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miércoles 28 febrero, 2018

Google, ese espejo aterrador

Lo que escribimos muestra características de la personalidad que ni conocemos. Sin saberlo estamos programando la nueva inteligencia artificial.

por Alejandro M. Correa

RIESGO ROUTERS. Estos dispositivos son los menos confiables en el país: el 55,9% es inseguro. Foto: Shutterstock PERFIL

“Vivimos en una realidad simulada”dijo ElonMusk, artífice de la revolución de los autos eléctricos Tesla y la conquista de Marteen la conferencia Code hace unos meses. La misma idea que reveló el escritor Philip K. Dicken los ’70s: “Vivimos en un mundo ilusorio. Estamos viviendo en un programa de realidad informático…”. Un texto que incluso puede corregirse. La película The Matrix surge de ahí y hay legiones deconvencidos con esa idea.

El profeta nacional Jorge Luis Borges insiste acerca de la realidad como un texto. “El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”. El destino ya escrito, las palabras que condicionan a la cosa que nombran y el misterio del lenguaje son obsesiones que se repitenen su obra.

La idea alucinada de la palabra como origen y totalidad de la existencia llega hasta el principio de la historia. “Al principio fue el verbo” delGénesis, texto fundacional de las principales religiones monoteístas actuales, hasta “Al principio fue la palabra” del Evangelio de San Juan, en donde además es clave la frase: “La semilla es la palabra”. Una de las parábolas más repetidas en los Evangelios y luego tomada por filósofos y poetas.

La metáfora críptica de que la semilla es la palabra es una realidad científica. La biotecnología moderna permite reescribir el ADN de organismos vivos. Cada vida es un texto preciso. La ciencia está aprendiendo las primeras letras y recién se asoma a ese nuevo lenguaje. La naturaleza tal como la conocimos no existe más. La escritura de genes emula al Génesis. La transgénesis vuelve posible las ideas más alucinadas de la ciencia ficción. Nos asomamos a un umbral desconocido y fascinante. Aprendimos a programar formas de vida. Se repite la historia en donde Adán (ADN) tuvo la misión de ponerle nombre a todas las cosas. Nombrar para apropiar.

Hace veinte años uno de los diseñadores de la realidad tecnológica actual publicaba un libro fundacional: Ser Digital. Su autor, Nicholas Negroponte, fundador del Media Lab del MIT (Massachusetts Institute of Technology), adelantaba muchas de las costumbres que hoy son habituales como estar conectados las 24 horas. El año pasado desde el MediaLab, Negroponte lanzó un nuevo lema: Estamos en la Era de la Biotecnología. Lo digital y la biotecnología son lenguajes que convergen. El primero es para codificar información que pueda ser distribuida de manera instantánea a los lugares más lejanos. La biotecnología, es la escritura en los genomas de plantas y animales para crear nuevas formas de vida. Comenzó la nueva era de la domesticación. Ya se experimentó con vegetales que emiten luz y servirán para iluminación y con microorganismos que podrían curar el cáncer. En el MIT se alertaba que es muy angosta la ventana para hacer buen uso de la biotecnología. En toda extensión de la creación humana hay efectos colaterales además del objeto principal alcanzado.

La aceleración del tiempo deja de ser la característica de la época. Ya se descubrió la maquinaria del reloj y se diseñaron las herramientas de transformación. Como pasamos del dogmatismo de la religión al dogmatismo de la ciencia mejor no hablar del fruto del árbol del conocimiento que nos expulsó del paraíso. El funcionamiento de la vida racional se decodifica en laboratorios de la ciencia. En la web, Google construyó el primer psicoprograma de lo inconsciente a gran escala. "Sabemos dónde estás. Sabemos dónde estuviste. También sabemos más o menos en lo que estás pensando", dijo Eric Schmidt CEO de Google en 2010. Poco a poco vamos conectando nuestro sistema nervioso central a la red eléctrica con los dispositivos de comunicación que nos mantienen 24 horas online.

Lo que escribimos muestra características de la personalidad que ni conocemos. Cada día miles de millones de personas en el mundo sumamos líneas de texto a la memoria de la humanidad. Sin saberlo estamos programando la nueva inteligencia artificial. Mostramos nuestro inconsciente y nuestros deseos. Por eso ahora hay que tener cuidado con lo que se desea. Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas.Antes a las palabras se las llevaba el viento, ahora cada expresión que escribimos va dibujando nuestro retrato. Las preguntas y búsquedas que hacemos nos definen. Google es nuestro espejo.


(*) Investigador de medios de comunicación. En Twitter: @alargie



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