viernes 01 de julio de 2022
COLUMNISTAS El poder de lo económico

25 de Mayo y empatía

20-05-2022 23:55

Hay una convicción extendida de que son las redes sociales las que producen las grietas. Los individuos pegados a sus celulares estarían a expensas de mensajes que les llegan, emitidos por aquellos que a través de la inteligencia artificial han podido decodificar qué piensan, qué sienten, qué les gusta y a quiénes votan. Si lo pensamos dos veces, caeremos en la cuenta de que las grietas políticas, económicas y sociales ya existían antes de las redes.

Los enfrentamientos en el mundo vienen desde tiempos inmemorables y si recorremos la historia de nuestro país los podemos descubrir desde la Revolución de Mayo en adelante. La Revolución de Mayo de 1810 se realizó bajo la excusa de jurar lealtad a Fernando VII, un rey inexistente; como escribió Saavedra: “Cubrir la Junta con el manto de Fernando VII fue una ficción desde el comienzo por razones políticas”. Así como estamos, con coaliciones que pierden identidad y ganan en conflictos internos, parece más que necesario tener en cuenta que la primera ficción que dio sustento a la Revolución de Mayo no solo no logró la unidad nacional sino que fue un fenómeno de Buenos Aires, en que los porteños declararon su independencia de la España napoleónica y la trasladaron al resto del virreinato. Esta confusión generó incontables enfrentamientos. El puerto vs. productores del interior, unitarios vs. federales, radicales vs. conservadores, peronistas vs. antiperonistas, y podríamos seguir enumerando.

Hubo momentos en que los conflictos se resolvieron mediante la violencia del enfrentamiento armado. Pero en otros momentos, como con el radicalismo yrigoyenista y el peronismo del 45, los conflictos se fueron resolviendo mediante integración. Un sector social emergía y finalmente lograba ser incorporado al sistema político y económico. Pero ello no significa que la grieta no siguiera existiendo.

Hubo un momento en que, radicales y peronistas, Perón y Balbín allá por los 70, asumieron que a la integración social había que sumarle  la no grieta. Y entonces uno dijo: “Para un argentino, nada mejor que otro argentino”, y el otro respondió saltando el cerco y yendo a abrazarse con quien tiempo atrás lo había encarcelado. Ambos se dieron cuenta de que la grieta solo llevaba al enfrentamiento y al estancamiento.

Cuando la economía crece, las integraciones sociales son más simples, pero cuando las dificultades económicas arrecian, las grietas políticas y sociales se acentúan. Venimos hablando de crisis de credibilidad en la dirigencia y de acentuación de las grietas entre los protagonistas: Macri vs. Cristina, Alberto vs. Cristina, Larreta vs. Macri, Milei vs. todos. Grietas que no dejan ver que será muy difícil resolver los problemas del país sin un pensamiento integrador y que tenga capacidad de ser empático.

Pareciera necesario repensar un 25 de Mayo acorde con los tiempos que corren. Parece difícil que quien gane en 2023 no deba tener en cuenta que hay un amplio sector de ciudadanos que solo están vinculados a la vida cívica a través de una prestación social. Dejar afuera a ese sector es tan complicado como no pensar el país desde un federalismo que tenga en cuenta al conjunto de provincias, las condiciones para resolver el problema de la falta de dólares, la generación de estímulos para la inversión y estar atento a las demandas de movilidad social de acuerdo al mandato cultural.

El problema que tenemos está bien descripto por Byung-Chul Han cuando dice: “La creciente atomización de la sociedad nos hace sordos a la voz del otro. También conduce a la pérdida de la empatía. No es la personalización algorítmica de la red, sino la desaparición del otro, la incapacidad de poder escuchar lo que provoca la crisis de la democracia”.

Si las coaliciones solo van a pensar en sus núcleos duros, siempre gran parte de la sociedad va a quedar fuera de sus miradas. Y si encima luego se pelean cuando son gobierno, más sectores sociales quedan a la intemperie. Esta dinámica a lo único que lleva es a mayor sectarismo, mayor grieta, más dogmatismo, más discurso único. Más crisis…

*Consultor político.