martes 13 de abril del 2021
COLUMNISTAS OPINION
05-03-2021 22:19

Morir afuera

05-03-2021 22:19

Mientras los medios en la Argentina dedicaron horas de transmisión a las controversias sobre la salud de Maradona, supuestamente el argentino más famoso del mundo, los medios internacionales pusieron foco en la historia clínica de otro compatriota. El interés lo despertó el lanzamiento del primer libro de no ficción escrito en la Argentina que se encamina a ser un best seller mundial: La salud de los papas: medicina, complots y fe desde León XIII hasta Francisco, del periodista y médico Nelson Castro, que tiene como protagonista principal al verdadero argentino más famoso del mundo, Jorge Bergoglio. Quien además fue noticia internacional por el viaje más arriesgado que un papa puede hacer, a Irak, en medio de conflictos no acabados por la invasión norteamericana en 2003 y las luchas contra Isis, que llegó a ocupar un tercio del territorio del país, encima ahora asolado por la crisis sanitaria del coronavirus, con más de cinco mil nuevos casos diarios.

El ser-para-la-muerte de Heidegger, lejos de mortificar al sujeto, le permite empoderar el presente y la existencia

Para su libro, Nelson Castro pudo tener una conversación con el papa Francisco –quien hoy tiene 84 años– sobre el tema físico: lo médico, la salud y la longevidad, pero derivó en lo metafísico. La muerte y lejos de casa, la finitud y el “autoexilio”, dos cuestiones especialmente trascendentes para los grandes protagonistas de la historia argentina, desde Moreno, Rivadavia, San Martín, Rosas y tantos otros.

El filósofo alemán Martin Heidegger en su libro El ser y el tiempo explicaba que la muerte no es para el ser humano el episodio final de su vida, sino que está presente en cada acto y en cada momento de la existencia: el ser humano no es alguien que muere, sino que es, toda la vida, un ser-para-la-muerte.

La consciencia de finitud marca cada una de nuestras decisiones: tener o no tener hijos, dejar o no una huella en una obra. Hasta en la negación de la muerte ella está. La consciencia de ser-para-la-muerte permite una vida más plena, valorando el presente, empoderando la existencia:  apropiarse de la finitud es hacerse cargo de la propia vida. 

La experiencia de la muerte no trata del hecho biológico del deceso, del que nada sabemos en el presente, sino de lo que imaginamos podría ser nuestra muerte. Para Sócrates, mucho miedo a la muerte podía conducir a un fracaso en la existencia. Sócrates eligió su forma de morir porque durante el juicio en que terminó condenado a pena capital primero rechazó la posibilidad de hacer un segundo alegato, luego que sus amigos pagaran una especie de fianza y, por último, la posibilidad de escapar de la detención previo tener que beber la cicuta que le produjo la muerte.

El papa Francisco le cuenta a Nelson Castro el lugar de su muerte: “Siendo papa, ya sea en ejercicio o emérito. Y en Roma. A la Argentina no vuelvo”. “No la extraño, viví allí 76 años”, lo que pareciera resultarle ya suficiente. Y en otro párrafo agrega: “El destino tenía guardado para mí el hacer realidad la frase de Caminito [famoso tango]: ‘Desde que se fue, nunca más volvió’...”.

En su testimonio demuestra interés por la psicología: “El estudio de psicología es muy importante para un sacerdote. Lo que no veo del todo claro es que un sacerdote haga psiquiatría debido al problema de transferencia y contratransferencia, porque ahí se confunden los roles y entonces, el sacerdote deja de ser sacerdote para ser terapeuta, con un nivel de involucramiento que después hace muy difícil tomar distancia”. 

Francisco recurrentemente menciona sus neurosis, a las que “hay que cebarles mate. No solo eso, hay que acariciarlas también. Son compañeras de las personas durante toda la vida”. “Soy muy apegado al hábitat de las neurosis (...) es muy importante poder saber dónde chillan los huesos. Dónde están y cuáles son nuestros males espirituales. Con el tiempo uno va conociendo sus neurosis”.

La presencia de la ausencia suele ser la mayor de las presencias, especulaba Lacan. El duelo es uno de esos casos, y la presencia de la ausencia de Argentina parece revelarse constantemente en Francisco. Aparece en las respuestas a Nelson Castro tanto negando cualquier posibilidad de regreso como en sus metáforas al mate y al tango, que denotan cuánto la Argentina vive dentro de él. Llegando al paroxismo en su uso combinado al citar la frase de Caminito: “Desde que se fue, nunca más volvió...”.

La presencia de la ausencia de Argentina en el papa Francisco irrumpe evidente en sus pensamientos

Complejo el proceso de identidad el de un papa no italiano, por el que pasaron el polaco Karol Wojtyła, el alemán Joseph Ratzinger y el argentino Jorge Bergoglio, probablemente el extranjero más italiano de todos, como probablemente Maradona pudo haber sido simbólicamente el extranjero más napolitano de Nápoles. Pero para Jorge Bergoglio, por su función (Lacan decía contradiciendo el dicho: “el hábito hace al monje”), pudo haber sido necesario obliterar la Argentina, un término que se utiliza en psicoanálisis para definir cuando alguien anula una parte de su ser aunque nunca con total éxito. Ser papa obliga a un proceso de mundialización que no debe poder producirse sin una transformación del yo única en el mundo, como es único el hábito blanco que, al vestirlo, lo convierte en Francisco.