OPINIóN
América Latina

La corrupción en el sistema económico global y en la región

Para reducir la corrupción, es decir, el enriquecimiento de un funcionario público transgrediendo la ley,hay que necesariamente reformar el Estado.

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Odebrecht. | Bloomberg

A partir del impulso del Banco Mundial y de otras instituciones en los 90, de los escándalos de corrupción de diversos gobernantes (Suharto, Mobutu, Marcos, entre otros) y hechos corporativos de falta de conducta ética (como el de Enron o Worldcom), se acentuó la sensibilidad mundial ante el eje corrupción. El tratamiento teórico y las iniciativas de política pública se han acrecentado notablemente para combatirla. El paso de las economías de comando hacia economías de mercado, ha supuesto un desafío para las economías emergentes que se enfrentan a la corrupción, en particular las latinoamericanas que se han visto desafiadas por el caso Odebrecht, entre muchos otros.

No existe una definición generalmente aceptada del término corrupción, aunque por convención se refiere al vínculo espúreo entre sector público y privado. La definición más validada es el enriquecimiento de un funcionario público transgrediendo la ley y concretando un acto para su propia conveniencia.

No existe tampoco una teoría general sobre la corrupción. El campo está lleno de evidencia anecdótica y de múltiples casos de estudio. En los últimos tiempos, los estudios empíricos tratan de encontrar regularidades y los modelos formales complementan el trabajo econométrico, pero todavía sin arribar a resultados más generalizados.

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El tratamiento del tema, por ser ajeno al núcleo convencional del análisis económico, requiere del aporte de las ciencias políticas, de la sociología y del análisis filosófico. Los elementos culturales son valiosos para enmarcar el estudio de la corrupción. Estas variables escapan al núcleo de estudio de la economía en su mainstream.

La corrupción debe ser entendida como un fenómeno social complejo de alcance más amplio que el que ocurre solo en la intersección del sector público con el privado

Fue bastante superada la defensa de la corrupción como funcional al sistema productivo a modo de “aceite” para los engranajes del circuito económico. Los modelos formales y las regresiones sobre más de una veintena de variables, en ejercicios de sección cruzada, muestran evidencia importante en el sentido que la mayor corrupción: distribuye mal los recursos, reduce la inversión, disminuye la competitividad y la eficiencia, aumenta los costos de transacción, incrementa la pobreza, socava al Estado de derecho, e incentiva la inestabilidad política.

En la revisión de literatura más tradicional sobre el tema se hace énfasis, sin agotar evidentemente esa línea de trabajo, en las relaciones entre corrupción y desempeño económico, un término amplio para incluir competitividad, productividad, eficiencia, crecimiento y -sobre todo- desarrollo. El problema de trabajar con hechos parcialmente inobservables como son los hechos de corrupción -que conocemos de modo imperfecto- está siempre presente.

Por otra parte, se considera oportuno segmentar las muestras y realizar estudios econométricos que diferencien por ejemplo países emergentes y desarrollados.

 Para reducir la corrupción, institución emergente del sistema social, hay que necesariamente reformar el Estado

La corrupción debe ser entendida como un fenómeno social complejo de alcance más amplio que el que ocurre solo en la intersección del sector público con el privado. Por su naturaleza, el fenómeno de la corrupción es cada vez más global y atañe a la responsabilidad de los estados. Representa un desafío para las democracias. Ocurre tanto en países emergentes como en centrales.

La gestión del Estado -teniendo presente toda la literatura de control de corrupción- requiere transparencia para evitar problemas típicos de captura del Estado y tráfico de influencias. Existe una asociación estrecha entre corrupción y pérdida de la legitimidad de los gobiernos. Por esta razón, para reducir la corrupción, institución emergente del sistema social, hay que necesariamente reformar el Estado.

Entre estas reformas, son claves las que acoten rentas discrecionales, de tal modo que favorezcan más las reglas de mercado, a través de salarios públicos más razonables, políticas industriales no discrecionales y buen sistema de incentivos.

En definitiva, la corrupción tiene mucho que ver con la inestabilidad política y por eso es mayor en nuestra región y supone un desafío importante para la política pública y para la agenda de los empresarios, los sindicalistas y los gobernantes. Como dice Pagni, la corrupción es hoy en la región, lo que fueron los golpes de estado en el siglo 20, un fenómeno extendido incontrolable por la sociedad.

*Director Área Economía IAE Business School, Universidad Austral.