jueves 29 de julio de 2021
PYMES La evolución del sistema bancario
13-04-2021 22:51

¿Cuánto faltará para que los grandes edificios de los bancos desaparezcan?

El Presidente de Gestión Compañía Argentina de Seguros, Sergio Sabha reflexiona acerca de la historia de las instituciones financieras, el futuro del dinero y las criptomonedas, y de cómo las crisis han sido las grandes generadoras de los cambios.

13-04-2021 22:51

*Por Sergio Sabha

Vivimos en un mundo donde nos resulta impensable manejarnos sin dinero ni instituciones financieras. Nuestra vida está mediada por papeles de colores y tarjetas de plástico que día a día nos permiten obtener los bienes y servicios indispensables para nuestra subsistencia. Todo esto avalado y supervisado por los bancos que se encargan de resguardar las sumas de dinero circulante y realizar la totalidad de las operaciones financieras. Pero déjenme decirles que no siempre fue así… Hagamos un breve recorrido histórico que nos muestre cómo llegamos al lugar en el que estamos hoy.

La actividad bancaria es una de las más antiguas del mundo. Tanto es así que los bancos se inventaron antes que el dinero. Todo ocurrió en la antigua Mesopotamia, la región de Oriente Próximo ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates en el 2000 A.C. Allí, los comerciantes prestaban granos a los agricultores y mercaderes. En ese entonces, las operaciones se anotaban en tablillas de barro de templos y palacios, considerados lugares seguros para guardar mercancías. Poco después, en el antiguo Egipto las cosechas se centralizaban en almacenes estatales y los lotes de grano se utilizaban para pagar deudas o impuestos.

Por entonces, las semillas y especias o el ganado servían como moneda de trueque. Luego, se impusieron el oro, la plata y el cobre como medios de pago. Años más tarde, en la Antigua Grecia y el Imperio Romano, se constituyeron los bancos públicos, que eran administrados por funcionarios que además de otorgar préstamos, aceptaban depósitos y cambiaban dinero.

Pero la banca privada, tal como la conocemos hoy, tuvo sus inicios en las ciudades del norte de Italia: Florencia, Venecia y Génova. Todo ocurrió a principios del Renacimiento, cuando el sistema mercantilista creó la necesidad de almacenar en forma segura el oro y los metales preciosos que eran robados de las nuevas colonias del mundo. El mercantilismo planteaba que su atesoramiento era la gran clave de la prosperidad de los países. Y fue con esa premisa que las familias más adineradas, como los Medici, vieron una gran oportunidad y le ofrecieron sus servicios de custodia a otros ricos europeos.

Durante el siglo XV, el Banco Medici se convirtió en el más grande y de mayor reputación en Europa. Incluso, gracias a ello, la familia llegó a ser la más rica del continente. Aún hoy es difícil estimar la fortuna que lograron generar. La creación de su banco le permitió a los Medici ejercer su influencia más allá de las fronteras italianas. Pero por sobre todas las cosas, esta institución financiera revolucionó el ejercicio de la banca al crear el sistema de contabilidad doble, separando en sus libros los créditos y los débitos, o, dicho de otro modo, los depósitos y retiros. El siguiente gran paso fue el nacimiento de los bancos centrales que surgieron como mediadores financieros de los bancos privados.

El siglo XX también trajo aparejados cambios importantes en la actividad bancaria. El desarrollo de las telecomunicaciones y la informática permitió que los bancos ampliaran su alcance geográfico y estuvieran cada vez más presentes en la vida de las personas. Fue cuando el dinero se digitalizó y surgieron las tarjetas de crédito modernas y los cajeros automáticos. A esto le siguió el nacimiento de la banca telefónica y, junto con el internet, la banca digital que le permitió a todos los usuarios tener pleno acceso a su información y a la transaccionalidad. La historia parecía seguir su curso sin sobresaltos hasta que las crisis financieras que se fueron desatando en los diferentes países a partir de los años 2000 generaron quiebras bancarias y alteraciones del sistema económico mundial.

En la historia de la humanidad, hubo muchas personas que supieron ver oportunidades aún en las peores crisis. Y eso sucedió con el surgimiento de las hoy tan conocidas criptomonedas. En la actualidad, hay más de 8400 diferentes. Pero primero, antes de meternos en su nacimiento es necesario definir este concepto tan revolucionario y controversial a la vez.

