22 oct 2020
OPINIóN |17 de octubre - 75 años
sábado 17 octubre, 2020

El día en que los trabajadores cambiaron la historia

En su libro Qué es el peronismo, Alejandro Grimson reconstruye esa jornada decisiva y sostiene que la investigación académica permite ir más allá del mito. El rol de Perón y Evita y de la CGT y el protagonismo de los mandos intermedios de los sindicatos, que forzaron a la dirigencia a sumarse a la protesta de los obreros.

Alejandro Grimson*

Desborde. La multitud sorprendió a la policía. Muchos agentes se sumaron a las columnas que llegaban. Foto: cedoc

Hay mil y una versiones sobre el 17 de octubre, el día en que una multitud de trabajadores irrumpió en la vida política argentina y cambió el curso de los acontecimientos históricos. La mayoría de las narraciones cuentan que los obreros marcharon sobre la ciudad de Buenos Aires y ocuparon la Plaza de Mayo. Pero en aquel momento hubo también quienes lo interpretaron como una acción combinada de la policía con sectores lúmpenes que fueron arrastrados a esa movilización. Eran unos pocos miles, eran un millón. Todo lo que se puede decir ha sido dicho sobre aquel día. ¿Existe la realidad o solo versiones? Hay hechos que efectivamente sucedieron, otros que solo ocurrieron en la imaginación de algunas personas y otros sobre cuya existencia jamás podremos estar seguros. ¿Los manifestantes estaban “descamisados” o usaban sacos? ¿Concurrieron de manera espontánea o manipulada? ¿Quiénes eran? ¿Migrantes del noroeste, “cabecitas negras”, o había diferentes sectores de trabajadores? ¿Llegaron a la Plaza a las seis de la mañana o a las seis de la tarde? ¿Fue una huelga general de la CGT?

Estas y otras preguntas expresan hasta qué punto el relato sobre lo sucedido aquel día, que se construiría luego como la fecha de nacimiento simbólica del peronismo, continúa siendo objeto de disputa en la Argentina, controversia muchas veces alocada y poco atenta a los hechos conocidos. Para establecer qué ocurrió ese día hay dos grandes problemas. En primer lugar, el relato mítico que se construyó alrededor del 17 de octubre durante los primeros gobiernos de Perón, reforzado por una liturgia que lo celebraba y renovaba con cada aniversario. En segundo lugar, aun setenta años después existen versiones antiperonistas que no entienden de manera cabal qué pasó aquel día que cambió a la Argentina. Los medios de entonces consideraban normal la represión policial y solían protestar ante la “pasividad” de las fuerzas de seguridad (la ausencia de represión brutal), recriminaciones que todavía persisten en ciertos ámbitos.

Sin embargo, hay algo más. Algo muy polémico, pero a mi juicio claramente demostrado por la mejor investigación académica. Desde aquel día muchos antiperonistas creyeron –y aún sostienen– que Perón organizó todo lo que sucedió el 17 de octubre. La investigación ha dejado en evidencia que no fue así, e incluso ha mostrado que habría sido imposible por una simple razón. Una de las consecuencias del 17 de octubre fue cambiar el panorama político y tornar factible la candidatura de Perón. Pero la otra fue que el lugar que ocuparon los trabajadores en el primer peronismo fue más preponderante que el que Perón mismo había imaginado originalmente. Ambos elementos tienen que comprenderse para captar por qué ese día implicó un antes y un después para la política argentina.

Desde aquel día muchos antiperonistas creyeron -y aún sostienen- que Perón organizó todo lo que sucedió

Muchas versiones del 17 de octubre coinciden en algo: los narradores creen saber la verdad y están convencidos de que, al revelarla, el país al fin será liberado de sus fantasmas. Quizá la verdad sea que no hay vida ni país sin fantasmas. Así y todo, es diferente una sociedad que debate interpretaciones de hechos históricos de otra que llega al absurdo de discutir los hechos históricos mismos. Por eso, tratar de arribar a un acuerdo sobre qué sucedió puede ayudarnos a resolver nuestras propias controversias.

El 17 de octubre no fue un fenómeno de movilización nacional. Si bien fue relevante en Rosario, La Plata, Berisso y Ensenada, Córdoba, Tucumán, así como en otras provincias que se sumaron a la huelga general del 18 de octubre, lo cierto es que por peso industrial, demográfico y político, el hecho central ocurrió en la ciudad de Buenos Aires y su periferia, aunque no debería perderse de vista el vínculo entre algunos de sus protagonistas con la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (Fotia) o con el sindicalismo de San Juan o Rosario.

