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COLUMNISTAS / opinion
domingo 4 marzo, 2018

En una vieja revista

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por Damián Tabarovsky

El otro día estaba con mi amigo P.J. hablando sobre el libro de una ensayista argentina, recientemente publicado, cuando P.J. dijo: “Es un gran libro, de la época en que todavía existía el cine”. ¿No existe más el cine? No lo sé. Y tampoco sé por qué, pero de golpe no encontramos hablando de la vieja revista francesa Communications y de los artículos que allí se publicaban sobre cine. Primero, de un ensayo de Barthes llamado Al salir del cine, en el número 23, de 1975 (publicado en castellano en el magnífico Un mensaje sin código. Ensayos completos en Communications. Ediciones Godot, Buenos Aires, 2017. Traducción de Matías Battistón).  Texto levemente autobiográfico –aunque pudorosamente escrito en tercera persona– Barthes comienza afirmando que “le gusta salir de la sala del cine” porque “está saliendo evidentemente de un estado hipnótico”. Y más aún: “Lo que percibe es el más antiguo de los poderes: el de la curación”. El cine, la experiencia de la proyección en una sala de cine, tiene un componente analítico, en el sentido del psicoanálisis: “Siguiendo una verdadera metonimia, la oscuridad de la sala está prefigurada por el ‘ensueño crepuscular’ (previo a la hipnosis, según Breuer-Freud)”. En el acto, P.J. agregó: “¿Será el cine de la época en que existía el psicoanálisis?”. Tampoco lo sé. Sé, en cambio, que el modo en el que Barthes define cómo se presta atención en el cine (¿influenciado por la noción de atención flotante?) es perfecto: “Necesito estar dentro de la historia (lo verosímil me requiere), pero también necesito estar en otro lado (…) es un imaginario ligeramente despegado”.
Ocurre que ese número 23 de Communications está íntegramente dedicado a “Psicoanálisis y cine” (hasta dónde sé, los demás artículos están todos inéditos en castellano: el número ameritaría ser traducido en su totalidad). Félix Guattari publica un ensayo crítico con el psicoanálisis llamado Le divan du pauvre (“El diván del pobre”): “El cine se ha vuelto una gigantesca máquina de modelar la libido social, mientras que el psicoanálisis nunca fue más que una pequeña artesanía reservada a las élites seleccionadas”.  Luego avanza: “Llevan al cine, como en el psicoanálisis, sus recuerdos de infancia, su papá y su mamá; es más bien cuando nos reencontramos con ellos más tarde, que no podemos dejar de incrustarles las producciones del inconsciente cinematográfico. El teatrito edípico del familiarismo no resiste a las inyecciones de esas cápsulas de narratividad que constituye el film”. Y finalmente remata: “El cine (…) lleva a cabo un psicoanálisis de masas, busca adaptar a la gente no a los modelos vetustos, arcaicos del freudismo, sino a los que están implicados por la producción capitalista (…) el lenguaje del cine y los medios audiovisuales está vivo, mientras que el psicoanálisis solo habla, desde hace mucho tiempo, una lengua muerta. Del cine podemos esperar lo mejor y lo peor, mientras que ya no podemos esperar nada del psicoanálisis”. Luego P.J. dijo: “¿Será el cine de la época en que se discutía frontalmente con el psicoanálisis por izquierda? (no como ahora, que se lo cuestiona en nombre del coaching, las terapias breves, la autoayuda y las pastillitas de colores)”. No lo sé. Sé, sí, que hay en Guattari demasiado optimismo con el cine y en especial con “los medios audiovisuales”.

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