domingo 22 de mayo de 2022
OPINIóN Análisis
09-11-2021 09:30

Comportamientos e investigación frente al Sars Cov–2: brecha entre producción y utilización de evidencia científica

Existían documentadas advertencias respecto a una creciente probabilidad de infecciones o reinfecciones emergentes en un contexto prevalente de cambios ecológicos y demográficos.

09-11-2021 09:30

Desde una perspectiva epidemiológica, la repentina aparición del SARS COV– 2 no sorprendió a los especialistas en Salud Pública; existían documentadas advertencias respecto a una creciente probabilidad de infecciones o reinfecciones emergentes en un contexto prevalente de cambios ecológicos y demográficos al colocar personas en contacto estrecho con múltiples variantes virales y microbianas y facilitar una probable diseminación fuera de sus huéspedes naturales (Morse 1995) (1).

Con una estricta visión epistemológica, fue dable observar afirmaciones iniciales erróneas respecto al SARS COV- 2, basadas en las características etiológicas distintas del SARS COV y el MERS (con transmisión principalmente zoonótica de dromedarios y escaso contagio de persona a persona).

Una revisión cualitativa de comportamientos observados internacionalmente debe promover aprendizajes de contextos adaptativos para crisis e incertidumbre. Para ello las nociones de precisión y exactitud como valores centrales de ciencia racional, obligan a revisar los eventuales sesgos y disonancias cognitivas que hayan dificultado un análisis temprano, exhaustivo y crítico, de nueva evidencia total o parcialmente refutativa de determinados conocimientos biomédicos prevalentes.

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En una reciente publicación Simon (2021) (2) afirma que las circunstancias clínicas críticas de la Pandemia del SARS COV–2 generaron agotadoras demandas terapéuticas que debieron afrontarse solo mediante ensayo y error; de igual modo plantea que no se hilvanaron instructivos epistemológicamente sustentados en observación clínica ni normas para actualizar rápidamente a partir de esta, los conocimientos médicos prevalentes.

Diversas recomendaciones clínicas tempranas resultaron impropias (no uso generalizado de barbijos, suposición sobre necesidad de aspirar gran cantidad de viriones de portadores con síntomas evidentes, no contagiosidad de asintomáticos y niños, no reconocimiento de factores múltiples de transmisión del virus por aerosoles u otros fómites) y esa falta de claridad implicó desafíos no solo para los clínicos sino también para los filósofos de la Medicina (epistemólogos).

En este contexto, no se hilvanaron instructivos respecto a los mejores métodos para recabar información contrastable a partir de la práctica clínica efectiva, y de qué manera a partir de ésta, se debería actualizar rápidamente el conocimiento médico generalizable y aplicable. Este argumento describe explícitamente la existencia de brechas, no solo en el conocimiento operativo de ciencias aplicadas como la Medicina, sino también en los marcos conceptuales o teóricos que deben regirlas.

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Es evidente que la investigación biomédica ha formulado métodos y guías explícitas para la adquisición de información científica en contextos de investigación básica, aplicada y ensayos clínicos aleatorizados (información hipotética-deductiva aunque no nomológica); en estos últimos casos esto se debe a que las conclusiones o evidencias relativas se basan en la mayoría de la veces en fenómenos empíricos observados (reacción o no reacción a determinada molécula), sin capacidad suficiente para la construcción de hipótesis explicativas de los fenómenos registrados.

De modo brillante Fleck (1981) (3) nos advertía respecto a que los hechos se distinguen de las teorías transitorias por ser algo definido, permanente e independiente de cualquier interpretación subjetiva por parte del científico; sin dudas la construcción crítica de los métodos utilizados para establecer estos hechos, constituye el tema central de la epistemología.                       

Sin embargo la valoración basada en algunas investigaciones puede ser inherentemente ingenua, con el resultado de que sólo datos superficiales son adquiridos, ya que se ha perdido el conocimiento crítico que alguna vez pudiéramos haber tenido sobre la base orgánica de la percepción; se dan por sentados hechos básicos sin ser conscientes de nuestra propia participación en los mecanismos que pueden condicionar la percepción de las circunstancias explícitas e implícitas que los definen.

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En la vorágine de la actividad terapéutica no se cuenta, o quizás como aducen algunos se ha perdido, el sentido original del ejercicio de la Medicina traslacional generadora de información proveniente de la práctica clínica empírica diaria (información pseudo-inductiva), su captura, contrastación y desde luego generalización.

En diferentes investigaciones anteriores hemos evaluado impactos y la aplicabilidad sanitaria del conocimiento conductual ante sesgos y disonancias cognitivas tales como: anclaje (sobreestimación del conocimiento adquirido y poca receptividad a nueva información que pueda cuestionarlo), percepción selectiva (al no reconocer que la forma en que procesamos la información puede estar condicionada por preconceptos perceptuales) y, lo que resulta más grave, confirmación sesgada (cuando inconscientemente distorsionamos nueva información de modo de confirmar lo que ya sabemos) y cómo estos elementos afectan cognitivamente muchas decisiones de pacientes y prestadores de servicios de salud.

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La persistencia y recurrencia del SARS-CoV-2 nos muestra que la revisión constante de estas cuestiones  es sumamente relevante para desarrollar políticas de salud pública más activas, informando mejor y pensando procedimientos más virtuosos que puedan ayudar a mitigar los evidentes costos de esta Pandemia.

El comportamiento esencialmente reactivo observado debería dar lugar a una mejor planificación paradigmática y una reducción de la brecha entre producción y utilización de evidencia científica en la toma de decisiones sanitarias, evitando pasar de encierros totales al actual no uso de barbijos sin evidencia suficiente que le dé sustento.

 

 

  1. Morse S.S (1995) “Factors in the Emergence of Infectious Diseases” Emerging Infectious DiseaseVol. 1, No. 1 — January-March
  2. Simon J. R.(2021).COVID-19 and the problem of clinical knowledge. History and philosophy of the life sciences, 43(2),52. https://doi.org/10.1007/s40656-021-00405-7
  3. Fleck L. (1981) “Genesis and Development of a Scientific Fact” The University of Chicago Press

 

Dr. Econ, MBA y Bsc.- Profesor e Investigador Economía de la Salud.