Continuarán las investigaciones y controversias sobre aquellas fechas y sobre los peronismos, en plural. Los buenos debates, como los buenos análisis, no desconocen lo evidente, no ignoran los avances del conocimiento, no aceptan reproducir la mitologización. Saber qué ocurrió es crucial para poder asumir una posición (…).

Cómo se gestó la movilización: desarticulaciones. ¿Cómo se gestó el 17 de octubre? ¿Fue a partir de una orden de Perón, de Evita, de la CGT? ¿Fue una movilización espontánea? 

El papel de Perón y Evita en estos hechos ha sido objeto de acalorados debates. La evidencia histórica muestra que el rol de Evita no fue relevante y que durante los días previos Perón estaba más ocupado pensando en su retiro que en su presidencia. Incluso la conspirativa idea según la cual la movilización surgió a partir una orden de Perón a Mercante, su mano derecha de aquel entonces, quien luego a su vez impartió las directivas a los obreros, es una teoría que presenta dos problemas. Es inimaginable que Mercante no hubiera revelado años después que él mismo había organizado todo lo que sucedió aquel día. Pero aunque lo hubiese confesado, el hecho es que en la mañana del 17 de octubre Perón y Mercante estaban arrestados, nadie tenía por qué temerles. Más bien, por el contrario, eran hombres derrotados.

Los dirigentes sindicales no planeaban ir más allá del acto de despedida de Perón del 10 de octubre. La solidaridad con aquella figura vencida parecía ser un compromiso moral que incrementaba la identificación con el líder. Pero con el cambio de rumbo del gobierno, la detención de Perón y la ofensiva patronal se generó una gran agitación entre los trabajadores y comenzaron a coordinarse reuniones sindicales para decidir la postura a adoptar.

Consideremos ahora la idea de que la declaración de la huelga de la CGT para el 18 fuera la explicación de que los obreros se manifestaran el 17 de octubre. ¿Cómo se entiende que no esperaran un día más? ¿Por qué los trabajadores sincronizaron con ese reclamo saliendo un día antes a la calle? No hay evidencia alguna de que los grupos no lo habrían hecho sin la declaración de la CGT.

De hecho, así lo observa Torre: “Si en la votación del Comité Confederal hubiese prevalecido la postura de los dirigentes que preferían postergar la huelga general, lo más probable es que se hubiera producido una división en las filas sindicales, pero no que el grueso de los sindicatos y la masa obrera partidarios de pasar a la acción desistiera de ello”.

Además, es preciso reparar en un detalle relevante: como la huelga se votó el 16 de octubre a las 23.45, es difícil creer que la noticia circulara a tan alta velocidad como para producir un hecho que se inició en la madrugada del día siguiente.

La declaración de la CGT no debe ser subestimada ni sobreestimada. ¿Qué sería sobreestimarla? Adjudicarle un papel que no tuvo: no hay una sola evidencia empírica de su incidencia en la movilización del 17 de octubre, ya que esa jornada sucedió con autonomía de una CGT que no tenía en aquel entonces la relevancia que adquirió después. Por eso, no parece certero afirmar que aquel día la CGT hubiera operado “más bien como agente de coordinación de una acción colectiva gestada con independencia de ella”. ¿Qué sería subestimarla? No percibir que, en el momento de la decisión, la CGT declaró la huelga general para el 18, lo cual implicó haber tomado partido ante sus seguidores y ante Perón.

Por eso, la CGT y su comité de huelga pudieron reacomodarse rápidamente en el transcurso del 17. Por la mañana se reunieron con Ávalos, quien les exigió que levantaran la huelga del 18, a lo que se negaron. Horas más tarde, los dirigentes protagonizarían las negociaciones políticas en las que no participaron ni Cipriano Reyes ni otros que tuvieron un rol crucial en la movilización.

La idea de que la movilización se iba a producir en cualquier caso no es una idea de historiadores, sino que estuvo presente en los debates de la CGT del 16 de octubre. Bustamante, un sindicalista de la industria de la carne, dijo: “Si este cuerpo no resuelve la huelga general les puedo asegurar que se producirá lo mismo, por el estado emotivo de los trabajadores. […] Les aseguro, sin ánimo de presionarles, que si aquí no se vota la huelga, en Rosario se irá al paro lo mismo”.

