19 oct 2020
OPINIóN
domingo 27 septiembre, 2020

¡Tetas!

Ahora que tengo su atención, hablemos de hipocresía legislativa y decoro a discreción. Además de la caída del desconocido Juan Emilio Ameri.

Una imagen erótica puede ser arte bajo la lente fotográfica. En política, más que arte, el puntapié para hablar de los temas postergados. Foto: Eiko Hosoe.

En el Congreso puede ocurrir cualquier cosa pero hay algo que eriza a todos: las tetas. En los alrededores, en una protesta, una mujer con el torso desnudo genera escozor. Dentro del recinto -o como entendamos el espacio simbólico de las sesiones remotas- un pecho fuera de la blusa provoca una indignación pocas veces vista. No es el lugar adecuado, claro está. Tampoco debería ser el lugar que albergue en silencio a condenados y/o sospechados por delitos de corrupción, narcotráfico, abusadores y acosadores de todo tipo (junto a sus encubridores), cómplices de femicidios. Pero el Congreso lo es. Y lo saben todos.

En medio de este escándalo, hay algo que acerca a los diputados y el resto de la sociedad (o la parte que vio el video): nadie sabía quién era Juan Emilio Ameri y por qué se pedía su suspensión. Los diputados Mario Negri y Graciela Camaño  preguntaban, desconcertados, quién era el apercibido y qué había hecho para ser merecedor de la sanción. A esa altura, la indignación del presidente de la Cámara, Sergio Massa, era comparable a la ira de Dios.

¿Qué había hecho? Lamerle un seno a su pareja en plena sesión, sin notar que la cámara estaba prendida. La escena duró, para tranquilidad de todos, pocos segundos: mientras el diputado Carlos Heller hablaba sobre los fondos del ANSES, Ameri revisaba la prótesis de su pareja a fuerza de lengüetazos, un legislador estaba ausente y otro dormía.

Con la suspensión a cuentas y la inminente renuncia, todos salieron a averiguar quién era el “diputado calentón”. Así, Ameri se convierte en un viejo chiste tuitero: gritar “¡Tetas!” para, una vez captada la atención, hablar de un tema en serio.

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Captura del "tetazo" de Ameri en plena actividad de la Cámara de Diputados.

Según el archivo, Juan Emilio Ameri llegó a la Cámara baja en 2019 para ocupar la banca que dejaba vacante el hoy senador Sergio Leavy. Lo hizo rodeado de escándalos, tan repudiables como su último incidente o más, todos conocidos por sus compañeros en la lista electoral: denuncias en la Justicia salteña por amenazas a un excompañero de militancia; denuncias en redes sociales por acoso sexual a otras excompañeras (una de ellas, menor de edad); antecedentes de una aprehensión cuando, ya electo diputado, intentó impedirle el paso al entonces presidente Mauricio Macri en una visita oficial a la provincia.

Pocos destacan su vinculación con la barra de River: en 2001, en aquel Superclásico en el que Riquelme hacía el Topo Gigio para furor de todos los xeneizes (menos Macri), Ameri perdía la visión de un ojo por un balazo de goma en un enfrentamiento entre los barras y la Policía.

Después de eso, dejó la albañilería y trabajó durante un tiempo en el Departamento de Marketing de River, club de sus amores. Nadie explica cómo llegó a Salta y se convirtió, menos de 20 años después, en el tercer candidato del Frente de Todos. Apadrinado, allá era un intocable en ese espacio.

Prometía llegar a la banca de Leavy para “que el pueblo no muera de hambre”.  Sin el respaldo de los suyos, en menos de ocho horas, Ameri salió eyectado del cuerpo legislativo. A diferencia del suspendido José Alperovich -en licencia mientras se lo investiga por el supuesto abuso sexual de una sobrina-, fue forzado a renunciar.

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El dputado Ameri no sabía ni de qué trataba la sesión.

Lo espera una comisión legislativa especial que analice su caso y proponga, como se espera, sanciones más severas por las figuras de “inhabilidad moral” y “desórdenes de conducta”. Entre los integrantes está la propia Camaño, que calificó la exposición íntima del exdiputado como un ejemplo de los “niveles de bajeza y podredumbre” de la dirigencia argentina.

El día del “tetazo”, Ameri ni siquiera sabía qué se votaba en el recinto: el proyecto de defensa de los fondos de ANSES (y la renegociación de deudas de las provincias) y la ratificación del Acuerdo de Escazú, en torno a acceso a la información, participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y El Caribe.