Una criptomoneda es un medio digital de intercambio que utiliza criptografía fuerte (algoritmos cifrados y encriptados) para asegurar las transacciones, controlar la creación de unidades adicionales y verificar la transferencia de activos usando tecnologías de registro distribuido. De esta forma, son un tipo de divisa alternativa o moneda digital. El control de cada moneda funciona a través de una base de datos descentralizada, usualmente una cadena de bloques -conocido como blockchain en inglés-, que sirve como una base de datos de transacciones financieras pública.

La tecnología blockchain suele asociarse exclusivamente con el Bitcoin y otras criptomonedas, pero este es solo uno de sus usos - actualmente está siendo utilizada en sistemas de salud y en el Internet de las Cosas (IoT)-.  Esta técnica nació en 1991 y es un registro único, consensuado y distribuido en varios nodos de una red.

Cada bloque tiene un lugar específico e inamovible dentro de la cadena al contener información del bloque anterior. La cadena completa se guarda en cada nodo de la red que conforma la blockchain y de esta forma, se almacena una copia exacta en todos los participantes de la red. Esto es lo que lo vuelve una tecnología segura al garantizar la disponibilidad de la información en todo momento. Por lo tanto, en caso de que alguien quisiera hackear el servicio, debería anular todos los nodos de la red al mismo tiempo. De lo contrario, sería imposible: basta con que al menos uno esté operativo para que la información esté disponible. Por otra parte, como cada bloque está matemáticamente vinculado al siguiente, una vez que se añade un nuevo eslabón a la cadena, el mismo se vuelve inalterable.  Esto hace que toda la información registrada en los bloques sea inmutable y perpetua. De esta forma, blockchain funciona como un escribano que certifica y valida cualquier tipo de información.

Lo cierto es que este tipo de tecnología había pasado casi desapercibida hasta que, en 2009, tras la crisis financiera que atacó a Estados Unidos y al mundo, una persona cuya identidad aún es secreta, pero que se hace llamar Satoshi Nakamoto creó la primera criptomoneda: el Bitcoin. De esta forma, Blockchain se convirtió en la gran ‘matrix’ de esta naciente moneda. Nakamoto quería crear una nueva forma de pago que se pudiera utilizar internacionalmente, que fuera descentralizada y no tuviera a ninguna entidad financiera detrás que la controlara. Y en eso radica entonces la principal diferencia de las criptomonedas: no hay intermediarios y las operaciones van directamente del comprador al vendedor. Su popularidad y su valor fueron subiendo de a poco hasta que a mediados de 2019 dio el gran salto: pasó de 3.000 a 11.000 dólares. Hoy ya cotiza a más de 60.000.

Tal fue el crecimiento del negocio de las criptomonedas que dos grandes empresas han desarrollado su propia versión. Se trata de Kodak y Facebook, quienes crearon el KodakCoin y el Libra respectivamente. La gran popularidad de estas monedas digitales no está exenta de controversias: hay un gran debate respecto a si las criptomonedas deben o no ser monedas reguladas por los bancos centrales o alguna otra entidad. De hecho, en algunos países están prohibidas legalmente y otros permiten su uso, pero no las consideran legales y advierten a los usuarios por su supuesta volatilidad e inseguridad.

Como dice el dicho, si no puedes con el enemigo, únete a él. Si las empresas privadas ya vieron la oportunidad de meterse en un negocio que se plantea como la gran novedad del siglo XXI, ¿Existe la posibilidad de que los Estados en un futuro no muy lejano también ingresen a este sistema y emitan sus propias criptomonedas? Esto acompañaría el movimiento de la digitalización de la economía popular que se viene dando en los últimos años con la bancarización de todos los sectores de la sociedad. Sin dudas, es una temática que merece más desarrollo en una próxima nota, pero podemos afirmar que sus consecuencias serían muy importantes para la política y la economía mundial.

Lo cierto es que llegamos al final de este recorrido de casi cuatro mil años. Aquel viaje que empezó por Oriente hoy en día ya no conoce de países ni fronteras gracias a la transnacionalización de las economías. Parece que los papeles de colores y las tarjetas de plástico darán paso a las aplicaciones móviles y las transacciones virtuales. Los intermediarios serán cada vez más prescindibles. ¿Cuánto faltará para que los grandes edificios de los bancos desaparezcan? El mundo y la historia nos demuestran que lo que consideramos certero nunca es irrebatible y que las crisis son las grandes generadoras de los cambios. Sin embargo, si de algo estamos seguros es que a corto plazo ya nada será como antes.

*CP UBA. Socio de Estudio Sabha y Asociados y Presidente de Gestión Compañía de Seguros 

 

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