martes 27 de julio de 2021
CULTURA La ciudad pensada III
16-03-2021 13:46

¿Qué ritos y misterios guarda el edificio más insólito de Buenos Aires?

En una calle de Barracas, una rara fachada de una casa antigua ostenta figuras simbólicas que la conectan con la masonería.

16-03-2021 13:46

Al caminar por una calle de barrio esperamos casas bajas, edificios de mediana altura, y un ritmo de vida más sosegado. Pero no, seguramente, encontrar un “mapa” de símbolos masónicos…  

En San Antonio al 800, en Barracas, ciudad de Buenos Aires, una rara fachada de una casa antigua no se ciñe a decoraciones florales, cornucopias o gráciles detalles de herrería. Por el contrario, en su fisonomía se labran misteriosas figuras simbólicas. Es la logia masónica de los Hijos del Trabajo.  

Los ritos y lo misterioso envuelven a la masonería, que aún sigue dimanando su hechizo.  

El camino masónico.  

La institución masónica se distingue por su carácter iniciático, filosófico, filantrópico y progresista. Lo iniciático alude a ritos de iniciación mantenidos en discreción o reserva, que deparan al ingresante la nueva condición de aprendiz y compañero y, eventualmente, maestro, dentro de un aprendizaje filosófico que invita a la reflexión sobre el sentido espiritual de la existencia, y que se enriquece con un pensamiento simbólico, relacionado con los elementos de la albañilería, y con el Gran Arquitecto del Universo; una creencia de un universo con sentido trascedente, pero que repudia todo fanatismo, proselitismo y dogmatismo. Su cariz filantrópico la despoja de todo fin de lucro, y la compromete con la beneficencia, y el bienestar de la humanidad; y es progresista en cuanto defiende la total libertad de conciencia y la tolerancia, lo que se refleja en su diversidad y aceptación de todos por igual; ateos, agnósticos, o creyentes de las distintas religiones, son aceptados por igual en su seno, sin lugar a ninguna discriminación por razones raciales, sociales o religiosas.  

La institución masónica es también federal, internacional y pacifista. Y dado que todos procedemos del Gran Arquitecto del Universo, todos somos iguales, lo que refuerza lo filantrópico, y el interés masónico por el bienestar del prójimo y la unidad fraternal.  

Sus principios básicos son Libertad, Igualdad y Fraternidad, es decir los ideales de la Revolución Francesa. Y su lema Ciencia, Justicia y Trabajo. Y lo masónico, además de su vía simbólico-filosófica, abraza la razón y la ciencia; y la masonería fue secreta cuando imperaba la persecución de sus miembros por las monarquías, en contubernio con la iglesia, y el gobierno de Franco. La iglesia católica siempre aborreció de la masonería, aunque, por su amplitud, algunos ilustres masones fueron también curas, como Miguel Hidalgo y Castilla, padre de la independencia mexicana.    

A veces, la masonería es criticada por su pompa ceremonial; o, algo más espinoso, se le ha endilgado la mancha de la Logia de la Propaganda Due, conducida por Licio Gelli; pero esa falsa logia fue separada de la masonería por negar todos sus principios.  

Unos orígenes legendarios.   

En su vasta historia, la masonería hunde sus raíces en la antigüedad. Su leyenda fundacional es la atribuida a Hiram Abif, arquitecto mítico del Templo de Salomón de Jerusalén. Pero el origen de lo masónico es debatido y ofrece distintas procedencias. Así algunos lo relacionan con Moisés, Noé, o Tubalcaín, otro personaje bíblico asociado con la metalurgia; o los Colleggia Fabrorum romanos, o el arte constructor de las pirámides egipcias; o incluso, la Orden de los Templarios o los Rosacruces.  

Sus símbolos proceden de los albañiles y canteros medievales, constructores de las catedrales góticas, y reunidos en gremios o logias. Su arte de la construcción avivó la llamada “masonería operativa”, relacionada con el trabajo manual, y simbólico, con la piedra y la edificación. Y a partir del siglo XVIII, en tiempos de la Ilustración europea, devino “masonería especulativa” o moderna, en la que lo esencial es un conocimiento simbólico abierto a todos los individuos honrados deseosos de transitar su experiencia de formación en las “tenidas” o reuniones de trabajo en las logias, con sus ritos y reglas de la masonería regular.  