Y Lombardi, dirigente de la UTA, afirmó: “Ninguno de ustedes ignora que el momento es sumamente grave, pues corremos el riesgo de perder el control del movimiento obrero que tanto trabajo nos ha costado organizar. Las masas obreras, para qué vamos a negarlo, nos están arrollando en forma desordenada”. 

Benigno Pérez sostuvo: “Los obreros de todo el país están con los ojos puestos en la CGT y piden que esta defienda a Perón, y si no lo hacemos nos perderán confianza, especialmente los del interior”.

Es decir, los dirigentes percibían una desarticulación y consideraban que esta división podía provocarles daños irreversibles. La votación de 16 a 11 a favor de la huelga del día 18 no es representativa del estado de ánimo de los gremios industriales, que eran minoría en esa reunión. En rigor, solo los ferroviarios se oponían a la medida y fue eso lo que prolongó las deliberaciones.

Por lo tanto, podemos procurar otros modos de entender la coordinación del 17 y los rasgos que adoptó la movilización. A nuestro juicio, se explica por lo siguiente:

  1. La existencia de un comité de enlace intersindical de la zona sur, a la que Torre refiere como dirección alternativa a la CGT. Es decir, una red de sindicatos de diferentes niveles que ya habían tomado la determinación de pasar a la acción.
  2. La aglutinación territorial de la industria y de la clase obrera en barrios muy específicos de Buenos Aires. La tradicional segregación residencial y la concentración industrial han favorecido en diferentes momentos procesos de coordinación. Esto implica que la decisión de algunos pueda ser conocida por muchos otros, porque hay comunicación cara a cara.
  3. La recepción de la noticia por parte de decenas o centenares de dirigentes obreros, como Perelman, que actuaron del mismo modo durante la mañana. Los dirigentes intermedios decidieron de inmediato acompañar el proceso.
  4. El papel de la radio, que a partir de determinada hora propagaba la noticia, a favor y en contra.
  5. Entre tensos diálogos con la policía, el levantamiento del puente para cruzar el Riachuelo, episodios de represión y negociaciones varias, el avance de la movilización hacia la ciudad, que había comenzado a tempranas horas de la mañana, era lento y pausado, pero también lograba incorporar nuevos cuerpos en su marcha. Los manifestantes se detenían a su paso en talleres y fábricas para pedir a los obreros que se sumaran y muchas veces encontraban respuestas positivas. Se afirma que desde el mediodía la policía cambió de actitud, e incluso algunos uniformados se adhirieron a la movilización. De a poco, otros trabajadores se plegaban engrosando las columnas que avanzaban hacia la Plaza de Mayo.
  6. El dato de que Perón estaba en el Hospital Militar, que hizo que numerosos grupos se dirigieran hacia allí. Hasta las 18 no se había anunciado que Perón hablaría en Plaza de Mayo.
  7. La afirmación de Troncoso de que en Plaza de Mayo no hubo mucha gente hasta las tres o cuatro de la tarde no indica, como él pretende, que fuera una movilización menor. Sobre este punto, Ramos decía: “Las manifestaciones obreras, aisladas al principio, se funden en columnas cada vez más imponentes. […] Al caer la tarde, el sector céntrico de la ciudad es irreconocible”. La movilización solo fue completamente masiva desde las 18.

A nuestro entender la sincronización no fue resultado de la espontaneidad, tampoco del hecho de saber que habría huelga al día siguiente. Fue fruto de la coordinación de dirigentes intermedios que trabajaron los días previos y durante esa mañana para que otros sectores se plegaran. Objetivo que consiguieron. 

Por eso, porque no había otra articulación, tampoco había una sola persona capaz de desmovilizar a esa plaza que no fuera el propio coronel Perón, y el gobierno estaba obsesionado con que no hubiera incidentes. Nadie iba a poder simplemente decir a los manifestantes que Perón estaba bien y lograr que esos miles de personas regresaran a sus casas sin más. De hecho, Ávalos lo intentó en varias oportunidades. Pero en ese momento de movilización, alegría y angustia entremezclada, el lazo con Perón era insustituible.

*Antropólogo. Miembro del Consejo de Asesores del presidente Alberto Fernández. Fragmentos de su libro Qué es el peronismo (Siglo XXI).


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