lunes 02 de agosto de 2021
OPINIóN nuevo libro
01-10-2020 10:56

Por qué los '70 siempre vuelven

En su nuevo libro, "Los 70, la década que siempre vuelve", Ceferino Reato retoma la investigación sobre la violencia política de aquellos años.

01-10-2020 10:56

El 24 de marzo de 1976 los argentinos se despertaron con la noticia de que los militares habían derrocado a la presidenta Isabel Perón y, aunque ahora parezca increíble por los horrores de la dictadura que aún nos estremecen, muchos recibieron con alivio el tan anunciado golpe de Estado.

El remedio resultaría peor que la enfermedad, pero en aquel momento la Argentina asistía a una “orgía de asesinatos de la derecha y la izquierda”, según una crónica titulada “El país enamorado de la muerte”, publicada a mediados de 1975 por el diario británico Sunday Telegraph.

Los argentinos incubaron el huevo de la serpiente durante todo 1975. No es que la violencia  política comenzó allí; pensándolo bien, tal vez sea una de las marcas de origen del país; en todo caso, lo es seguro de los 70 y los grupos guerrilleros no le dieron tregua —en especial, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)— ni siquiera al propio Juan Perón en 1973, cuando volvió al país y al gobierno.

Pero, como dijo el periodista y escritor argentino Andrew Graham-Yooll, el 24 de marzo de 1976 “cayó la noche cuando el país ya estaba a oscuras”.

Treinta años después, Graham-Yooll publicó Los muertos de 1975, una lista que “es historia; no se publica con placer ni como logro de investigación, simplemente, horriblemente, como informe  de un año trágico”.

La lista es una recopilación basada en los diarios de la época; los comunicados de las diversas organizaciones clandestinas, de derecha e izquierda, y “una variedad de publicaciones”. Como su autor señala, “está incompleta justamente por ser el trabajo de una persona”.

El resultado es escalofriante porque la nómina está hecha día por día e incluye, siempre que se sepan, el nombre, la edad, el rol, dónde murió y el grupo que lo mató. Ocupa treinta y tres páginas y el número final es de 1.065 víctimas: casi tres asesinatos por día, de izquierda, derecha, centro o sin pertenencia ideológica.

La lista que recopiló Andrew Graham-Yoll es escalofriante

“A la distancia, puede verse en los tres años anteriores al 24 de marzo de 1976 que cada día fue un paso hacia el patíbulo”, evaluó Graham-Yooll, que en aquella época trabajaba como periodista en el Buenos Aires Herald.

En ese camino más bien largo, muchos argentinos fueron convenciéndose de que los militares eran la única solución frente a los problemas que el gobierno peronista no parecía capaz de resolver; la escalada de violencia en primer lugar, pero también la inflación, el desabastecimiento y la corrupción.

En realidad, los golpes eran frecuentes desde 1930, pero la novedad fue que el consenso en favor de la ruptura democrática trascendía largamente a los sectores conservadores y liberales afines al “partido militar”, como recordó el periodista británico Robert Cox, precisamente director del Buenos Aires Herald.

“El golpe de 1966 —me contó Cox— contra el radical Arturo Illia había sido arreglado con la prensa. En 1976, eso no fue necesario: la mayoría de la gente lo esperaba y lo deseaba. Desafortunadamente, muchos argentinos estaban siempre buscando a los militares para que entraran al gobierno, ordenaran el país y dieran luego elecciones. Los civiles estaban golpeando las puertas de los cuarteles, y eso formaba parte de la tradición política del país. Pero pasaba ahora también con gente de la izquierda”.

Robert Cox: "El golpe de 1966 contra el radical Arturo Illia había sido arreglado con la prensa"

Y señaló que “con mi mujer nos encontramos en una recepción en la embajada de Egipto con un periodista de El Cronista Comercial, que militaba en la izquierda, y con su esposa, que estaba embarazada. Ellos eran jóvenes y confiaban en que un gobierno militar pondría en marcha una represión más legal que el gobierno de Isabel Perón, en el que aparecían cuerpos carbonizados, en zanjones…”.

Cox cuenta que “todo 1975 se vivió como una tragedia griega, que desembocó en el golpe. Era algo muy impresionante: una tormenta de violencia con matanzas, secuestros, bombas. Era obvio que eso no podía durar mucho tiempo. El gobierno de Isabel era terrible: había también corrupción, inflación, desabastecimiento; faltaba hasta papel higiénico. Yo igual creía que era posible llegar a las elecciones, y que había que hacerlo porque uno de los graves problemas del país era la discontinuidad democrática. El gran problema en la Argentina es que no hay paciencia”.

La violencia era la principal preocupación. En las vísperas del golpe, La Opinión, considerado de centroizquierda y dirigido por Jacobo Timerman, informaba que cada cinco horas ocurría un asesinato político, y cada tres estallaba una bomba. La inflación llegó al 38 por ciento en marzo de 1976 y al 98,1 por ciento en los tres primeros meses del año.

Isabelita

María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabel o Isabelita, lucía muy debilitada, a punto de renunciar: se enfermaba seguido, el respaldo a su gobierno se había reducido a un escaso número de políticos todavía leales y a un sector del sindicalismo y, como no le encontraba la vuelta a la compleja situación, había tenido que cambiar un ministro cada veinticinco días. Las denuncias de corrupción completaban el cuadro.

Isabelita había perdido el rumbo cuando tuvo que desprenderse del hombre fuerte de su turbulento gobierno, su secretario privado y ministro de Bienestar Social, José López Rega, vértice —además— de la Triple A, una temida banda paraestatal de ultraderecha.

Del otro lado, al ERP se le había unido Montoneros, la guerrilla peronista, en su vuelta a la clandestinidad, que hasta había creado un “Ejército Montonero”.

Los militares marchaban, otra vez, hacia la Casa Rosada, y de eso se hablaba en todos los cafés y los teatros de la gran ciudad. En el Embassy, la actriz y cantante Susana Rinaldi describía la vida cotidiana durante el final del gobierno peronista con  aguda ironía: “¿Vio señora? Ya no hay papel higiénico en las góndolas… Total, para lo que una come…”.

"Los 70, la década que siempre", Editorial Sudamericana