El inicio de la masonería especulativa se sitúa en las Constituciones de Anderson, redactadas en Londres, en 1723, por el pastor presbiteriano y masón escocés James Anderson, junto al filósofo francés Jean Theophile Désaquiliers, admirador y difusor de la obra de Newton.  

En la fraternidad masónica se integraron personas modestas, y también intelectuales, políticos, militares, que ejercieron gran influencia, en los siglos XVIII y XIX, en la lucha contra las monarquías, aliadas a los Papas, en búsqueda de la libertad de los individuos y las naciones.  

La expansión masónica.  

Su influjo se extenderá hasta Argentina a través de la logia Lautaro de San Martín en 1812, previamente fundada por el revolucionario Francisco de Miranda, en Londres, en 1798. Manuel Belgrano fundó logias en Tucumán y en el norte del país. Y la masonería argentina, con importantes antecedentes como la Logia Independencia de 1795, y mediante la unión de siete logias preexistentes, se organizó el 11 de diciembre de 1857 como Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, bajo los auspicios del abogado José Roque Pérez, gran maestre, que luego participará como voluntario durante los trágicos días de la fiebre amarilla, en 1872; acción noble por la que murió contagiado.  

Al poco de constituida, la Gran Logia tuvo fuerte importancia en las negociaciones que condujeron a la unificación nacional, en 1862, superando la fractura entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, tras las batallas de Cepeda y Pavón, y bajo la aceptación de la Constitución de 1853.  

Catorce presidentes de Argentina fueron masones, como Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre, Sarmiento, Sáenz Peña, Pellegrini, y otros. Desde su sede central en el Palacio Cangallo, en Perón 1242, emplazada allí a partir de 1872, la masonería se expandirá, hasta llegar a Barracas…  

Un lugar en la calle San Antonio.  

A fines del siglo XIX, y luego de la fiebre amarilla y bajo el gobierno de la generación del 80, en la zona de Barracas se agruparon talleres, industrias, negocios y casas muchas veces erigidas por los propios inmigrantes italianos que arribaban a la Argentina.  

En los grandes establecimientos industriales se organizó la lucha gremial obrera. La Logia de los Hijos del Trabajo auspició la resistencia, brindando apoyo económico y ofreciendo su lugar para reuniones gremiales. Esta interacción entre la logia y el espíritu gremial provenía de las sociedades mutuales de la época que alentaban la defensa común; las sociedades líricas para el esparcimiento y la integración social; y las logias masónicas, como la de Barracas, dadora de estímulos para el crecimiento educativo, espiritual e intelectual.  

La logia de los Hijos del Trabajo fue fundada el 14 de mayo de 1882. Originalmente, sus miembros eran italianos, franceses e ingleses. Tras algunas sedes previas, se instaló definitivamente en San Antonio 814. Cerca, en Alvarado 1963, lo que fue una Casa del Pueblo, muy deteriorada hoy, exhibe también simbología masónica.  

Cuando los Hijos del Trabajo se constituyó como asociación civil y se le concedió la personería jurídica, se anunciaba que su propósito era “difundir entre sus asociados la educación, instrucción civil y moral, practicar la caridad y el socorro mutuo entre los mismos bajo el precepto “Uno para todos, todos para uno”, velar por la libertad civil y de conciencia y por el perfeccionamiento de la humanidad”.  

Luego de su fundación, la logia continuó hasta el cese de sus actividades en 1983. Aunque luego se levantaron “nuevas columnas”, expresión masónica para aludir al renacimiento de la logia, que, junto con otras, actúan tras su extraordinaria fachada, altamente simbólica, concebida por el arquitecto Cabot, en 1919, al estilo egipcio, de lo que, inicialmente, era solo una típica casa chorizo.  

La fachada de los Hijos del Trabajo corporiza un perfil de la ciudad moderna como ciudad simbólica. Aquí, el preponderante estilo del racionalismo funcionalista es reemplazado por un lenguaje a descifrar, por el que el pensamiento, mediante imágenes simbólicas, se abre a procesos espirituales anhelantes de apertura mental y sabiduría.  

