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protestas globales

La crisis de la democracia representativa

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Bolivia. La mitad del país reclama por un escrutinio dudoso y salió a las calles. | AP

La democracia está en crisis por la extensión y profundización de la revolución de las comunicaciones. En esta columna hemos hablado acerca del tema desde hace años, y hemos sugerido una bibliografía que ayuda a entender el tema. Desgraciadamente, los círculos intelectuales de América Latina siguen discutiendo los textos de dos intelectuales de la época de la Primera Guerra Mundial, Antonio Gramsci y Max Weber, que no ayudan a comprender la aparición de la política horizontal y la segunda revolución industrial asociada a internet, los ordenadores, la robótica y la impresión 3D. Es imposible entender lo que ocurre en nuestros días con categorías de hace cien años.

Estas semanas se desató en el mundo una ola de rebeliones que parecerían sincronizadas por alguien o impulsadas por alguna teoría. En América Latina algunos políticos creen que es un plan orquestado por Maduro y Cuba, cosa que parece poco probable. La isla socialista no es la potencia que intervenía militarmente en Africa y armaba guerrillas en el continente con el respaldo político y económico de la Unión Soviética, y Maduro es un narco gobernante marginal que no tiene recursos ni para llevar a su país comida y medicinas, menos con la fuerza y la inteligencia necesarias para armar un plan subversivo continental.

En Ecuador se produjo una sublevación indígena cuando el gobierno quitó el subsidio a la nafta y al diésel. Detrás de ella se agazaparon cientos de personas y pymes de la revuelta, cada una con sus propios propósitos. Desde organizaciones ecologistas que exigían que bajara el precio de los derivados del petróleo para incentivar su consumo, hasta grupos de marginales de todo tipo que aprovecharon la oportunidad para robar y saquear. En las urbanizaciones que rodean Quito aparecieron bandas de asaltantes enmascarados que pretendían saquearlas o cobrar un rescate por no hacerlo.

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Ecuador limita con la zona de Colombia en que fue fuerte la guerrilla, en donde existen decenas de miles de “desmovilizados” que nacieron y vivieron en las zonas liberadas y solo saben trabajar para narcotraficantes, secuestrar y matar. Es difícil que, gracias al acuerdo de paz, organicen una cadena de heladerías. Al caotizarse Ecuador vieron una buena oportunidad de trabajo que nada tenía que ver con la izquierda.

Entre los enmascarados armados que proliferaron, algunos hablaban con dialecto venezolano. Probablemente eran parte de los cientos de miles de venezolanos en situación de extrema miseria que se han asilado en Ecuador y no partidarios enviados por Maduro con alguna consigna.

El caso ecuatoriano sirve para analizar el comportamiento que se ha reproducido en los demás lugares: destrucción de un centro colonial del siglo XVI, ataque sistemático a la “prensa burguesa que no nos interesa”. Los contestatarios secuestraron a 15 periodistas y al de Teleamazonas le rompieron la cabeza a pedradas. No hubo ningún dirigente o partido que encabezara las manifestaciones que fueron semejantes a las que derribaron a otros tres presidentes, y fueron protagonizadas por muchísima gente que se comunicaba entre sí directamente.

Por su parte, el gobierno no tiene estrategia y cometió innumerables equivocaciones pero las leyendas que se inventaron para respaldar a los alzados fueron casi cómicas para quienes conocemos el país. Finalmente, Lenín Moreno derogó el alza de combustibles aunque había anunciado que no lo haría jamás.Los alzados pertenecían a muchos grupos de todo tipo, desde delincuentes comunes hasta personas que creen en algo, o simples revoltosos. Solo tenían en común la hostilidad al sistema, el celular e internet.

Algo semejante pasa con la movilización que conmueve a Chile. De pronto cae en el caos un país que parecía ordenado, con un crecimiento económico constante y una democracia sana. El pretexto que sirvió para incendiar muchas ciudades que ni siquiera tienen ese servicio fue el alza de cinco centavos de dólar en el boleto del subterráneo. El viernes casi 2 millones de personas salieron en todo el país a las calles para manifestarse en contra del gobierno y rechazar las medidas improvisadas para detener el caos. Inicialmente, Piñera declaró la guerra a actores imaginarios, sacó al ejército a las calles, para terminar derogando las medidas en pocos días.

