OPINIóN
Vil metal

Estamos como para el (t)asador

En esta “desesperante época de vaciamiento de nuestros ahorros”, no está mal que se publicite la compra-venta de los tesoros familiares, pero el marketing asalta con hostigamiento para que les entreguemos nuestras joyas.

Subasta de joyas de Heidi Horten 20230510
Subasta de joyas de Heidi Horten. | AFP

¡Ya lo notaste! Lo más publicitado no son las gaseosas que te procuran felicidad, o las cremas que te quitan años y prometen ese suave cutis culito de bebé. ¿Dirás las iglesias que te dan la salvación eterna en un tris y por apenas un diezmo? Tampoco.

¡Adivinaste! Son los negocios que nada (apenas) venden y que solo compran. ¿Qué no puede ser?  Sí, hasta te compran el alma, si te queda aún. Porque saben de tu desesperación y de tu perentoria necesidad de llegar a fin de mes con un plato de comida para los tuyos. Saben que entraste en deuda como la mayoría de los ciudadanos y no hay crédito que te banque, pues ya se lo fumó todo el Estado.

Y caminando, caminando, encontrás al salvador que de puro amable y por cuidarte bien, se lleva tus recuerdos más queridos, lo que reservabas para un momento dramático de la vida o el estudio de tus hijos o su casamiento. 

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Los cordiales aunque serios profesionales de la tasación se preocupan por el uso que darás al dinero, que te entregan como por arte de magia, de esa cornucopia contadora de billetes sin valor. Es que al toque calientan tu bolsillo y congelan tu alma. 

Es raro, ninguno de los actores de pacotilla, tan parecidos a la menguante y desvaída clase media, dicen que tapan el agujero negro de su presupuesto. No, todos tienen un sublime proyecto, que una peluquería, un viaje anhelado o fabricar algún triquitraque inservible. O sea, no resumen dolor, no hieden a mortificación ni culpa. 

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En verdad te das crédito a vos mismo y a su vez, descrédito.Te pagan pesos ajados aunque recién impresos y con la tinta aún chorreando: ¿ serán tus lágrimas o quizás tu propia sangre?

Compran en pesos y venden en dólar blue. Sí: el oro 24 vale $19.600 y lo venden afuera, así dicen ellos, a dólar blue: $39.200. O sea de $USD 34 a $USD 68. La diferencia explica porqué pueden pagar tanta publicidad en “prime time”. Me asombra a veces, que los periodistas que intentan hablar de verdad y la verdad, algunos a quienes creo, te lo cuentan como si ofrecieran una marca de vino o un pañal que absorbe hasta las penas. ¡Ay, esas groseras métaforas!

No está mal que se ofrezca donde vender tus joyas, porque es la desesperante época de vaciamiento de nuestros ahorros. Se necesita saber dónde y eso es marketing. Pero es increíble como al mejor estilo de René Laban, ese magnífico prestigitador, ya fallecido, que al decir que el truco no se puede realizar más lento, te engaña y asombra en todas. Acá realizan el truco de que no sólo  sea natural vender las  joyas de familia, sino además una virtud moral. 

Hasta una locutora trina transfiriéndote su ciega confianza y te intenta convencer desde el fondo de su alma que estos mercaderes están para hacerte un bien. Hasta una grande de la pantalla los publicita. Debe ser que se preocupan tanto por vos como por mí, los ciudadanos, o quizás sea que tienten los “cachets”, que a fin de cuentas pagamos los engatusados.  ¿Ves el círculo virtuoso?

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Sin duda tienen buenos redactores publicitarios, pues dicen que “no se aprovechan de tu necesidad, pues pagan un precio justo”. Pero sí se aprovechan de tu necesidad y el precio, ¿será justo? Además, te dicen que “las personas –ni en pedo van a decir fallecidos: tu papá o tu abuela- se van a poner contentos si usas esa joya para una necesidad”.  

