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sábado 7 febrero, 2015

Los fiscales, ese verdadero cuarto poder

Por Mónica Beltrán. El trabajo del Ministerio Público, consiste tanto en la dirección como en la estrategia de las investigaciones más complejas. Lidian con los servicios y políticos.

por Redacción Perfil

Foto: Marcelo Aballay

Conmoción. Estupor. Miedo. Son las primeras palabras que surgen en estos días en boca de los funcionarios del Ministerio Público Nacional cuando se les pregunta por el clima que se vive en la institución. Es que los 200 fiscales nacionales y federales se sienten bajo la lupa. Los mira el poder político, los presiona el  Gobierno y la oposición. Y la sociedad les exige que cumplan un papel casi heroico. La muerte del fiscal Alberto Nisman puso en escena pública los diversos conflictos de intereses y malestares internos desatados que se suceden desde la asunción en agosto de 2012 de la procuradora general Alejandra Gils Carbó, la jefa de todos los fiscales nacionales y federales.

Desde la muerte del fiscal, la potencia del tema lo mantuvo siempre entre los titulares del  día y en la charla de la gente en la playa o en la oficina. Y surgió así el debate: ¿qué es un fiscal? ¿Está preparado psicológicamente para recibir tanta presión? ¿Tiene la capacidad de lidiar con la policía y los servicios de inteligencia, en el curso de una investigación? ¿Es posible aprender a ser fiscal? ¿O es pura práctica o instinto? Al fin y al cabo un fiscal no es otra cosa que un abogado. Para asumir no requiere más formación que un título académico y la matrícula que otorgan los colegios profesionales.

Se los elige a través de un concurso a propuesta de la procuradora general. Surge de una terna. Se lo somete a oposición de antecedentes y una entrevista. Posteriormente, tiene que tener el acuerdo del Senado. El cargo es vitalicio. Un fiscal sólo puede ser suspendido o removido por decisión de mayoría simple de un “jury” o Tribunal de Enjuiciamiento.

Un fiscal puede conocer mucho de derecho y no saber conducir una investigación. Me encontré con fiscales que no sabían lo que era un amparo o que no apelan simplemente por dejadez”, apunta el abogado Martín Scotto.
 
¿Cómo se forman? En la Argentina la abogacía es una de las carreras más desreguladas. “No tenemos examen de ingreso en la facultad, ni de egreso, como sí hay en Chile o en Bolivia, tampoco examen de ingreso a la profesión, como sí existe en Brasil o en Estados Unidos”, explicó a PERFIL Martín Bohmer, investigador en jefe de Cippec.

En Brasil, por ejemplo el 80% de los abogados que egresan de la universidad no obtienen la matrícula porque no aprueban el examen. En otros países, las facultades de derecho tienen especialidades diferentes para quienes quieren ser jueces, fiscales o abogados defensores. Acá nada. Algunos posgrados y capítulos sueltos en materias. La formación ocurre, o no ocurre en la práctica”.

Lo que fortalece es la experiencia y el carácter del funcionario. Eso es difícil de detectar en un concurso, ahí se ve el conocimiento del derecho, pero la valentía y la voluntad de independencia no”, admite Manuel Garrido, actual diputado y ex fiscal de Investigaciones Administrativas entre 2003 y 2009. 

Difícil resulta pensar que el fiscal, como se ve en las películas, represente realmente a la sociedad cuando lo nombra quien está al frente de la Procuraduría y con acuerdo político (del Senado).
La Constitución Nacional del 94 les dio rango constitucional, inmunidad y autarquía financiera en el artículo 120. “Son un órgano extrapoder. En la práctica hay cuatro poderes: el Ejecutivo, el Judicial, el Congreso y el Ministerio Público que tiene dos patas: la Fiscalía y la Defensa, éste es un poder bicéfalo”, explica Alfonso Santiago, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Austral.

¿A quién representan? Santiago no duda: “Al Estado, si representaran a la sociedad deberían ser electos por voto directo”. Garrido considera que “representan el interés general de la sociedad”.  

Una tercera postura introduce Martín Hevia, decano de Derecho de la Universidad Di Tella: “Son mezcla de la representación del Estado y la sociedad. Sin fiscales no hay Estado de derecho”.

Estados Unidos es el único país del mundo que tiene, en cuatro de sus estados, los district attorneys o fiscales distritales que son electos por voto popular.

El nuevo Código Penal Procesal aprobado, cuya implementación está aún en la nebulosa, fortalece el papel de los fiscales, avanzando hacia un sistema similar al norteamericano. Les da una función acusatoria.

“Estamos en transición, pasamos de una tradición inquisitiva a un sistema acusatorio. En el inquisitivo, investiga y sentencia el juez (tradición europea). Ahora la investigación y la acusación será responsabilidad exclusiva del fiscal”, explica Bohmer.

El futuro del nuevo Código es incierto porque para que funcione una comisión bicameral  debe haber dos nuevas leyes: la de implementación y la reforma judicial. 

Además de los fiscales nacionales y federales, hay fiscales en las provincias, en la Ciudad de Buenos Aires y en los municipios. En la Ciudad el rol del fiscal ya es acusatorio. Celsa Ramírez es fiscal de la Unidad Sur del Ministerio Público de la Ciudad. Llegar a ese lugar le llevó 16 años. Ingresó como auxiliar a los 25. “Los fiscales tenemos un alto poder de decisión y definimos la estrategia de investigación. La gente tal vez, recién ahora tiene en cuenta más nuestra función con el “caso Nisman”, destacó Ramírez.  

Fein: fiscal herida. Todas las miradas están puestas en estos días en el trabajo de la fiscal Viviana Fein de Olivieri.  “Fein es una mujer ya grande y hasta tiene la jubilación acordada”, contaron a PERFIL empleados de la Procuración General que pidieron mantener en reserva su nombre. Otros voceros fueron un poco más lejos: “Como fiscal demostró ser muy incompetente”, dijo Scotto, quien fue abogado defensor en la causa caratulada “Kaplum, Ricardo James sobre su muerte, apremios ilegales, Policía Federal”. “Fein era la fiscal y no hizo nada”, aseguró. Por esa causa, el ex procurador Esteban Righi, le aplicó en diciembre de 2012 un “severo llamado de atención” por haber cometido omisiones graves en la investigación de la causa, en la que finalmente no pudo comprobarse nada.


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