En lugar de atender esos temas, los principales medios de comunicación están más preocupados por los secretos y la intimidad de la dueña de la teta que por el derrotero político del outsider o la pelea que ya se abrió en Salta entre la antropóloga Alcira Figueroa y el médico Justino Ustarrez por el escaño vacante.  

Así como no hay explicaciones posibles para el paracaidismo del caído legislador tampoco hay para la indulgencia del cuerpo legislativo, que ha dejado pasar otros incidentes en las sesiones remotas.

Aunque menos escandalosos, dan cuenta del nulo compromiso con el debate legislativo o de las reglas de la virtualidad:

  • El diputado Pablo Torello (PRO) protagoniza una entrevista periodística sin notar que aparece en calzoncillos. 
  • El diputado Luis Juez (Frente Cívico) se pierde una votación por dar notas, sin silenciar el audio de su computadora en la sesión. 
  • En un exceso de presentismo, el senador Esteban Bullrich (PRO) fue descubierto con un fondo virtual que mostraba su cara. 

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  • La diputada Gabriela Cerruti (FDT) fue captada mientras se lavaba los dientes.
  • El diputado Luciano Laspina (PRO), se cambió la camisa para recibir al ministro Martín Guzmán, sin advertir que la cámara seguía prendida. 
  • El diputado Leopoldo Moreau (FDT) disfrutó de unos minutos de siesta, desparramado en un sillón. ​

Ninguno tuvo otro apercibimiento más que el de haberse convertido en meme.

“Que no vengan a predicar moral con la bragueta baja”, amagaba Ameri en sus últimas horas como diputado. Se refería a la oposición. A la luz de la rapidez con que su propio partido dejó de respaldarlo, la chicana podría haber valido para sus ahora excompañeros de bloque.

Sin distinción de espacios, hay varias figuras que temen tirar la primera piedra sin riesgo de ser salpicados: muchos han hecho del nepotismo y las amantes en listas de asesores un emprendimiento floreciente. El que relame un pezón en cámara cae de forma estrepitosa, más por zonzo que por inmoral: sólo necesitaba correrse unos metros del escritorio y acá no pasaba nada. Siga, siga.

Herida en su moral y buen nombre, la dirigencia recibe los embates de los personajes de la apolítica, los tirapostas que, a falta de cafés desde los cuales conducir el mundo, se aglutinan en redes sociales con consignas simpáticas pero, por suerte, imposibles de ejecutar. El Congreso hace una autocrítica pública sobre el descrédito de sus integrantes, en la previa a la negociación de proyectos de ley con diversa urgencia en su tratamiento: la reforma judicial, el impuesto a la riqueza (y las variantes propuestas desde el campo y los industriales), el Presupuesto 2021.

Al mismo tiempo, la Corte Suprema se prepara para analizar el traslado de los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli y recibe de parte del procurador Eduardo Casal el visto bueno sobre la competencia para atender el reclamo de Horacio Rodríguez Larreta por la quita de fondos a Ciudad. Lo hace en estricta reserva, con el mismo silencio con el que presenta las declaraciones juradas de sus integrantes: sin datos ni explicaciones. El Gobierno nacional mira con recelo al titular del tribunal, Carlos Rosenkrantz, en busca de otros interlocutores para la grieta: pegarle a Macri ya no funciona como antes.

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Alberto Fernández puso en la mira a Rosenkrantz, el presidente de la Corte Suprema.

Es un buen momento para correr el foco sobre lo que ocurre en el aletargado gabinete nacional -que no reacciona ni con los últimos índices del INDEC- pero también en la Provincia de Buenos Aires, donde al malestar policial todavía reinante se le suma el reclamo por paritarias docentes, el escándalo de IOMA y los números poco auspiciosos sobre la distribución de la riqueza. Aunque la vicegobernadora Verónica Magario haya malinterpretado el crecimiento del índice de Gini, la estadística no acompaña a la gestión provincial.

Mención aparte al escándalo sobre los casos de COVID: no sólo se reportan con semanas de demora sino que un cruce de datos reveló que no se contabilizaron más de 3000 muertes. Las autoridades todavía no precisan el número concreto (van desde 3459 a 3523) ni explican el contexto de ese subregistro ni la situación epidemiológica real en la provincia.

Vamos a necesitar muchísimas más tetas al aire para sobrellevar esta realidad, al menos hasta llegar a fin de año. Resistamos más que Juan Emilio: estos meses prometen ser más difíciles de lo pensado.

UUP/MC


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