Esa operación es parecida a la reunión de la familia celestial de una religión cristiana, que bautiza a fallecidos, hasta de otros credos, pero sólo si lo consienten. Una rara pirueta metafísica ¿o es pura teología?

La verdad se expresa en la enigmática frase: “Lo que regalas, queda en el alma” Frase canalla e incompleta: “Lo que les regalás a ellos, queda en su bolsillo, pero a vos te queda la pena, sí, un agujero en el alma, por haber traicionado a los que te quisieron, a los que te dieron lo mejor que podían: tus padres. Pero también a tus hijos, pues eso era para ellos. A eso ¿no se lo llama transmisión generacional?

Pero no sin piedad, avanzan y te dicen frases siniestras como “¿para qué dejar en el cajón lo que puede tener uso”. Ya te diste cuenta: ¡el cajón! Qué poco respeto.

No merecemos sufrir el embate televisivo y ese bastardo hostigamiento para que les entreguemos nuestras joyas

Otros van por “hay a quien confiar nuestras cosas valiosas”. Pero si no son gente de nuestra confianza, no son familia, por el contrario, son cuervos al acecho, no dije chupasangres, ¿o si?, si no que más bien el mensaje subliminal trata de convencerte a que ofrendas tu yugular, hasta quedar seco. ¡Pero contento y sin culpa!

Luego viene la moderna de “no viene mal hacer un cambio” – el cambio lo hacen ellos- que es la consigna que arrasa concultura , tradición, educación,la moral que te enseñaron tus padres y los valores ciudadanos. Claro: al que se queda en elpasado,se los hace polvo. Incineran todo. 

Pero implacables estudiaron todos los costados del negocio. Hasta hay un lugar donde “respetan el valor de tus afectos”. Huelga un comentario, indecoroso para un medio. A ver: ¿cómo los respetan? Además de hacer un increíble brinco metafórico. A ver: ¿Cuánto cuestan mis afectos? 

 

Estamos como para el (t)asador

Ya viene la contadora de billetes, con su  erótico “zum- zum” de fondo que, junto con el vientito que te da en la cara (lo sentís desde tu tele, sí) también irradia el dulce aroma del vil billete. Todos ríen al cobrar, agradecen el trato amoroso y el auténtico interés en ellos, anuncian que volverán y darán a conocer a los suyos, a gente tan de confianza. Un pequeño festín dionisíaco, exultante y maníaco, pero la verdad es otra.

La escribe Miguel Ángel Montero, tucumano (1922-1975) y la canta con Pugliese: Antiguo reloj de cobre:

"…El rebenque de la vida / me ha golpeado sin cesar /y en el banco prestamista / he llegado a formar fila / Perdoname, viejo, si de vos me olvido (…) / y [sé] que estás llorando, como lloro yo / cuatro pesos sucios por esa reliquia / Me mordí fuerte las manos / el dinero me quemaba / y mientras que blasfemaba / a la calle enderecé / y la imagen de mi madre /vi que me compadecía / y llorando me decía:
'El viejo te perdonó' ".

Esa madre que aparece en las nubes de la ilusión, como en ese film de Woody Allen. Pero la pena, el dolor, la tormenta culposa y la sensación de traicionarse, son de uno. Sabiéndolo, uno se autoriza y decide, no tiene otra opción para salvarse y salvar a los suyos, aunque sea por un tiempo, habitando la penosa sensación de estar inerme hoy y falto de seguridad frente al destino.

Pero para ello no necesito el verso, la trampa, la indulgencia, ni necesito hacérmelos. No merecemos sufrir el embate televisivo y ese bastardo hostigamiento para que les entreguemos nuestras joyas y de final, nos entreguemos nosotros también.

Ahora solo queda trasladar la desfachatez de este engaño masivo,a la retórica en la política. Te comen crudo, como siempre, una vez más. Si te dejás. 

Por ello, el estar despiertos en el ejercicio de la ciudadanía, el “no comer vidrio” es lo que permite decir ¡Basta! Una vez más y siempre.

*Psicoanalista, negociador, profesor universitario, escritor, coreuta.