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Trajtenberg sobre la gestión de Macri: "Me ponía mal ver cómo la polarización hacía que cayera la economía"

El economista israelí de origen argentino analiza el potencial en investigación y desarrollo de Argentina.

Manuel Trajtenberg, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Manuel Trajtenberg, en la entrevista con Jorge Fontevecchia. | Pablo Cuarterolo

—Argentina tiene la mayor cantidad de unicornios de América Latina a pesar de una economía más pequeña que la de Brasil y la de México. Y entre ellas, la única empresa latinoamericana entre las treinta mayores empresas del mundo: Mercado Libre. Macri incentivaba la idea de ser también una “startup nation” con más unicornios. ¿Qué similitudes encontrás en capacidad creativa en el área tecnológica entre Argentina e Israel?

—Para que se creen muchas startups, que haya mucha expansión, hacen falta un montón de elementos que permitan que se establezca un ecosistema. Por ejemplo, hacen falta universidades muy buenas que puedan crear el talento para eso. Hace falta que haya una economía fluida. Pero también se necesita que un foco capaz, con conocimiento tecnológico, se pregunte a sí mismo que la respuesta de la sociedad sea crear startups. Y no permanecer en la economía vieja, que no haya monopolios, que no se creen barreras a la competencia.

—Que exista ánimo emprendedor.

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—El ánimo emprendedor positivo es la innovación. El alma emprendedora negativa lleva a explotar monopolios. En todo tipo de competencia nunca se acaba el ánimo negativo. El gobierno y la sociedad pueden tratar de favorecer uno y desfavorecer otro. Eso es fundamental. Asesoré a gobiernos en varias partes del mundo que creen que todo lo que tienen que hacer para empezar a ser como Israel o California es dar dinero para la investigación y el desarrollo Y esa es una parte chiquita del lazo. Hay que cerrar los canales negativos.

Manuel Trajtenberg, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.

—¿Los “canales negativos” son la tendencia de los monopolios a impedir la innovación?

—La innovación no se limita a la creatividad. Es algo diferente. Innovación significa que la fórmula de conducir empresas cambia, que los mercados cambian. No puede ser que los monopolios tengan un control muy grande de la economía. Por definición, todo monopolio no quiere cambios. El monopolio desea seguir siendo un monopolio. Cuando surge una fuerza nueva, amenaza a los monopolios. Y tratan de reprimir lo nuevo. Hay mucha literatura económica al respecto. La innovación es algo que generalmente surge por fuera y no dentro de las organizaciones. Vos preguntabas antes sobre el fenómeno de jóvenes acá en Israel que sirven en el ejército y después abren su startup. No se trata del ejército en general, sino de que es algo que sucede con el servicio de inteligencia, que acá es multitecnológico. Mi hija mayor entró al ejército a los 18 años. Era muy buena en matemáticas. Con ese antecedente le dijeron: “Sos buena en matemática… tenemos un pequeño problemita: sucede que Irán nos quiere destruir. Quiere destruirte a vos también y a tu familia. Elaborá las sugerencias que quieras y tratá de ver qué planea”. Lo caricaturizo, pero es bastante así. Contrariamente a lo que se piensa, esa estructura militar no es jerárquica. Ese tipo de incubación, de jóvenes con capacidad de innovación, puede ocurrir no solamente en el ejército. Se puede dar en otros contextos. No es algo exclusivo del ejército de Israel. Tampoco es una casualidad.

"Antes Estados Unidos era el que ayudaba ante una crisis humanitaria. Ahora, con el coronavirus, es China."

—¿En Argentina está esa inteligencia individual pero falta el contexto para desarrollarla, como sí existe en Israel?

—El talento existe, sin duda. Ninguna duda. Tengo amigos ahí, estoy al día. Además, incide un aspecto cultural, Un ejemplo podríamos encontrarlo partiendo de personajes como Patoruzito e Isidorito, ¿siguen vigentes?

Las nuevas generaciones no los conocen. Pero expliquemos diciendo que son personajes de historietas.

—Isidorito es el canchero. Sabe hacer las cosas, pero no por derecha. En mi colegio me señalaban que era un buen alumno. Pero que lo era “porque estudiaba”. El asunto era poder tener buenas notas sin estudiar. Ante esa concepción, es muy difícil que se creen los elementos para desarrollar el talento en sí.

"Se tomaron medidas inconcebibles en cualquier otra circunstancia."

Algo distinto sucede con los argentinos en Israel: el mayor inversor extranjero allí actualmente es un argentino, Eduardo Elsztain, el dueño de IRSA. Vos, ministro y el economista más respetado del país. ¿Desaparece al llegar ese síndrome de Isidorito?

—La sociedad israelí no lo permite. Entendés que para tener éxito necesitás trabajar duro y seguir el camino recto. Llegué acá y fui a estudiar a una universidad en Jerusalén. Fue un shock. Ahí se estudiaba, ahí te daban vuelta, era muy rígido el asunto. Yo venía de Córdoba y fue un gran cambio. Quizás ahora sea menos rígido. Fue aun mayor el choque cuando llegué a Harvard. Entonces, cuando el talento natural se enfrenta con un sistema que no banca a los Isidoritos, emerge la capacidad. Tengo una fe enorme en los argentinos como gente, su capacidad, su inteligencia. Contamos con una cualidad fantástica, que puede ser usada para solucionar problemas sociales.

"Previamente a la crisis del coronavirus"

—¿El coronavirus podría ser el partero del cambio: pasar de ese síndrome de Isidorito a la comprensión de que no hay forma de salida sin el otro?

—Sí, pero no es un mecanismo automático. Es algo que deberá convertirse en un tema de diálogo social. No solamente cuántos afectados hay, cuántos contagiados hay, cuántos muertos hay desgraciadamente, sino cómo nosotros como sociedad vamos a aprovechar esto para poder llegar a un futuro mejor. Pero eso no ocurre si no entra en esta conversación pública o en la de los medios de difusión, la televisión, los diarios. Hay muchos gobiernos que utilizan el coronavirus para asustar, para reprimir. Es mucho más fácil hacerlo que intentar salir como héroes. Es una solución muy peligrosa, que puede ir para un lado u otro. Ustedes, desde los medios, pueden también aprovechar la oportunidad para insistir en que abandonemos ese síndrome de Isidorito.

Leé la entrevista completa de Periodismo Puro haciendo click aquí.