domingo 04 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS movimientos de vanguardia

Futurismo no es catástrofe

Este año es el centenario del Manifiesto Futurista, un pronunciamiento de valor artístico hecho por el poeta italiano Filippo Tommasso Marinetti, y publicado en el periódico francés Le Figaro el 20 de febrero de 1909.

28-03-2009 02:42

Este año es el centenario del Manifiesto Futurista, un pronunciamiento de valor artístico hecho por el poeta italiano Filippo Tommasso Marinetti, y publicado en el periódico francés Le Figaro el 20 de febrero de 1909. Para conmemorar y reconsiderar el movimiento, muchos museos de Europa han montado exhibiciones. De todas las exhibiciones, la que más me impresionó fue la del Palacio Real de Milán. En vez de los mejores trabajos del Futurismo, la exhibición muestra lo que precedió el movimiento y a sus contemporáneos, especialmente en Milán, donde se desarrolló antes de extenderse por Francia. La exhibición también aborda lo que vino después del Futurismo, incluyendo trabajos de algunos de los más importantes artistas italianos contemporáneos, pero entonces es obvio que la tradición artística siempre influye otras escuelas y artistas. Lo que es menos obvio es lo que sucedió antes de 1909.

Mucha gente piensa que antes del Futurismo estaban los realistas, tal como el pintor Francesco Michetti (muy admirado por el poeta Gabriele D’Annunzio), retratistas de las damas de la sociedad como Giovanni Boldini y simbolistas o divisionistas como el pintor Gaetano Previati, todos admirados por aquellos de la clase media alta que frecuentaban museos y galerías. Entonces, surge un choque inesperado y de rápida insurgencia –como una revolución o un desastre natural– con el poder de cambiar la historia. El aparecimiento repentino de los movimientos vanguardistas, incluyendo el Futurismo.

De acuerdo con la “teoría de la catástrofe” del matemático francés Rene Frederic Thom, una catástrofe es un “pliegue” repentino, o cambio, antes del cual no hay ningún cambio y después del cual es todo lo que resta, o viceversa. En este sentido, las catástrofes pueden incluir el sueño o la muerte –como la canción de los soldados franceses que dice “un momento antes de morir, Jacques de la Palisse seguía vivo”– pero también se encuadran, de acuerdo con algunas interpretaciones, varios eventos históricos como los levantamientos o los motines de las prisiones. Incluso una cura milagrosa podría ser descripta como una catástrofe.

Como la exhibición de Milán muestra, el Futurismo no fue tal “catástrofe”.

En 1904, el pintor italiano Giuseppe Pelliza da Volpedo pintó el cuadro Automóvil en el Paso Penice, en el que difícilmente se puede ver el auto, pero sí se puede ver un camino creado por rápidas rayas de pintura. En 1907, Previatti pintó Carro del sol, que combinaba lo simbólico con una tangible representación de los movimientos convulsivos del sol.

Entre 1904 y 1907, otro pintor de aquel tiempo, Romolo Romani, trabajaba en retratos y en formas indefinibles, con títulos como Aullido y Lujuria, los cuales puedo definir como simbólicos-futuristas-expresionistas-abstractos. Ellos eran mucho más audaces que las pinturas futuristas que vendrían a seguir. Cuando uno mira estas pinturas, entiende por qué Romani se asoció a los futuristas para separarse muy poco después, como si buscara otros retos.

La exhibición futurista de Milán sugiere muchas reflexiones más allá de las preguntas sobre los movimientos artísticos. Cuando uno mira hacia atrás a través de la historia, tiene a la vista los grandes eventos, bajo la óptica de las catástrofes de René Thom: “Un puñado de sans-culottes invade la Bastilla y la Revolución Francesa estalla; unos cuantos miles de miserables atacan el Palacio de Invierno y la Revolución Rusa irrumpe; alguien le dispara al archiduque Francisco Fernando de Austria y los aliados se dan cuenta de que ya no pueden coexistir más con los Imperios Centrales; alguien asesina al líder socialista italiano Giacomo Matteotti y el movimiento fascista se convierte en una dictadura”.

Pero estos eventos fueron usados como pretextos o como marcos definitivos, por así decirlo, permitiéndonos fijar las fechas de los eventos históricos. Estos inicios fueron de menor importancia; los grandes eventos que llegaron para simbolizar se estaban construyendo lentamente a través de los juegos de influencias, crecimiento y decaimiento. La historia es turbia y viscosa. Es algo que nosotros debemos siempre mantener en mente, cuando pensemos en arte o en historia, porque las catástrofes del mañana siempre están, calladamente, madurando en el hoy.


*Copyright The New York Times.

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