sábado 24 de septiembre de 2022
OPINIóN Psicología

Sergio Berni: entre la adicción y lo no dicho

La Psicología plantea interrogantes y el conjunto social debe al menos analizar algunas aristas que tal vez no se tienen en cuenta o aún “no se han dicho…”

02-02-2022 22:30

Diecisiete muertos y más de cincuenta personas internadas con cuadros de intoxicación. Una verdadera tragedia que sacude, en esta ocasión el conurbano, pues el impacto podría haber sido indudablemente en cualquier ciudad.

La cocaína adulterada o envenenada es tan solo la punta del iceberg de un tema más complejo. La Psicología plantea interrogantes, el conjunto social debe al menos analizar algunas aristas que tal vez no se tienen en cuenta o aún “no se han dicho…”

Cuando suceden eventos de esta índole y más en tiempos de redes sociales y de opiniones breves y hasta espasmódicas, la problemática se tiende a simplificar y se cae en reducciones respecto de lo que sirve en otros países o no sirve, lo que es bueno o malo, quedando por fuera del análisis cuestiones mucho más profundas y que van calando de manera intensa en el tejido social generando consecuencias a corto, mediano y largo plazo.

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El consumo y el consumo problemático de sustancias no es nuevo, un buceo bibliográfico y un breve recorrido por la Historia evidencia que dicha cuestión se remonta a la edad Antigua.

Ya en el año 1.700 a.C. el Código de Hammurabi, expresaba que todo “borracho" era ejecutado para que sirviera de ejemplo a otros. Libros sobre farmacia del emperador chino Chen Nung, escritos en el año 2.737 a.C., hacen referencia a la cannabis sativa.

Una idea para tratar de combatir el consumo fue la de destruir las plantas con el fin de evitar la producción. Un caso semejante ocurrió en el 81 d.C., cuando el emperador Domiciano de Roma, destruyó las viñas de uva con el fin de controlar la elaboración de alcohol y por ende su consumo entre los ciudadanos.

Una mirada a tiempos más recientes , específicamente en los años 40 y 50, da cuenta de artistas ligados a la música -entre otros- que en reuniones íntimas y no tan íntimas inhalaban sustancias. La década del 60 revela postales de los grupos hippies fumando en ruedas de amigos.

Hoy, en pleno siglo XXI, el argumento de las adicciones se circunscribe casi exclusivamente al consumo de sustancias tanto legales como ilegales reduciendo así el problema, puesto que en una sociedad tan compleja, el tema de las adicciones es mucho más complicado e involucra otras temáticas, la adicción también está ligada a varias conductas.

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Por citar entre las más conocidas encontramos la adicción a la actividad física ejercicio o vigorexia: trastorno en el cual la persona realiza prácticas deportivas en forma compulsiva, motivada por el deseo de ganar grasa magra, producto de una alteración de la propia imagen corporal.

Adicción al trabajo o workaholic que se distingue por una implicación progresiva, excesiva y desadaptativa de la actividad laboral que corresponde a la necesidad personal más que a una necesidad del entorno laboral.

Siguiendo en esta línea y como corolario del consumismo se advierte la adicción a las compras. La persona se obsesiona por realizar adquisiciones innecesarias en forma excesiva. Adicción a los insumos tecnológicos, vivir pendiente de un celular o pasar gran parte del día jugando videojuegos son otras conductas que también generan dependencia.

Algunas más recientes o novedosas, otras tan antiguas como pueblos andinos, aztecas y amazónicos la conducta adictiva siempre ha estado presente de alguna manera.

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La pregunta nodal es: ¿de qué hablamos cuando hablamos de adicciones?

Adicción deriva del latín “addictus” que significa “adjudicado o heredado”. Después de una guerra, los romanos, hacían una subasta donde regalaban esclavos a los soldados que mejor se habían desempeñado, esos esclavos eran reconocidos como “addictus” y de allí se desprende que adicto es un “esclavo a algo o de alguien”. 

Otra definición más sucinta proviene de una línea teórica de la Psicología, en la cual “adicto” proviene del prefijo “a”, es decir “negación” y “dictus” significa “dicho”, o sea “alguien que no ha podido decir algo…”, es decir alguien que no puede poner en palabras una determinada cuestión.

En consecuencia, sean compras, tecnología, actividad física, trabajo, tabaco, alcohol o sustancias ilegales, el análisis y el abordaje debe ser integral y desde distintas disciplinas, pues si bien algunas “pegan más fuerte” el daño en la salud mental impacta en distintas grados.

La cocaína adulterada o envenenada es la evidencia de lo ignorado, de lo minimizado y de lo no dicho, también de lo no hecho; ausencia de medidas integrales y políticas sostenidas para temas complejos.

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Cuando es difícil distinguir un usuario de un “dealer o vendedor”, cuando el problema tiene dimensiones alarmantes porque hay cifras millonarias en juego, cuando asesinatos y crímenes giran alrededor del fenómeno, cuando hay disputa de territorios y lo que es peor aún, los usuarios se inician entre los 12 y 14 años, el problema es muy grave.

Análisis y relaciones lineales como adolescencia/consumo, consumo/delincuencia o pobreza/ adicción poco aportan, la idea es analizar la realidad sin especulaciones y decir lo “no dicho…” El problema está presente, se da cita en la esquina, es  “el saque”, la respuesta rápida ante la ausencia de respuestas y también de proyectos.

La cocaína adultera desafía a entender el problema de las adicciones atravesado por coordenadas de tiempo y espacio. Ya no hay lugar para distracciones, acá se pone en juego el futuro de niños, niñas y adolescentes.

Sergio Berni, Ministro de Seguridad bonaerense dijo que “quienes compraron droga en las últimas 24 horas tienen que descartarla” y que “estaban trabajando para sacarla de circulación”; sin dudas las palabras del funcionario ponen en evidencia lo “no dicho”, lo abordado “por arribita”, lo ignorado y lo minimizado.

Mientras tanto el consumo problemático o las adicciones, y también se incluye la adicción al poder, conquistan un vacío, ocupan las preguntas sin respuestas o las respuestas desacertadas de los responsables que más allá de dar una solución agravan un problema.