En el frontispicio de la fachada simbólica, entonces, se anuncia Hijos del Trabajo. Y debajo, a la altura del capitel de tres columnas, un ojo dentro del triángulo, cuyos tres lados simbolizan sabiduría, fuerza y belleza. Y el ojo es lo que comunica con el sol, la luz y el espíritu, y es el órgano que puede ver, comprender e intentar realizar el plan del Gran Arquitecto del Universo. Y a un lado, la escuadra y el compás, los símbolos masónicos más difundidos, procedentes del arte constructor de los canteros y albañiles medievales. La escuadra, símbolo de rectitud; el compás, referencia a la equidad. Dentro de la escuadra y el compás, la letra “G”, relacionada con la Geometría identificada con Dios como “Gran geómetra”.  

Sobre el nombre de la logia, un disco solar o Sol alado de los egipcios, con dos serpientes que, entre algunos de sus significados, simboliza la eternidad y espiritualización de la materia. En la izquierda, otro Sol alado; un relieve con las pirámides de Gizeh, letras masónicas, efigies del antiguo Egipto, puertas nuevamente con la escuadra y el compás; en el remate tres figuras egipcias; y, en toda la fachada, entre las columnas y los símbolos, flores de loto, como referencia a la iluminación, y hojas de acacias, como símbolo de inmortalidad.  

Toda una simbólica que, rectamente “leída” o comprendida, es parte del camino masónico de pulir la piedra que ilustra el Rodin masón en una serie de sus esculturas. Trabajar primero la naturaleza tosca, áspera, para de lo pedregoso llegar a la lisura del mármol, la expresión de una vida regida por la libertad de pensamiento, contra la ignorancia y el fanatismo, y por principios de ética y justicia aplicados a la vida.      

En su interior, está la biblioteca “Federico Garrigós”. El templo de 1890, simboliza al templo de Jerusalén construido por el rey Salomón. De planta rectangular, con cuatro lados que remiten a las cuatro direcciones del espacio terrestre, llamados Oriente, Occidente, Norte, y Sur o Mediodía. El cielorraso representa el cielo, y en el Oriente por donde nace el sol, fuente de sabiduría, se ubica el trono del venerable maestro.  

Al pasar frente a la fachada.  

Además de la casa masónica de San Antonio en Barracas, y su sede central en el Palacio Cangallo, la andadura masónica en arquitectura se expresa también en La Plata, fundada en 1880 a instancias de Dardo Rocha, y el ingeniero Pedro Benoit; ciudad planificada desde el espíritu masónico al igual que la ciudad de Washington. Y la huella masónica brilla en el ex edificio de la Prensa y su Salón Dorado, en Avenida de Mayo 575; o las alegorías que se muestran ya en el portal del ingreso del Cementerio de la Recoleta.  

No muy lejos de la logia Hijos del Trabajo, discurren las contaminadas aguas del Riachuelo, y más cerca, el pasaje Darquier, con su calle adoquinada con piedras procedentes de la isla Martín García. Y también en el aire barrial se propaga el frío soplo de las fábricas quebradas o disueltas.  

Y una tarde lluviosa, pasamos frente a la logia de los Hijos del Trabajo. Entre el agua y la humedad nos detenemos ante la rareza. Recordamos los tiempos de reuniones de masones y obreros entre escenas simbólicas y ansias de mejoras sociales.  

Y los símbolos necesitan quienes lo interpreten. Por eso, por un momento reparamos en los significados de la magnética fachada de la ciudad simbólica. Así, el frente de la casa chorizo en Barracas renace no como mero exotismo ornamental, sino como anuncio de un continuo mensaje, entre las gotas de lluvia de la tarde, las mañanas, mediodías, o las noches con sus estrellas lejanas.     

 

*Filósofo, docente, escritor, su último libro La sociedad de la excitación. Del hiperconsumo al arte y la serenidad, Ediciones Continente; creador de canal cultural “Esteban Ierardo Linceo YouTube”.