Los partidos y los sindicatos no encabezan nada. Es una rebelión que se prende en cualquier momento, en cualquier lado, por cualquier causa, y se apaga también de manera imprevista. Muchos creíamos que Chile era un país con una democracia sana en la que se practicaba la alternabilidad.  Nos enteramos de pronto que era mentira. Que el problema son los treinta años de democracia, como si hubiese gobernado el mismo partido y todos los que rechazan lo sucedido no hubiesen podido participar en los comicios. Los manifestantes solo tienen en común la hostilidad al sistema, el celular e internet.

Haití está sumido en el caos. Los haitianos quieren destituir al presidente Jovenel Moïse acusándolo de corrupción, arrogancia, promesas incumplidas y mentiras sistemáticas. Lo que todos repiten es “Kot kòb PetroCaribe a?”, ¿en dónde está el dinero de Petrocaribe? La petrolera estatal recibió 4.300 millones de dólares de Venezuela que aparentemente fueron a los bolsillos de los gobernantes. El escándalo se agudizó después de que alguien filtró información cuando Moïse votó este año en la OEA en contra del régimen de Nicolás Maduro. Nuevamente, las movilizaciones no cesan, son caóticas, no hay una cabeza que las comande, lo que tienen en común son los celulares e internet.

Contrariando la relación entre economía y estabilidad política, el Perú crece desde el gobierno de Alberto Fujimori a un ritmo sostenido. Todos los que ocuparon la Casa de Pizarro terminaron presos o muertos, terminaron sus mandatos en medio de tumultos y hundidos en una extrema impopularidad. Las revueltas han sido difíciles de controlar en un país en el que la economía próspera convive con el extremo desequilibrio político. En un último episodio, el presidente Martín Vizcarra decretó la disolución del Congreso y llamó a elecciones parlamentarias. El Congreso suspendió al presidente por 12 meses por “incapacidad temporal” y designó presidente previsional a Mercedes Aráoz, que renunció casi de inmediato.

En Bolivia, Evo Morales, que ya perdió una consulta acerca de la reelección, se proclamó presidente electo después de un escrutinio a todas luces sospechoso, rechazado por la comunidad internacional. Las calles del país están tomadas por una multitud que pide que haya segunda vuelta.

En México, las fuerzas federales apresaron por una pocas horas a Ovidio Guzmán López, hijo del Chapo Guzmán, uno de los narcotraficantes más importantes del mundo. Se generó una movilización masiva de integrantes del cartel, dirigidos por su medio hermano Iván Archivaldo Guzmán que bloquearon los accesos y salidas de la ciudad de Culiacán. Los encapuchados sembraron el caos en la ciudad disparando repetidamente y provocando explosiones. Los hombres del cartel de Sinaloa atacaron cuatro municipios más y rodearon a las tropas que habían capturado a Ovidio. Fue tan enorme el operativo militar de los narcotraficantes que las autoridades decidieron retirarse, dejando en libertad a los hijos del Chapo.  

En esta ocasión, no fue la movilización de grupos populares, sino el uso de la tecnología por parte de una organización delincuencial, el que puso en jaque la autoridad del gobierno mexicano. México es un país enorme con mucha riqueza y heterogeneidad que puede ser pasto fácil de esta nueva etapa de anarquización de la política.

La crisis no está solo en la región. En todos lados se prenden protestas incontrolables originadas en algo que puede o no ser importante, pero incendian los países. En el Líbano el gobierno quiso cobrar las llamadas que se hacen por la red y una sublevación popular lo obligó a derogar la medida. En Francia, Macron tuvo que derogar sus medidas económicas después de sufrir el asedio de los chalecos amarillos, que incendiaron el país. Su interlocutor no fue la Confederación Nacional del Trabajo ni el Partido Comunista, como habría ocurrido en otros tiempos, sino grupos inorgánicos de rebeldes, sin ideología ni liderazgos importantes.

En Hong Kong, China tuvo que claudicar y derogó la ley de extradición después de semanas de movilizaciones de la gente. Las protestas salvajes de Cataluña han destruido la economía de la otrora próspera autonomía, que se hunde en la crisis por decisiones sentimentales de multitudes sin un liderazgo que pueda analizar racionalmente el problema. Otro tanto ocurrió con el plebiscito por el Brexit, que sacó al Reino Unido de la Comunidad Europea, con la opinión en contra de las principales élites del país y solo traerá penurias a los británicos en general y a los pobres en particular.

Parecería que las manifestaciones que se ven en la película “El Guasón” explican mejor la anarquía que se ha desatado en el mundo que las teorías de los cientistas políticos.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.