que cada vez hay más vacunados y pese a que hay indicadores económicos que repuntan.

Entonces los factores a considerar son tres, no dos. Porque como en toda relación humana, cuando se produce una decepción, la recuperación de la confianza cuesta mucho. Recordemos que Alberto firmó un contrato simbólico de ser moderado cuando ganó –de estilo y de contenido ideológico- y eso se le perdió hace mucho. Ergo, las acciones concretas positivas son muy necesarias, pero no suficientes. En materia de comunicación de gobierno, los atributos del liderazgo son claves. 

Ahora, el oficialismo no es el único que tiene problemas. En paralelo, el radicalismo parece sentado en la platea comiendo pochoclos mientras que dentro del PRO se lanzan misiles en cámara lenta. Aflora como nunca el debate sobre la estrategia frente al gobierno. El entorno de Rodríguez Larreta confirmó su presunción que las peleas no son gratis: ha perdido algunos puntos de imagen positiva con las idas y vueltas por la discusión respecto a la presencialidad de las clases. Pero a los halcones no parece importarles mucho eso. Van a full con cada tema que se les pasa por delante. Una especie de Partido Intransigente de este siglo (salvando la diferencia ideológica). Si logran sumar a los libertarios a la primaria cambiemita ¿seguirán con la misma tónica? 

Los moderados huyen de las confrontaciones. Cuando la política hace demasiado ruido empiezan a mirar para otro lado. Pero ¿hay otro lado? ¿es posible cultivar las ganas de “votar algo distinto”? Posible es, lo que no es fácil. En un mundo donde las infinitas combinaciones de “ceros y unos” gobiernan nuestras vidas –desde la confección de esta columna hasta la contratación de un delivery- salir de la lógica binaria es complejo. Sin embargo, depende de cuánta fuerza tenga la demanda por un nuevo espacio que se plantee cierta equidistancia de los dos polos mayoritarios, cuyos pisos sumados arrancan en el 70%. ¿Es ese espacio Espert, parándose en uno de los extremos? ¿O Randazzo cosechando un voto transversal “por el medio”? Estamos a punto de develarlo en pocas semanas cuando quede definida la oferta electoral en la provincia de Buenos Aires. 

Téngase en cuenta que en una legislativa la fragmentación es más alta porque no están en juego los ejecutivos. Ya tenemos una larga experiencia de “voto por gusto” en los comicios de medio término. Es decir, aquellos que se inclinan por opciones que no necesariamente van a ganar, pero que no quieren ser presos de la lógica del “voto útil”. En 2013 en territorio bonaerense, fuera de los dos más votados y la izquierda, hubo 17 puntos que votaron otra cosa. Cuatro años después, en 2017, en el mejor momento de Macri y con Cristina en la boleta, otra vez 17 % se salió de la polarización. 

Quizá haya que recordar las estrofas de Favero cuando entonaba “somos muchos que dos”.

 

*Consultor político. Ex presidente de AsACoP.